Entre 'humor amarillo', copas y cenas temáticas, el sector de las despedidas reclama su espacio: "Al final no nos van a dejar trabajar".
El sector de las despedidas de soltero en Zaragoza se ha consolidado como un punto de encuentro nacional, atrayendo a visitantes de ciudades como Barcelona o Madrid, y generando un impacto económico directo

Un grupo de visitantes celebra una despedida de soltero en un restaurante cerrado para la ocasión. / El Periódico de Aragón

Los grupos de jóvenes celebrando despedidas de soltero en Zaragoza son cada vez más habituales. Los integrantes de estas reuniones, que llevan varios años en auge, se reúnen en los bares del Tubo vestidos con camisetas de lemas jocosos, consumiendo en grupo y tratando de animar a las personas que pasan por la zona. Un ambiente que preocupa a los hosteleros por las molestias que supone para los vecinos y el resto de clientes. Por eso han iniciado una campaña pidiendo respeto y han reclamado más presencia policial para evitar incidentes. Sin embargo, esta es solo una cara visible de todo lo que implica un sector con varias empresas gestionando reservas, un notable ecosistema de negocios asociados a este ocio que se han desplazado a las afueras de Zaragoza y un gran dinamismo económico.
La gerente de la firma Pausa Eventos y Limusinas, Natalia Sora, señala que ante la reciente polémica por la convivencia en el Tubo defiende que el respeto «debe ser mutuo» y destaca el motor económico que este sector supone para la ciudad, con al menos tres empresas locales dedicadas a coordinar todo tipo de propuestas de ocio. «El respeto es para todos los grupos de personas, no solo para las despedidas, por ejemplo hay grupos que vienen vestidos de calle y ni siquiera sabes que celebran una despedida, pues al final, son personas que vienen a pasárselo bien», indica.

Una de las actividades de ocio que se ofertan en los paquetes de despedidas. / El Periódico de Aragón
Para la gerente de Pausa Eventos, el problema no es el motivo de la celebración, sino el comportamiento individual. «Cualquier grupo de personas puede generar malestar en un espacio público, no tiene por qué ser una despedida. Lo que ocurre es que, si llevan el sello de despedida, el enfoque y la crítica siempre son mayores», asegura. De hecho, en el pasado ya se han enfrentado a polémicas como la prohibición de las charangas, cuando se consideró que afectaban enormemente a la convivencia suponiendo un «roto importante» a la facturación en su día.
Sin embargo, pese a la opinión generalizada, la situación en Zaragoza es muy diferente. La ciudad se ha consolidado como un punto de encuentro clave en el mapa nacional. «Viene muchísima gente de Barcelona, Madrid, Lérida o de Logroño porque somos una ciudad estratégica en la que los grupos de amistades se juntan aquí porque les pilla a mitad de camino», explica Sora tras más de quince años trabajando en la organización de este tipo de eventos.
«Un gasto constante»
Este flujo de visitantes tiene un impacto directo en la economía local con una gran ocupación hotelera en la que los grupos garantizan reservas de dos noches cada fin de semana. También favorecen «un gasto constante» en desayunos, comidas, cenas y bares de copas. Y han permitido el florecimiento de empresas de actividades asociada, como de karts, circuitos de paintball o restaurantes especializados en la atención de grupos, ofreciendo espectáculos y actuaciones personalizadas. De forma paralela se cierran contratos de vinculación con cadenas hoteleras.
«En meses como abril y mayo estamos al 100% de ocupación en nuestras cenas, con salones de 100 personas llenos cada semana», resumen. Este cambio de tendencia también ha sido observado dentro de la asociación de Cafés y Bares de la ciudad, según indica su gerente, Luis Femia. «Sabemos que es una actividad problemática cuando se concentra en una única zona de la ciudad, pero ya se está notando una deslocalización de actividades y creemos que esa será la tendencia en el medio plazo», explica.
El producto estrella de la firma de Sora son los paseos en limusina, a pesar de que también han notado hostilidad por parte de la Policía Local. En otro orden de cosas las celebraciones tipo humor amarillo son cada más solicitadas en las reservas. «Es muy cómodo porque los grupos se juntan en un recinto con hinchables, gincanas y buen ambiente, con gente que se va conociendo para cuando luego todos coinciden en nuestra cena con espectáculo, buscamos crear un ecosistema de buen rollo donde en 15 años nunca hemos tenido un solo altercado», replica.
Las firmas del sector señalan que más allá del entretenimiento puntual que ofrecen, también ejercen como dinamizadores turísticos. «A veces parece que no nos dejan trabajar, cuando lo que traemos es gente que gasta dinero en la capital y que, muchas veces, vuelve después con sus familias porque les ha gustado la ciudad y quieren conocer más lugares de una forma más tranquila», detalla.
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