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Zaragoza no olvida a las víctimas del franquismo entre la lluvia y el respeto: "Nos acordaremos de ellos siempre"

El Cementerio de Torrero ha reunido a unas 300 personas para honrar con claveles rojos a las más de 3.500 víctimas de la Guerra Civil y la posguerra

Zaragoza vuelve a recordar a las víctimas del franquismo entre la lluvia y el respeto

Jaime Galindo

Zaragoza

La lluvia ha sido la invitada inesperada este domingo 12 de abril en el Cementerio de Torrero, en Zaragoza. Aun así, nada ha frenado a cerca de 300 personas que han querido estar presentes en el acto organizado por la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), un encuentro ya habitual para recordar a las víctimas de la Guerra Civil y la posguerra.

El cementerio ha vuelto a llenarse de respeto, memoria y música. Entre paraguas y abrigos mojados, familias, colectivos y personas llegadas a título individual han compartido una misma idea: no olvidar. Junto a la tapia donde se produjeron los fusilamientos, muchos han ido colocando claveles rojos, uno a uno, hasta completar los 3.553 en recuerdo de cada persona asesinada. “Por lo menos tienen este pequeño reconocimiento”, han comentado desde la organización.

El acto ha tenido momentos de emoción contenida. La intervención central ha corrido a cargo de Pilar Coloma, historiadora y doctoranda en la Universidad de Zaragoza, que ha puesto el foco en las maestras represaliadas en Aragón. Ha ido desgranando nombres, historias y vidas truncadas de mujeres que enseñaban en las aulas y que soñaron con un país distinto. Su voz, firme, se mezclaba con la atención de los asistentes, muchos de ellos visiblemente emocionados.

Su intervención ha dado voz a las mujeres que desde las aulas soñaron el siglo pasado con una sociedad más justa y tuvieron que pagar un alto precio por el compromiso pedagógico y social bajo la dictadura: su vida.

La música también ha estado muy presente. El Coro Libertario de Torrero y el coro anarquista francés Rojiblanco han puesto sonido a la mañana con canciones de memoria y lucha. Entre ellas, el “Canto a la Libertad” de José Antonio Labordeta, que ha resonado en un lugar donde el silencio suele pesar más que cualquier otra cosa.

Memoria viva

Entre los asistentes estaban Francisca Andreu y Beatriz Galindo, madre e hija, que cada año regresan para recordar a su abuelo y bisabuelo. “Es importante que no se olvide”, decían con la voz entrecortada. “Por mucho que pasen los años, esto hay que recordarlo. Es bonito que se haga este homenaje”, han añadido.

Beatriz Galindo y Francisca Andréu ponen flores en el nombre de su familiar.

Beatriz Galindo y Francisca Andréu ponen flores en el nombre de su familiar. / Jaime Galindo

También se han escuchado voces que se repiten en este tipo de encuentros: “Y nos acordaremos de ellos siempre”. Y algún grito suelto, espontáneo, de “¡Viva la República!”, que rompía por momentos la solemnidad del acto.

La lluvia ha obligado a cambiar el guion previsto. El homenaje en el monumento principal ha sido rápido y el momento emotivo se ha trasladado a otra zona del recinto, a la tapia donde se produjeron los fusilamientos. Ahí sí había un pequeño espacio cubierto para continuar con las intervenciones.

Muchos de los asistentes han coincidido en que este tipo de actos son una forma de mantener viva la memoria de quienes fueron represaliados, de darles un nombre y un lugar que durante años se les negó. “Vendremos cada año, haga el tiempo que haga”, se escuchaba entre la gente, junto a otras frases cargadas de emoción: “Esto no es política, es memoria. Mientras podamos, seguiremos viniendo”. Un ambiente de respeto, de recogimiento y de compromiso silencioso que ha resistido incluso a la lluvia constante de la mañana.

El Cementerio de Torrero, a través de su monumento inaugurado en 2009, sigue siendo un lugar de referencia para este tipo de homenajes. Una estructura en espiral que recoge los nombres de miles de víctimas de la represión en Aragón, un lugar donde cada año se vuelve a leer, aunque sea en silencio, la misma historia.

Este domingo, con lluvia y algo de viento, la memoria histórica ha vuelto a ocupar su sitio en Zaragoza.

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