Cuando por la calle Alfonso I de Zaragoza circulaban coches: "Así me gusta más"
Hace 25 años, el Ayuntamiento de Zaragoza inició la peatonalización de la calle Alfonso I, una transformación que cambiaría la imagen de la ciudad y que hoy contrasta con la oposición a la peatonalización de Don Jaime

GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA

Zaragoza está plagada de zanjas y el ayuntamiento se encuentra renovando alguna de las vías más representativas de la capital aragonesa. En los últimos años, además, se han reformado también algunas de las vías más significativas y se ha extendido la cota cero por algunas calles del Casco Histórico, como Predicadores, en un proceso transformador cuyo pistoletazo de salida bien podría fecharse en un día como hoy, pero de hace 25 años. Fue entonces, un 17 de abril de 2001, cuando comenzaron las obras para la peatonalización de la calle Alfonso I, unos trabajos que cambiarían radicalmente la imagen de la ciudad.
Por aquel entonces, gobernaba en la ciudad un alcalde del PP, como ahora. José Atarés, Pepe, había asumido el cargo justo un año antes sustituyendo a Luisa Fernanda Rudi, quien cesó como alcaldesa para convertirse en la presidenta del Congreso de los Diputados. Esa misma semana de hace 25 años habían comenzado también las obras para desmontar la pasarela peatonal que conectaba el centro con Delicias por encima de las vías del tren que, más tarde, serían soterradas, en lo que hoy es la rotonda de la Ciudadanía. Ambas intervenciones transformaron sustancialmente la imagen y la movilidad de la ciudad.
La peatonalización de la calle Alfonso I se planteó como una intervención sin igual, según narran las crónicas de entonces. "Si se cumplen los plazos (las obras) batirán un récord de rapidez y eficacia en la historia reciente de los proyectos municipales de la época", se podía leer en las páginas de este diario en lunes antes del inicio de los trabajos. Y es que la empresa Mariano López Navarro, que por aquel entonces ya copaba gran parte de los contratos de obra pública en la ciudad, se comprometió a ejecutar el proyecto en apenas cuatro meses y por 392 millones de pesetas, lo que equivale a unos 4 millones de euros de la actualidad teniendo en cuenta la inflación.

Inauguración de la calle Alfonso I sin coches en septiembre de 2001 tras cinco meses de obras. / EFE / GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA
Los plazos no se cumplieron por los pelos y la nueva calle Alfonso, libre de coches, acabó inaugurándose a finales septiembre, con tan solo un mes de retraso, poco para lo que había ocurrido con otras reformas en la ciudad. Hasta el día de antes del inicio de las obras, esta céntrica vía conectaba el Coso con la calle Manifestación, ya que desde la reforma de la plaza del Pilar en los años 90 se había cerrado el acceso a la plaza, que había sido peatonalizada con la intervención que le dio el aspecto que sigue luciendo hoy en día.
La calle Alfonso servía por tanto para conectar el Coso con César Augusto a través de Manifestación si bien, antes del inicio de las obras, el ayuntamiento ya había experimentado con el cierre de esta calle para asegurarse de que los zaragozanos iban a saber sobrevivir sin circular por esta céntrica vía. "Antes de acometer el tantas veces anunciado cierre al tráfico de esta céntrica vía, el consistorio ha ido probando con cortes de escasa duración -las noches de los fines de semana, las Fiestas del Pilar, algunos días en Semana Santa- y ahora, con las fechas pactadas con los comerciantes y vecinos de la zona, se dispone a hacer definitiva la reserva de la calle a los peatones", explicaban las noticias un día antes del inicio de los trabajos.
Mariano López Navarro
Sabedores de las molestias que iban a causar, el ayuntamiento utilizó las obras de peatonalización de la calle Alfonso para ensayar un plan de reducción de las molestias a los ciudadanos, que consistió en la instalación de una oficina de constructora Mariano López Navarro en la plaza Sas para la resolución de dudas. "Queremos que todo el mundo pueda estar informado sobre los trabajos que se realizan en su calle, porque esa es la mejor manera de soportar las obras y de que todo el mundo esté mucho más tranquilo", expresó el entonces concejal de Tráfico del Ayuntamiento de Zaragoza, Pedro Jato, en unas declaraciones que bien podría firmar hoy el responsable de Infraestructuras, Víctor Serrano.

Así era la calle Alfonso cuando todavía no estaba peatonalizada en 1992. / GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA
El resultado de las obras gustó a los zaragozanos. Después de dos décadas de debate sobre si había que peatonalizar esta céntrica vía, el resultado de la intervención convenció a vecinos y comerciantes, en parte por la apuesta que se hizo por mantener alguno de los elementos más simbólicos, como las farolas -que se sustituyeron por otras nuevas pero que imitaban a las originales de Averly y que también eran de fundición- y el mobiliario, calificado como "de lujo" en la época. Para vestir el suelo y dejar atrás el asfalto se utilizaron 5.000 metros cuadrados de granito de ocho centímetros de espesor además de 600 metros cuadrados de baldosas de otros materiales.
"La calle ha quedado muy bonita. El sector del comercio ha ganado mucho al ser ahora una calle peatonal. Un aspecto positivo es que no tenemos que estar pendientes de los automóviles que circulaban por aquí", explicó una comerciante, Isabel Gimeno, de 50 años, el día de la inauguración de la obra en las páginas de este diario. "Ahora la calle Alfonso es otra cosa. Así me gusta más", decía otro ciudadano, Javier Fernández, un vidriero de 34 años.
Las opiniones de los comerciantes
Las opiniones de entonces contrastan con las que se dan hoy cada vez que se menciona la peatonalización de la que es la hermana gemela de la calle Alfonso, la calle Don Jaime. Y son los comerciantes los que precisamente se muestran en contra de una intervención semejante y razón para tener miedo no les falta. Y es que aunque todos los estudios demuestren que las zonas peatonales son propicias para el comercio y que, por tanto, las ventas aumentan; no es menos cierto que cuando se expulsa al tráfico rodado de una vía en concreto los locales comerciales se revalorizan, lo que acaba expulsando al comercio tradicional en favor de franquicias y cadenas. No hay más que ver qué tipo de tiendas hay en una calle y en otra para comprobar esto.

La calle Alfonso en 1978. / GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA
Durante la peatonalización de la calle Alfonso no solo se intervino en la superficie, también en el subsuelo. Y ya saben lo que ocurre cuando en Zaragoza se husmea en las profundidades: aparecen restos. Entonces aparecieron preciosos mosaicos de época romana y restos de la época islámica.
Entonces, hace un cuarto de siglo, se reinició la historia de una calle que nació por empeño de un alcalde, Antonio Candalija, que tuvo que salir huyendo de la capital aragonesa por culpa de los detractores a la apertura de la calle Alfonso I, que se construyó entre los años 1865 y 1867 derribando más de 60 casas. El objetivo del entonces regidor era crear un bulevar que pudiera acoger a las clases pudientes de la ciudad y despejar las vistas de la cúpula del Pilar desde el Coso, una vista que todavía hoy sigue siendo una de las más representativas de Zaragoza.
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