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Cerca de 20 personas sin hogar duermen en la plaza San Bruno de Zaragoza: "Pasamos frío, vergüenza y de todo"

Cuatro personas sin hogar que duermen al raso comparten que han dormido en distintos puntos de la ciudad y que ahora emplean distintos recursos que ofrece la ciudad como el comedor del Carmen, el Albergue o Casa Abierta

Fousseny Diaby, este martes en la plaza San Bruno de Zaragoza, donde duerme.

Fousseny Diaby, este martes en la plaza San Bruno de Zaragoza, donde duerme. / Miguel Ángel Gracia

Zaragoza

Una manta descansa sobre otras tantas. A su lado está Fousseny Diaby. Utiliza alguna de ellas para dormir, aunque no consigue combatir del todo el frío. El resto son de otros compañeros. El joven, que con su francés natal y el escaso español que conoce comparte que tiene 27 años, explica que son varias las personas duermen en la plaza San Bruno de Zaragoza desde hace semanas. Antes lo hacían a orillas del Ebro, pero la crecida del río en febrero, que fue acompañada de una petición de la Policía Local de que desalojaran la zona por su seguridad, les obligó a desplazarse. Ahora, los porches les protegen de la lluvia. Solo de la lluvia. "Pasamos frío, vergüenza y de todo", relata otro de los hombres que pernocta en la zona, en su caso desde hace cerca de tres meses. Según explica Elisa Torres, responsable de Salud de Cruz Roja, en la zona duermen entre 15 y 20 personas.

"Antes dormía abajo, cerca del río", cuenta Fousseny desde la plaza San Bruno. Explica que llegó allí justo con el comienzo del Ramadán, el 17 de febrero. La fecha coincidió con la crecida del Ebro. "La Policía nos dijo que al día siguiente vendría mucha agua y que saliéramos", indica. Y así lo hizo. Sus noches ahora, en el casco antiguo de la ciudad, son mejores que a orillas del río. Pero son todavía muy frías. "Luego ya llegará el calor", apunta, y añade: "Unas veces una cosa, otras, otra…".

Fousseny cuenta que, hasta hace poco, acudía a comer al Albergue Municipal de Zaragoza. "Ahora voy al Carmen con una tarjeta", relata en su lengua natal, el francés, mientras muestra la ficha que le permite acceder a este comedor social. En Zaragoza no tiene familia y está solo en la ciudad.

Similar es la situación de Dariusz Witowsky, un hombre polaco que descansa sobre un banco de la plaza San Bruno junto a su muleta. Con un perfecto acento británico, comparte que tiene 53 años -"Nací antes de Navidad, el 23 de diciembre de 1972", dice- y que durante "cinco o seis" ha dormido al raso. "He pasado muchos años en la calle", expone. En Zaragoza se siente afortunado porque, según indica, primero durmió en el Albergue y ahora lo hace en Casa Abierta. "Tengo mucha suerte. Antes no tenía hogar", expresa.

Recostado en el banco por su lesión en la rodilla, además de otras dolencias que indica que tiene en la cadera, Dariusz ahonda en su historia personal. "Les dije a mis padres que cuando tuviera 17 o 18 años me querría ir de Polonia", recuerda. Se marchó a Sheffield, Inglaterra, donde vivió durante 25 años. Relata que estudió en la universidad y después ejerció como chef. Como no tenía mucho dinero, sus padres invirtieron en que aprendiera el idioma. "El ayuntamiento me dio un piso. Tenía dos habitaciones. En la segunda planta había un baño, y en la de primera estaba la cocina y el salón", detalla.

Dariusz recuerda que en 2004 se marchó a Dublín (Irlanda), y menciona en repetidas ocasiones la calle O'Connell, la principal de la ciudad. Allí, afirma, trabajaba 40 horas a la semana y ganaba 250 euros a la semana como cocinero. "Me encanta cocinar. Ahora, en el Albergue, no podía cocinar para mí", lamenta. "Los viernes, sábado y domingo eran muy ajetreados", señala.

Después de Dublín, la vida de Dariusz cambió. Su relación con su mujer terminó después de 12 años juntos, y no tiene relación con ninguna de sus dos hijas, ambas ya mayores de edad. "Las quiero mucho. La última vez que las vi fue hace un par de años. Las echo de menos", expresa mientras unas lágrimas le empiezan a caer por los ojos. "Solo quiero verlas", subraya, y reconoce que estar sin ellas le resulta "muy duro". "Las he perdido. He perdido todo. Mi familia, mis hijas…", lamenta. Antes de llegar a Zaragoza, Dariusz estuvo en Barcelona y también en Tarragona. "Fue por estar sin nadie por lo que vine aquí, a Zaragoza", comparte.

Dariusz repite que es "muy afortunado". Pone en valor la atención que recibe en Casa Abierta, donde recibe medicación para sus dolencias en la rodilla, que se rompió y le llevó a estar ingresado varios meses en un hospital de Sheffield, en la cadera y en el estómago. Este martes por la mañana, Dariusz descansa sobre un banco de la plaza San Bruno. Momentos antes, otra mujer que hasta hace pocos días pasaba las noches en la zona de El Trovador le saluda.

Ella, que prefiere no dar su nombre, durmió desde agosto hasta diciembre en el parque Bruil. El consistorio valló la zona verde aquel mes, algo que considera "normal" por la cantidad de personas que había. También pasó un tiempo a orillas del Ebro, donde tuvo un gran conflicto con un hombre que llevó a las fuerzas de seguridad a actuar. Desde este lunes y durante seis noches, tiene una plaza en el Albergue. "Voy a luchar por quedarme más", indica. Allí la atienden bien. Y está cansada de vagar de un lado a otro de la ciudad.

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