Las máquinas vuelven a Correos en el Portillo para retomar la demolición del edificio y los vecinos avisan a la Policía Local
La edificación para la que el Gobierno de Aragón ha rechazado la declaración de Bien de Interés Cultural desaparecerá a pesar de la oposición vecinal y del mundo académico por su interés como ejemplo del estilo brutalista

Las máquinas están completando el vaciado del edificio de Correos de Zaragoza. / El Periódico de Aragón

Las máquinas han vuelto al interior del edificio de Correos de la avenida Anselmo Clavé de Zaragoza diseñado por José Luis González Cruz en los años 70 tomando elementos brutalistas. Los trabajos pretenden completar el vaciado del inmueble para posteriormente derribar toda la estructura tal y como está contemplado en el proyecto de reurbanización del Portillo. Este será el último intento de acabar con este inmueble que según la dirección general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón "no reúne valores suficientes, atendiendo a los criterios de singularidad, relevancia, integridad y autenticidad" para que sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC) a pesar de las protestas y manifestaciones a favor de su conservación que se han sucedido en los últimos meses.
El bloque del antiguo centro de distribución de Correos se salvó milagrosamente de los primeros golpes de piqueta el pasado 9 de febrero. En ese momento las excavadoras abrieron dos grandes boquetes en su fachada pero los trabajos de demolición se paralizaron el mismo día ante la protesta de los vecinos y asociaciones patrimonialistas, que llegaron incluso a llamar a la Policía Local.
La entrada de varias máquinas a completar el vaciado del inmueble ha sorprendido a los residentes en el entorno, sobre todo al entender que todavía existe plazo para alegar a la decisión del Ejecutivo autonómico de no proteger la construcción. "No pueden tocar los muros y nosotros no vamos a dejar que lo hagan", ha manifestado el presidente de la asociación de vecinos Joaquín Costa, Juan Fustero, que ha confirmado que han vuelto a avisar a las autoridades para conocer qué está sucediendo. Sobre todo porque el edificio debería estar clausurado mientras ser resuelven los plazos administrativos.
Con todo, recuerda que el primer envite contra el bloque de inspiración brutalista de Correos se produjo cuando los vecinos de la zona y entidades en defensa del patrimonio como Apudepa, respaldados además por una colecta de firmas y una parte de la sociedad civil, ya habían solicitado la protección oficial y habían iniciado acciones de protesta para su defensa integral.
A falta de saber cuándo regresarán las piquetas, el Gobierno de Aragón asegura que el edificio "no puede adscribirse al movimiento brutalista, dado que no concurren en él rasgos definitorios de esta corriente". "Se observa que se trata más bien de una edificación que se encuadra en la arquitectura funcional de su época, con soluciones constructivas y compositivas habituales en esos años, pero que no alcanzan un grado de excepcionalidad", justifican.
El Gobierno de Aragón se sumaba a la posición del Ayuntamiento de Zaragoza en su propuesta y entre sus argumentos también explicó que la catalogación del edificio hubiera impedido su reconversión para adaptarlo a nuevos usos, como pedían los vecinos, que llegaron a solicitar ubicar en este inmueble el conservatorio profesional de música de Zaragoza, que lleva tiempo buscando una nueva ubicación. "Adaptarlo a nuevos usos implicará una transformación sustancial de sus características esenciales, afectando tanto a su configuración interior como exterior, hasta el punto de desvirtuar sus valores originales", aclaraban los expertos.
La amenaza de la piqueta a la que se enfrenta se debe a que el inmueble no cuenta con protección municipal ni autonómica, pero está catalogado por la fundación Docomomo Ibérica para proteger la arquitectura contemporánea. El edificio de González Cruz se levantó junto a las vías del tren para facilitar el reparto y clasificación del correo, una función que perdió con el paso del tiempo para ser completamente desalojado el pasado mes de noviembre. Así quedó abandonada la gran muestra zaragozana del brutalismo, un estilo reivindicado en los ambientes más jóvenes y en el mundo audiovisual, pero habitualmente denostado. Sus defensores destacan que la rotundidad de sus volúmenes ofrecen inesperadas soluciones plásticas que evocan referentes estéticos muy apreciados.
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