Adiós a la Cristalería Hernán Cortes después de más de 30 años en el centro de Zaragoza: "Nos hubiera encantado enseñar el oficio, pero nadie se ha interesado"
El cierre de Cristalería Hernán Cortés pone fin a más de tres décadas de oficio artesanal y trato cercano en el barrio
Adiós a la Cristalería Hernán Cortes después de más de 30 años en el centro de Zaragoza / Pablo Ibáñez
Tras treinta y tres años en la calle Eduardo Dato, número 13, Jesús y Antonio le dicen adiós a la que ha sido su segunda casa: "Cristalería Hernán Cortes". Un negocio que se cruzó en su camino y en el que, desde entonces, han seguido al pie del cañón. "Estábamos trabajando en Barcelona y vinimos a coger el traspaso y así empezó todo", cuentan sobre sus inicios.
"Trabajábamos en otra cosa totalmente diferente y nos dio por coger esto y aprender", recuerdan. "Ya sabemos enseñar y todo. Después de tantos años", bromean. Sin embargo, ahora, tras intentar sin éxito encontrar un relevo que continúe con el negocio, se ven obligados a bajar la persiana definitivamente para jubilarse.

Adiós a la Cristalería Hernán Cortes después de más de 30 años en el centro de Zaragoza / PABLO IBÁÑEZ / EPA
El oficio de la enmarcación
Aunque lo que todos ven es una tienda llena de marcos para espejos y cuadros ya terminados, detrás hay mucho más: un taller donde se prepara manualmente cada pieza, con mucho esmero y fijándose en cada detalle. "Lo nuestro es todo artesanal. Porque todo lo que hacemos, lo hacemos aquí en el taller y lo hacemos nosotros".
Pese a que puede parecer un oficio afectado por los grandes almacenes que venden cuadros más baratos, afirman que no se han visto especialmente perjudicados y que, durante todos estos años, han mantenido los mismos encargos. "Se trabaja la cristalería en general, lo que son instalaciones de cristales y espejos y enmarcación". Y aunque confiesan que también han tenido temporadas bajas, aseguran que el negocio les ha funcionado.

Adiós a la Cristalería Hernán Cortes después de más de 30 años en el centro de Zaragoza / PABLO IBÁÑEZ / EPA
Aunque ellos lo que más valoran son a sus clientes, todos aquellos que han cruzado sus puertas durante este tiempo y los han acompañado. Por eso, les ofrecen un trato exclusivo. "Tenemos una clientela muy extensa, muy amable y colaboradora. Y repiten, vuelven y les va bien".
"Hay que saber entender al cliente, cómo quiere el marco, vamos a su casa, vemos el espejo, lo hacemos, se lo colocamos...". Todo lleva un proceso, uno que no solo implica técnica, sino también paciencia, gusto y, sobre todo, trato con las personas. Porque para Jesús y Antonio, cada encargo ha sido algo más que un simple trabajo: ha sido una pequeña historia compartida con cada cliente.
Sin relevo generacional
"Llega un momento que ya necesitas olvidarte un poco de esto y dedicarte a otra cosa", dicen con pena hablando de su próxima jubilación y el cierre de la que ha sido su segunda casa. "Nos hubiera encantado que alguien se interesara en coger el local y enseñarle el oficio, pero no hemos encontrado a nadie", confiesan.

Adiós a la Cristalería Hernán Cortes después de más de 30 años en el centro de Zaragoza / PABLO IBÁÑEZ / EPA
La falta de relevo es, precisamente, uno de los grandes retos a los que se enfrentan hoy muchos negocios tradicionales. Oficios como el suyo, que requieren tiempo, aprendizaje y dedicación, no siempre encuentran continuidad en las nuevas generaciones. Aun así, Jesús y Antonio prefieren quedarse con lo positivo: los años de trabajo, las relaciones construidas y la satisfacción de haber sacado adelante un proyecto que comenzó casi por casualidad y que ha acabado formando parte del día a día del barrio.
Ahora toca cerrar una etapa y abrir otra distinta, más tranquila, pero con la tranquilidad de haber hecho las cosas bien. Porque, aunque la persiana de Cristalería Hernán Cortés se baje, su historia seguirá viva en cada rincón donde dejaron su huella.
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