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El negocio de toda la vida aguanta el tirón en la calle Alfonso de Zaragoza: “Hay que convivir con las franquicias”

El negocio de toda la vida convive con las franqucias en la calle Alfonso de Zaragoza

Javier Río

Zaragoza

La calle Alfonso I sigue siendo uno de los grandes escaparates comerciales de Zaragoza. Por ella pasa a diario un incesante trasiego de vecinos, turistas y visitantes que convierten esta arteria en una de las más transitadas de la ciudad. Sin embargo, su imagen ha cambiado mucho en los últimos años. El traslado de Tejidos Julián López a la calle Candalija deja un poco más huérfana esta vía emblemática y abre la puerta a la llegada de una nueva franquicia, Pepco, que en breve espacio de tiempo ocupará su lugar.

Es una escena que se repite desde hace tiempo. Donde antes resistían nombres históricos del comercio zaragozano como Derby, La Campana de Oro, Gay o El Mañico, ahora ganan presencia escaparates mucho más reconocibles a nivel nacional e internacional: Manolo Bakes, Ale-Hop, Flying Tiger, Desigual, Misako, La Casa de las Carcasas o Druni.

La transformación es evidente, aunque quienes mantienen abiertos los negocios de toda la vida en esta céntrica calle no lo ven necesariamente como una amenaza, sino como una evolución del comercio urbano. La clave, coinciden, está en saber convivir.

Isabel, al frente de Bellostas, lo resume con naturalidad: “No es ni mejor ni peor. Es diferente”. Para ella, uno de los grandes retos del pequeño comercio está en el relevo generacional. “Hay un hándicap, que es que si los hijos no quieren seguir con el negocio, es más difícil que continúe”, explica.

Imagen del escaparate de la tienda Bellostas.

Imagen del escaparate de la tienda Bellostas. / JAVIER RIO

Pese a ello, se muestra optimista sobre el futuro de la calle: “Como la calle Alfonso no hay otra. Todo el que viene a Zaragoza pasa por aquí y por Don Jaime. Público y clientes no nos fallan”, señala. De hecho, considera que la llegada de franquicias es también un síntoma de la fortaleza comercial de la zona. “Vienen porque se vende y porque es un negocio estar aquí”.

Bellostas es un ejemplo de adaptación al paso del tiempo. Sus 150 años de historia son también la historia de cómo ha cambiado el comercio en la ciudad. “Empezamos siendo una mercería, con novedades de París y Berlín. Luego fuimos cambiando a bolsos y artículos de piel, y después llegaron los souvenirs, los trajes tradicionales, los abanicos o la bisutería”, recuerda.

Para Isabel, la convivencia entre modelos comerciales no solo es posible, sino necesaria. “A la gente joven le gusta. Tenemos que estar mezclados. En todas las ciudades pasa lo mismo. Desaparecen comercios antiguos y llegan nuevos. Hay que convivir con las franquicias”.

Una visión similar comparte Santiago, de La Parisien, quien asume la expansión de las cadenas como una realidad difícil de frenar. “Es inevitable, es lo que está hoy en boga, y al final en todas las ciudades ves los mismos comercios”, afirma.

Lejos de resignarse, defiende el papel del comercio tradicional como un espacio especializado. “Cada comercio tradicional que queda es cada vez más fuerte. Somos nichos de mercado y nos mantenemos bien”, explica.

El escapate de La Parisien.

El escapate de La Parisien. / JAVIER RIO

Además, destaca el buen comportamiento de las ventas, impulsadas en parte por el turismo y por la actividad que vive la ciudad. “Siempre viene gente. Incluso en enero y febrero, que suele haber bajón, este año ha habido mucho movimiento. Imagino que ayudan los eventos que se organizan”, añade.

Santiago recuerda que el pequeño comercio ya ha tenido que superar otros desafíos, como la irrupción de las compras por internet. “Hay que convivir con las franquicias, igual que cuando llegó el comercio electrónico. Nos buscamos la vida como podemos”.

Algo más crítico se muestra Domingo, propietario de Martin's Joyeros, quien reivindica el valor del trato personal como la gran diferencia frente a las cadenas. “A los que llevamos muchos años en la calle Alfonso nos gusta el negocio tradicional, el de toda la vida”, subraya.

Para él, la esencia está en la relación con el cliente. “Nos gusta atenderlo lo mejor posible, cuidarlo, mimarlo, ser un poco familia”. Una filosofía que, a su juicio, contrasta con el funcionamiento de muchas franquicias. “Entras por la puerta, no te atienden. Si te gusta lo compras y si no, al siguiente”.

Domingo lamenta la pérdida progresiva de ese comercio cercano que durante décadas definió la personalidad de la calle Alfonso: “El comercio tradicional va a menos y la franquicia va a más, por gastos, por complejidad y por diferentes situaciones”, señala.

Escaparate de Martin's Joyeros.

Escaparate de Martin's Joyeros. / JAVIER RIO

Aun así, cree que mantener variedad es fundamental para seguir atrayendo público. “Nos interesaría que hubiese más comercio tradicional, aunque fuese del mismo sector. Al final, si hay mucha oferta, la gente viene. Si no, la clientela se va a otro sitio”.

Entre la nostalgia por lo que fue y la adaptación a los nuevos tiempos, la calle Alfonso sigue latiendo como el gran eje comercial del centro de Zaragoza. Las franquicias avanzan, sí, pero hay negocios de toda la vida que continúan resistiendo, apoyados en la cercanía, la especialización y la fidelidad de una clientela que sigue valorando el trato de siempre.

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