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La historia de Tejidos Julián López desde que llegó a Zaragoza en 1978: "Pasión por el trabajo, amor por las telas y respeto al cliente"

Frases simples como “La tienda de las telas”, “Telas buenas” o “Las telas más bonitas del mundo” resumen la calidad, especialización y cuidado por cada detalle, esencia de lo que siempre ha ofrecido

Interior de la tienda de Julián López en Zaragoza

Interior de la tienda de Julián López en Zaragoza / JAVIER RÍO

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Zaragoza

La historia de la tienda Tejidos Julián López comenzó en Valencia en los años 50, con la visión de un pequeño empresario que apostó por el trabajo discreto y constante. “Julián López era la típica persona discreta, que empezó vendiendo telas en el mercado y decidida a montar su propia tienda. Era un emprendedor humilde, incansable, con una implicación total en lo que hacía”, resume Javier Tarazona, responsable de comunicación en Zaragoza.

Ese espíritu de dedicación ha marcado a quienes han trabajado en la tienda desde entonces. “Mi padre, que fue una de las personas de confianza del fundador, abría tiendas y se involucraba hasta en los detalles más pequeños. Esa vocación se mantiene hoy, con pasión por el trabajo, amor por las telas y respeto por el cliente”, recuerda Tarazona, quien llegó a Zaragoza junto a su progenitor, trabajador y persona de confianza de Julián López. Él fue el encargado de abrir el negocio tanto en Zaragoza como en otras ubicaciones en España. Esta sigue siendo una empresa familiar, que va ya por su tercera generación, siempre manteniendo un perfil discreto fiel a la esencial familar.

Al entrar en Julián López: "Los clientes siempre encuentran algo más que telas. Reciben un trato personal excelente, un punto diferencial que sigue vigente". apostilla. Además, disponen de una variedad enorme de telas de la mejor calidad. “La empresa siempre ha seleccionado con mimo su mercancia en mercados, por ejemplo, de Italia, India o Reino Unido. Esa dedicación sigue intacta hoy”, añade.

Imagen de las telas que aún están disponibles en la tienda de la calle Alfonso.

Imagen de las telas que aún están disponibles en la tienda de la calle Alfonso. / JAVIER RIO

La sencillez también ha formado parte de su filosofía. La tienda maneja varios eslóganes, todos breves pero significativos: “La tienda de las telas”, “Telas buenas”, “Las telas más bonitas del mundo”. Palabras simples que resumen la esencia de lo que siempre ha ofrecido: calidad, especialización y cuidado por cada detalle.

Con medio siglo de historia, Julián López ha vestido a toda una ciudad. “Ha evolucionado el tipo de cliente. Antes se compraba más tela al corte. Ahora, más confección. También se ha ampliado el catálogo, con ropa de hogar y toallas de una marca propia, entre otros productos. En Valencia, con varias plantas, el surtido es enorme y cada temporada mueve a muchísima gente”, relata.

El perfil de la clientela también ha cambiado. Ahora se han incorporado nuevos diseñadores y jóvenes emprendedores de moda, que encuentran en la tienda telas únicas para sus proyectos: “Aunque la clientela de modistas ha disminuido, se renueva constantemente con talento local y nuevas tendencias”. De hecho, en Madrid son numerosos los diseñadores que han confiado en sus telas para confeccionar los diseños.

Su llegada a Zaragoza

Sobre la llegada a Zaragoza, Tarazona recuerda que fue un proceso marcado por la cercanía familiar: “Yo era un niño cuando abrimos aquí en 1978. Fue de las primeras tiendas fuera de la Comunidad Valenciana. La ciudad nos acogió fenomenal. Zaragoza nos hizo sentir como en casa, y, a lo largo de los años, la tienda ha mantenido esa relación con sus clientes. En estos años se han multiplicado las historias, incluso un pequeño incendio, pero nada que alterara la estabilidad de la tienda. Todo ha sido más bien continuidad, cariño y confianza mutua”.

Así, la historia de Julián López combina nostalgia, tradición y un amor constante por las telas, por los clientes y por el oficio. Una historia de pequeñas decisiones, de trabajo constante y de pasión familiar que ha marcado generaciones.

Desde el escaparate de Julián López, la calle Alfonso ha sido durante décadas una especie de mirador privilegiado del pulso de Zaragoza. Por delante han pasado generaciones enteras y millones de turistas. La tienda de telas se ha mantenido firme a pesar del paso del tiempo, viendo cómo el centro de la ciudad evolucionaba y el paisaje urbano se transformaba. A partir del próximo lunes 13 de abril cambiará el escenario, pero su esencia será la de siempre.

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