ZGZ con voz propia
David Tejedor, cantaor de Torrero, joyero y coleccionista de pájaros: "Todo lo que sea artesanía me va al pelo"
A veces es importante intentar que un jilguero cante como un canario y compartir escenario con El Cigala. Todo esto le ha pasado a David Tejedor, que además fabrica joyas en Zaragoza.

Miguel Ángel Gracia

La casa de David Tejedor en el barrio de Torrero de Zaragoza no es muy grande. Pero contiene un abanico de aficiones, intereses y destrezas que sorprenden por su variedad. Sin embargo, señala que no tiene nada de extraordinario lo de combinar el oficio de joyero con el cante flamenco (sin ser gitano) o el coleccionismo de pájaros. "Todo lo que sea artesanía me va al pelo", explica.
Tejedor se ha manejado bien con las manos desde que era muy joven. Con 16 años comenzó a aprender el oficio de cristalero en una tienda de enmarcación, una etapa de formación en la que fueron naciendo todos los intereses. Poniendo la oreja con los vecinos del barrio y ayudando a sus vecinos y amigos. Con el tiempo aplicó estas habilidades artesanas a la industria del lujo, entrando en el año 2.000 en la firma de joyas Argyor. "Pues ahí hacemos de todo, yo por ejemplo estaba en la fundición, pero ahora estoy puliendo, estoy colocando brillantes en alianzas, todo lo que haga falta", explica.

David Tejedor con un jilguero en su casa de Torrero, esta semana en Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia
La música es la otra faceta principal de este zaragozano. Y aunque dice que la tiene algo abandonada, en casa le dicen que nunca deja de cantar. "Soy 100% payo, pero me ha gustado siempre mucho el flamenco", asegura. Una afición nacida en el corazón del barrio de Torrero. "Yo me aficioné por Camarón, aunque aquí siempre hemos estado rodeados de rumbas y se ambiente gitano", asegura. Así que cuando entró en la mili un compañero le abrió las puertas al genio de San Fernando y a partir de ahí ha desarrollado un amor incondicional.
Voz gitana
Tejedor, que ha compartido escenario con El Cigala, con José Mercé, con Duquende o con Remedios Amaya, entre otros grandes, recuerda que hace 30 años en Zaragoza había una escena potente que ahora se trata de revitalizar a partir de la puesta en marcha de iniciativas como la Peña Flamenca en el barrio de La Magdalena. El problema que ve ahora es la fragmentación, con muchas personas sacando adelante proyectos, pero sin demasiada unión y cada vez menos puristas. "El flamenco no es algo de llegar y cantar: te tiene que salir", indica en este momento en el que ha limitado sus actuaciones. "Antes cuando compartía escenarios me ponía muy nervioso y lo pasaba muy mal, pero luego la sensación es maravillosa", reconoce.
Una de sus grandes satisfacciones fue poder conocer al manager de Camarón, Jesús Pulpón. De hecho, siempre ha estado muy metido dentro del círculo flamenco gracias a su capacidad vocal que le ha llevado a grabar un disco propio y a realizar muchas colaboraciones. "Los gitanos cuando me escuchan cantar piensan que soy gitano, pues a muchos payos se les nota por la voz", indican.

Una pequeña cría de canario en casa de David Tejedor. / Miguel Ángel Gracia
De hecho, su amor por Camarón se cuela también en su afición a los pájaros. Así se refleja en la jaula que contiene un jilguero en el centro del salón, con una funda con la cara del cantaor. Con este animal está intentando que se le pegue el canto de los canarios, por eso por tercer año consecutivo está tratando de sacar adelante una pequeña cría para que crezca a su lado y le transmita su melodía. Por ahora no ha tenido suerte: en las dos últimas temporadas el ave ha salido hembra del huevo y no se ha podido producir la magia. Cosas que pasan.
"Si me preguntas te diría que el flamenco me gusta mucho, pero mi pasión son los pájaros", explica. En su casa las jaulas se suceden, sumando también una oronda perdiz de mirada penetrante. "Un cazador le pegó un tiro en el ala y me la trajo para que no se muriera", señala.
Garrotas
La habilidad manual de Tejedor queda también clara en otra de sus aficiones, que desempeña como bien puede en la cocina. "Me gustaría tener un local para tener todas mis herramientas", bromea. Las garrotas de inspiración gitana que diseña nacen de su capacidad para observar. Recoge los materiales en sus paseos por las riberas o por los rastros. "Empecé haciendo bastones porque me gusta mucho pasear, pero es cierto que también están muy vinculados con la tradición gitana", reconoce.
Aprendió la técnica "hace muchos años" con un amigo y ahora decenas de báculos se agrupan por las esquinas. Para moldearlos recoge ramas de almendros, hayas y otros árboles que luego endereza con paciencia. También usa fibra de vidrio y elementos que compra en los bazares para realizar las empuñaduras. Luego los forra con cueros que saca de sillones y otras piezas de reciclados.
La clave es controlar los grosores, los cortes, los nudos, las trenzas. Poco a poco toman formas regias y algunos pasan a manos de otros amigos. Y el resto para su colección personal. "Los hago porque me gustan, la verdad es que no es muy habitual", asume. Su habilitad también le lleva a construir correas para perros o llaveros. Lo que haga falta, siempre sumando aficiones y amistades. "Tengo algo de síndrome de Diógenes", bromea.
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