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La calle de Zaragoza donde puedes comprar productos de todo el mundo: "Nos duele que solo se hable de lo malo"

La arteria comercial, que se peatonalizó hace 35 años, ha cambiado su perfil económico con la apertura de negocios internacionales que devuelven el vigor a los casi doscientos locales que la conforman

La calle de Zaragoza donde puedes comprar productos de todo el mundo

Jaime Galindo

David Chic

David Chic

Zaragoza

Sorprende la oferta comercial de la calle Delicias de Zaragoza. La arteria que se peatonalizó hace 35 años ha superado una década de crisis reconvertida en un supermercado abierto en el que se venden y compran productos de todo el mundo. Rábano picante, salchichas ahumadas, uñas vietnamitas, chilabas y caftanes, navajas de Albacete. «Somos un barrio que acoge la migración y creo que lo hacemos sin grandes problemas a pesar de que surjan algunos», destaca el presidente de la asociación de vecinos, José Luis Zúñiga, ante el evidente cambio de orientación del distrito. «De lo que no cabe duda es de que la zona cada vez está mas viva», celebra.

El recorrido que en su día acogía un gran número de negocios de moda de alto poder adquisitivo se ha transformado en los últimos 25 años dando respuesta a las necesidades de la población migrante que se ha instalado en Delicias. En este momento los casi doscientos locales comerciales que se alinean ofrecen un panorama de banderas y ofertas que es difícil encontrar en otros puntos de la ciudad. En pocos pasos se divisa una pastelería de Nicaragua, una peluquería coreana o locales en los que se oferta moda de estilo africano con maniquíes que responden a cánones de moda subsahariana en el escaparate. Todos ellos conviviendo con el viejo mercado de 1949, clínicas dentales y locales franquiciados de pan o abalorios.

«La convivencia es mejor de lo que dicen, pero siempre hay momentos en los que la gente tropieza», reconoce Gersón López, latino llegado a Zaragoza hace siete años y encargado de uno de los dos puestos de la Once de la calle. «Los mayores me cuentan que antes todo el mundo se conocía, pero ahora creo que se nota la falta de confianza», asegura.

Desde la asociación vecinal destacan que la pervivencia del comercio es positiva aunque cambien la «esencia» del distrito. Recuerdan que en su origen había muy pocos bares frente a una oferta actual en la que se mezclan restaurantes de sushi, kebabs turcos y pequeños bares de comida caribeña. En este espacio se ha consolidado la pizzería 22 Gradi, acumulando premios y prestigio. «Casi el 70% de nuestros clientes proviene de fuera del barrio», indica su propietario, el romano Cristian Georgita.

Una de las nuevas fruterías de origen marroquí de la calle Delicias de Zaragoza.

Una de las nuevas fruterías de origen marroquí de la calle Delicias de Zaragoza. / Jaime Galindo

Para el hostelero la ventaja de la calle Delicias es que está «hecha de todos los países»y al mismo tiempo mantiene un perfil de trabajador artesanal, con fontaneros, albañiles y vecinos dedicados a infinidad de gremios. «El barrio evoluciones como evolucionan todos los lugares del mundo, pero eso es algo de lo que tenemos que estar agradecidos, pues como canta El Momo nos duele que solo se hable de lo malo», manifiesta.

En su opinión, la convivencia fomenta la mezcla y la curiosidad. Por eso celebra que gracias a su local muchos mayores que no habían comido pizza descubrieron el producto. Y así sucede en la decena de fruterías y tiendas de alimentación abiertas hace poco.

Tras 23 años viviendo en diferentes puntos de España la rumana Georgeta Dediu decidió que era el momento de apostar por un local propio que le permitiera poner remedio a la nostalgia que sentía por los productos de su tierra. «Creo que los extranjeros tenemos derecho a disfrutar de los sabores de nuestros países, sobre todo en las épocas de fiestas nacionales, aunque ahora yo echo de menos las gachas de Castilla-La Mancha por el mucho tiempo que viví allí», afirma.

La mezcla es la tónica en su local, decorado con una llamativa bandera rumana en la fachada. «Los quesos de mi país gustan mucho a los latinos, aquí entra gente de todo el mundo menos españoles», asegura. Con esa intención está ampliando su oferta para incluir productos de Rusia, de Lituania o de Ucrania. «Estoy aprendiendo y les consulto mucho qué es lo que les gustaría encontrar», explica Dediu.

«Te puede gustar más o menos, pero no hay duda de que la calle Delicias tiene mucha vida», inciden en la asociación de vecinos

Zúñiga explica que el barrio de Las Delicias contaba en el año 2001 con menos de 1.000 personas de origen extranjero frente a las más de 27.000 empadronadas en la actualidad. «El dato está ahí, pero hay que incidir en que, indistintamente de lo que opinen las personas alarmistas, es una calle muy asumible pues los conflictos o la presión que tiene son cosas normales, como en cualquier otro sitio de la ciudad», considera.

Los locutorios son una ventana a paisajes nuevos. En sus paredes cuelgan fotografías turísticas de las ciudades de origen de los compatriotas que los regentan. Junto a los mostradores de envío se divisan ofertas leche de coco o especias. «Solo llevo seis meses viviendo en Zaragoza, pero muchos mayores me tratan como si me hubieran visto siempre», explica el pakistaní Zubair Butt. «Aquí hay poca gente de mi país, la mayoría de mis clientes son de origen latino», reconoce.

Las banderas de Guatemala, Colombia o Perú también cuelgan de las peluquerías que ofrecen ofertas en extensiones o pelucas, así como en la tienda de ropa de segunda mano y de juguetes que se abre junto al buzón de Correos amarillo anacrónico en tiempos videollamada con la familia que se quedó en el país de origen.

Pastelería regentada por nicaragüenses en la calle Delicias de Zaragoza.

Pastelería regentada por nicaragüenses en la calle Delicias de Zaragoza. / Jaime Galindo

El tejido asociativo también se ha tenido que acostumbrar al cambio de aire del distrito. La asociación vecinal lo está viviendo en sus filas, pero también la agrupación de comerciantes que durante años fue un activo muy potente a la hora de promocionar el comercio local en la ciudad. «Es complicado que se asocien perfiles de origen nigeriano o marroquí, aunque algunos de ellos sí que han entrado, pero también tenemos que decir que las grandes franquicias ponen problemas para asociarse, ya que sus sedes centrales a menudo no se lo permiten. Todo eso se nota», analiza Zúñiga.

«Creo que entre los comerciantes nos llevamos bien, pero en Delicias también hay gente con muy mala educación», lamenta la propietaria de Magazín Romanesc. «Para trabajar aquí hay que tener los ojos muy abiertos, yo desde que abrí las puertas he tenido muchos problemas con la tienda», afirma.

Mirando al pasado ya nadie discute la necesidad de peatonalizar la arteria, a pesar de que los vecinos de toda la vida recuerdan aquellos debates recurrentes sobre la crisis para el comercio que supondría el que dejaran de pasar autobuses. Durante una etapa una vez colocadas las baldosas los comerciantes se tuvieron que aliar para impedir la apertura de más sucursales bancarias porque transformaban la imagen de comercio vivo y al por menor. «En aquellos años el poder adquisitivo de los vecinos y visitantes era mayor, aunque viendo lo que pasa en la calle parece que la gente está más dispuesta a gastar en ocio que en necesidades reales», explica el presidente de la asociación vecinal.

Ahora las cadenas de ópticas se mezclan con los locales del compro oro y las autoescuelas rotuladas en chino. «Te puede gustar más o menos, pero no hay duda de que la calle Delicias tiene mucha vida, con todo lo que hemos pasado ya no te sientes extraño viendo a personas de todas las culturas, vestimentas o colores», establece.

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