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Mapi Casas, trabajadora del Parque de Atracciones a cargo del Río Navajo y otras atracciones: "Siempre quise ser la bruja del tren"

Con 47 años, Mapi Casas recuerda con cariño sus visitas en la infancia en el Parque de Atracciones, donde ahora trabaja y ha visto crecer a varias generaciones de zaragozanos, además de ser payaso de hospital

Mapi, trabajadora del Parque de Atracciones durante 25 años

El Periódico de Aragón

Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Su cara quizá les suene. Mapi Casas lleva 25 años en el Parque de Atracciones, un recinto del que habla con un cariño enorme pese a tratarse de su lugar de trabajo. Aquí ha hecho de todo, aunque una de las atracciones en las que más años ha estado como controladora es el Río Navajo, de ahí que la hayan podido ver comprobando la estatura de los menores que querían acceder a los rápidos o accionando las puertas de salida. "Siempre quise ser la bruja del tren y también lo conseguí", ríe ahora.

En estos momentos, reconoce estar preocupada por el futuro del parque, con un erte encima de la mesa y sin que las instalaciones hayan abierto todavía sus puertas al público general. "Es triste, sobre todo, porque se ha dejado a muchos niños sin poder disfrutar", cuenta Mapi, que reúne varios méritos para aparecer en estas líneas. Y es que además de llevar 25 años manejando alguna de las atracciones más icónicas del parque, Casas es campeona de Aragón de dardos, payaso de hospital, peñista convencida, está restaurando un belén y está recopilando sus memorias en un álbum de fotos y recuerdos. "Tengo guardadas pulseras antiguas del parque", cuenta.

Mapi ataviada como bruja del tren de la bruja.

Mapi ataviada como bruja del tren de la bruja. / SERVICIO ESPECIAL

Mapi casas tiene ahora 47 años y hablar con ella es hacerlo con una mujer ilusionada con su trabajo y sus aficiones. Ella, como trabajadora, es una de las mayores fans de este recinto y ya de pequeña fantaseaba con poder trabajar en las instalaciones. "No pude venir mucho porque mi familia no tenía mucho dinero, pero tengo recuerdos muy bonitos en el parque", explica. Eso sí, entonces imaginaba que para poder trabajar en las atracciones iba a necesitar aprobar primero una oposición "o algo" al tratarse al final de un equipamiento que depende del ayuntamiento.

Esta zaragozana recuerda que entró a trabajar en el parque en mayo, en época de comuniones, después de haber visto un anuncio de ofertas de empleo en el periódico. Eso fue en 2001 y primero trabajó como animadora infantil dado que había estudiado una FP de educación infantil y que le "encantan" los niños. "Lo que más me gusta y lo más bonito es poder sacarles una sonrisa", reconoce. "Hay familias que vienen todos los años y que nos conocen. Cuando nos ven vienen corriendo a darnos un abrazo", añade.

El tren de la bruja y el gusano del amor

Después ha estado también como bruja en el tren de la bruja, donde explica que hay que tener mucho cuidado para no asustar demasiado a los niños porque hay padres que se pasan de protectores. En el Río Navajo ha estado 11 años y también ha manejado otras atracciones que ya no existen como el Gusano del amor. Dado su carácter alegre, además, ha sido ella quien ha propuesto algunos eventos que después se han consolidado en la agenda del parque, como Halloween.

Las atracciones más difíciles de manejar, explica, son la montaña rusa Moncayo "porque se frena manualmente, así que hay que tener mucha fuerza" y las más icónicas, como el Revolution y la V. Durante estos 25 años ha visto crecer a varias generaciones de zaragozanos. "Ha habido gente que la he visto saltando en las colchonetas y que al tiempo ha venido con sus hijos. Siempre me ha parecido chocante", afirma la mujer. Otra de las cuestiones más complicadas de su trabajo es lidiar con los menores que pretenden colarse en las atracciones a pesar de no llegar a la altura mínima. "Algunos insisten mucho pero es muy importante por seguridad", afirma.

Mapi Casas al frente del Río Navajo.

Mapi Casas al frente del Río Navajo. / SERVICIO ESPECIAL

Mapi Casas se conoce todos los rincones del recinto y recuerda con cariño los que ya no están, como la sala de los espejos que deformaban el cuerpo, pero esta es tan solo una de sus facetas. En 2005, con el objetivo de desestresarse, comenzó a jugar a los dardos y desde entonces ha conseguido proclamarse campeona de Aragón en dos ocasiones. También quedó tercera de España con la selección.

Ahora sigue jugando pero para calmar su cabeza, que con la incertidumbre del parque sobrepiensa demasiado, está ayudando a restaurar un belén en el colegio de Salesianos. "Necesito hacer cosas porque si no tengo ansiedad y duermo mal", dice. Su familia, cuenta, siempre ha sido "muy de la Iglesia" y con esta labor recuerda también a su madre, fallecida hace cuatro años y a la que menciona en varias ocasiones a lo largo de la entrevista.

Payaso de hospital

Fue precisamente la enfermedad de su madre la que la llevó, en 2019, a dejar otra de sus pasiones: ser payaso de hospital. Iba a las habitaciones para animar a los niños y estos "alucinaban". "Quiero volver pero me sigue costando entrar a un hospital", cuenta algo apenada pero sin perder la sonrisa que le caracteriza.

A lo largo de su vida, Casas ha sido también monitora de patinaje y de fútbol y aún tiene tiempo para más: es de la peña Pa'Cutio, donde participa activamente en todas las actividades que puede, y además juega en las ligas de dardos de las peñas Los Chachos y El Rolladero. Pocas zaragozanas y pocos zaragozanos podrán presumir de ser tan zaragozanos como ella.

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