Concha Lomba, catedrática de Historia del Arte: "Lo feo es una categoría que todos utilizamos pero que no es cierta. El edificio de Correos tiene calidad artística"
Catedrática de Historia del Arte y directora del Instituto de Investigación en Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza. Concha Lomba es una de las voces autorizadas para hablar de patrimonio en Aragón y en esta entrevista responde a preguntas sobre el derribo del edificio de Correos y los criterios que deben seguirse para proteger un edificio.

Concha Lomba, en su despacho en la sede del Instituto de Patrimonio y Humanidades. / Javier Río

Recientemente hemos conocido que el Gobierno de Aragón no consideraba conveniente catalogar el edificio de Correos de la avenida Anselmo Clavé en Zaragoza. El instituto que dirige, por contra, se mostró a favor de su protección, ¿qué diferencia hay entre sus argumentos y los de los expertos que contrató la DGA?
Nuestros argumentos se basaban esencialmente en la definición del propio edificio en sí, tanto en la definición estética como en la definición funcional. La arquitectura seguía cumpliendo unos parámetros de calidad y la estética ese es uno de los problemas básicos sobre los que nos tocará entrar. La estética es propia de la arquitectura de los años 60, para algunos brutalismo y para otros la definición clásica de modernidad en esas fechas.
Entremos de lleno en el debate entonces. No poca gente ha dicho que la oficina de Correos es feo y que, por tanto, no debería catalogarse. ¿Debe ser ese el criterio que se siga para proteger edificios del pasado?
A ver, lo de feo es una un una categoría que todos utilizamos, pero que no es cierta. No es científica y no es cierta porque el gusto va cambiando conforme pase el tiempo. Lo curioso y lo que está pasando aquí es que en materia artística, y la arquitectura también forma parte del ámbito artístico, la definición de la belleza o de la fealdad viene impuesta por la aproximación a los cánones más habituales. Me explico. En pintura, la abstracción no gusta en general a la mayoría de la ciudadanía. En arquitectura, todo aquello que no sean elementos clásicos que nos recuerden a la antigüedad, es decir, todo aquello que sea anterior a 1900 o a 1910, tampoco gusta. ¿Por qué? Porque esos parámetros lisos no interesan. Aquello que no tiene unos recursos ornamentales no gusta.
Claro, pero desde el punto de vista artístico, más allá de gustos, también resulta mucho más valioso el Casco Histórico que cualquier barrio construido en los 60.
Sí, pero hay que distinguir. Es cierto que se ha hecho muy poco por intentar explicar las construcciones de los años 60 o el urbanismo de los años 60. A la gente le encantan los bulevares parisinos, pero no la arquitectura de hace 60 años. ¿Por qué? Porque buena parte de ella es horrible, para qué nos vamos a engañar. Es fea. En Zaragoza y en otras muchas ciudades se construyó sin cuidado y ello derivó en una arquitectura que no es hermosa.
¿Y esos edificios que no son hermosos, habrá que protegerlos en un futuro? Es decir, ¿basta con que un edificio sea antiguo para que merezca la pena que sea protegido?
No, tiene que tener calidad artística. Siempre. Y esa es la cuestión esencial por la cual se protegen los edificios como BIC o en las distintas catalogaciones como el Docomomo, y ese es un ámbito que nos interesa especialmente en esta conversación por lo que está ocurriendo. En el caso del edificio de Correos, hay calidad artística, pero de los 60 también quedan edificios muy feos y que además no tienen ninguna calidad artística y cuyo diseño no se cuidó en absoluto.
Zaragoza ha sido una ciudad kamikaze en lo que respecta al cuidado de su patrimonio. ¿Hemos aprendido algo después de que haber tirado abajo media ciudad?
Estoy totalmente de acuerdo, pero también hemos tenido muy mala suerte y en este debate me gusta ser objetiva. No podemos dejarnos llevar por las pasiones. Hemos cambiado muchísimo y en los años 80 ya hubo un cambio sustantivo en el comportamiento de las administraciones públicas y de la ciudadanía hacia su patrimonio antiguo y artístico. Eso no se puede negar. Se produjeron cambios sustanciales también en la legislación, se crearon las comisiones de patrimonio... Se ha avanzado mucho y en Zaragoza hay muy buenos ejemplos de conservación como es el palacio de los Condes de Argillo, donde se instaló el Museo Pablo Gargallo. Ahí está también el Teatro Romano, el palacio Larrinaga... Pero es verdad que seguimos teniendo problemas y problemas graves porque todo lo que es posterior al año 1900 tiene un tratamiento distinto. Es decir, la preocupación se ha centrado en lo que no es moderno, lo que no es actual, lo que no pertenece al siglo XX y eso es u problema porque de aquí a unos años no habrá ejemplos de la arquitectura de los 60 porque reducimos el debate a que nos parece fea e insisto una vez más, lo importante es la calidad artística.
Hablamos de edificios de los 60 pero fue en los 60, con el desarrollismo en España, cuando en esta ciudad se derriban muchísimos edificios que eran auténticas joyas. Ahí están las fotos de cómo era el paseo Sagasta, plagado de edificios modernistas, y así está ahora. Usted, como historiadora del arte, ¿no se frustra constantemente al pensar todo el patrimonio perdido?
A mí me molesta profundamente, sí. Aquellos años 60 fueron un completo desastre. A mí me pone iba a decir nerviosa, pero me irrita profundamente, sí, hemos sido o han sido, mejor dicho, muy muy descuidados. Y ese problema no se debe repetir y la cuestión es que se está repitiendo con estos enclaves de los que hablamos de este otro periodo más reciente.
¿Qué otros ejemplos de arquitectura de calidad del siglo pasado se han perdido recientemente?
No hemos conseguido salvar, por ejemplo, hace pocos años, el monasterio de Santa Inés, que tenía el mismo problema que el edificio de Correos. No era un edificio con restos escultóricos u ornamentos figurativos. Eran paramentos totalmente lisos y parece que eso le restó valor de cara a las administraciones. El edificio fue vendido y se siguieron los pasos habituales, con informes previos y todo eso. Nosotros incluso desde el instituto hicimos un informe y luego se sumaron asociaciones y más gentes, pero ocurrió lo mismo que con la casa de Correos. Se paralizó durante un tiempo y luego pues... se demolió. Más recientemente también se ha tirado el colegio Jesús y María, el convento de Jerusalén... Y la realidad es que no han tenido mucha repercusión social.
Y ampliando un poco el ámbito temporal, ¿hay algún edificio que haya desaparecido en Zaragoza que a usted le duele especialmente?
Me duelen todos, pero la Torre Nueva fue un caso histórico... Hay palacios del XVI que han desaparecido... Esa ciudad del Renacimiento que definían los viajeros como espléndida, harta y que todos ponían de ejemplo, pues no la tenemos.
De cara al futuro, ¿estamos dejando patrimonio que merecerá la pena conservar? Hoy se construye mucho pero dada la urgencia o la emergencia habitacional, con un mercado de la vivienda colapsado, la arquitectura y el diseño se han dejado de lado. Todos los edificios son prácticamente iguales.
Yo a veces me enfado mucho más que en esta entrevista y me quejo porque los visados tienen que pasar por el Colegio de Arquitectos y una de las exigencias deberían ser la calidad arquitectónica y la calidad artística. La emergencia habitacional no tiene nada que ver con construir edificios sin calidad desde el punto de vista artístico. Se puede construir con calidad. Todo el ensanche barcelonés y también el zaragozano se hicieron como consecuencia de la necesidad de construir vivienda en un momento concreto. La fantástica arquitectura neoyorquina de los años 20, 30 y 40, cuando se levantaron rascacielos hermosísimos, respondió a la necesidad de crear vivienda. Y se hizo con calidad. No es mucho más caro. Se puede hacer muy bien, otra cosa es que se encargue a las gentes mejores y que tengan cuidado con ello. Por supuesto, hay muy buenos ejemplos de arquitectura de hoy. Sigue habiendo muy buenos arquitectos que siguen construyendo edificios espléndidos.
El instituto que dirige también se ha posicionado a favor de la vuelta de los murales de Sijena. ¿Cómo valora lo que está ocurriendo?
Una de las cuestiones que nos preocupaba más en este asunto era el exceso de politización. Yo sé que nada es inocuo y el arte tampoco. Los sistemas identitarios se construyen a través de imágenes y las imágenes son pintura, escultura, dibujo, etcétera... Pero al margen de eso, de que nada es inocuo, nosotros consideramos que sí que se pueden trasladar las pinturas. Los técnicos lo han demostrado y de hecho las pinturas de Sijena se han trasladado ya en algunas ocasiones. Yo he trabajado mucho y sigo trabajando con el Museo Nacional de Arte de Cataluña y merecen todos mis respetos, pero si jurídicamente se ha decidido que deben retornar, en la línea de la doctrina de la UNESCO, y técnicamente es posible, que retornen.
Usted ha trabajado en museos importantes como el Reina Sofía. ¿Cómo valora la oferta museística en Zaragoza? Hay mucho debate sobre la figura de Goya.
Tiene que haber una mayor definición de lo que queremos hacer. Goya merece estar donde está y lo que tenemos que hacer es ampliar su museo, que en Zaragoza es el Museo de Zaragoza. Es de los pocos museos provinciales que existen en España que no ha tenido una ampliación como debería y es uno de los mejores que existen en España, con colecciones importantísimas. Yo misma me formé ahí. Y hoy sigo creyendo, como cuando se nos encargó un proyecto en el año 2006, que la ampliación lógica y necesaria es hacia la Escuela de Artes y Oficios, hoy vacía. Hay que darle una solución y un uso y ese sería perfecto.
¿Hay más edificios como la Escuela de Artes, vacíos y a la espera de un uso que les asegure un futuro?
El palacio de Fuenclara, por ejemplo. Ese es uno de los que hay que resolver y rápidamente además. Y a mí me preocupa el monasterio del Santo Sepulcro de Zaragoza, donde solamente quedan dos religiosas.
Con el Teatro Fleta imagino que llegamos tarde, ¿o no?
Lo del Fleta fue una desgracia tremenda y ningún Gobierno se está planteando hacer nada.
Usted está dedicando sus investigaciones más recientes a devolver a su sitio a grandes mujeres que se dedicaron a la creación artística y a las que no se les dio un sitio en la historia por ser mujeres. Para terminar, dígame algún nombre de alguna artista que deberíamos conocer.
¿Algún nombre? Te podría decir 200. Desde que comenzamos nuestro proyecto en 2017 hemos conseguido recuperar el nombre de 1.000 artistas de entre 1800 y 1945. Ahora todo el mundo conoce a Maruja Mallo pero hace 20 años nadie la conocía... Ángeles Santos está fuera de toda duda... Marisa Roesset, Mey Rahola...
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