El Palacio de Larrinaga de Zaragoza reabre sus puertas: arte romántico en un escenario marcado por el amor y la tragedia
La Fundación Ibercaja inaugura una exposición de pintores ingleses del siglo XIX en uno de los edificios más singulares de Zaragoza, cuya historia está ligada a una promesa que nunca llegó a cumplirse

El Palacio de Larrinaga de Zaragoza reabre sus puertas: arte romántico en un escenario marcado por el amor y la tragedia
El Palacio de Larrinaga vuelve a abrir sus puertas al público convertido, una vez más, en epicentro cultural de la ciudad. La Fundación Ibercaja presenta el próximo 21 de abril la exposición 'Pintores románticos ingleses en la España del siglo XIX', una colección formada por cerca de 50 obras distribuidas a lo largo de todo el edificio.
Entre los autores representados destacan John Phillip, John Bagnold Burgess y John Dobbin, artistas que encontraron en España una fuente de inspiración exótica y fascinante. La muestra propone así redescubrir la imagen del país a través de la mirada romántica británica, en un espacio que en sí mismo ya respira historia.
Una promesa de amor
Más allá de su nueva vida como sala expositiva, el palacio es una auténtica joya arquitectónica. Diseñado por el arquitecto Félix Navarro, presenta un estilo ecléctico con influencias neorrenacentistas y detalles decorativos inspirados en el mundo marino, un guiño a los orígenes navieros de la familia que lo mandó construir. Sin embargo, lo que realmente distingue al edificio no es solo su estética, sino la historia que lo envuelve.
El palació nació de la historia de amor entre Miguel Larrinaga y Asunción Clavero. Él, heredero de una familia de navieros con negocios en Liverpool; ella, una joven aragonesa a la que conoció en la Catedral del Pilar. Su historia comenzó con un flechazo y culminó en matrimonio en 1897, en Inglaterra.

Diseñado por el arquitecto Félix Navarro, el Palacio de Larrinaga presenta un estilo ecléctico con influencias neorrenacentistas / Laura Trives
Pero la vida lejos de Aragón resultó difícil para Asunción. Su añoranza por su tierra llevó a Miguel a prometerle que algún día regresarían y vivirían en un palacio construido especialmente para ella. Así nació el proyecto de la llamada “Villa Asunción”, levantada en Zaragoza como símbolo de ese compromiso.
Un sueño truncado
El destino, sin embargo, frustró aquel anhelo. Cuando el palacio estuvo terminado en 1939, tras la Guerra Civil Española, Asunción ya había fallecido. El edificio nunca llegó a cumplir su propósito: ser el hogar de ambos.
Afectado por la pérdida, Miguel Larrinaga decidió vender la propiedad en 1942. Desde entonces, el inmueble pasó por distintas manos hasta su adquisición por la Fundación Ibercaja en los años 90.
Un legado que sigue vivo
Hoy, el Palacio de Larrinaga inicia una nueva etapa como espacio cultural, donde exposiciones como la actual conectan pasado y presente. Sus salas, que nunca acogieron la vida que fueron diseñadas para albergar, se llenan ahora de arte, visitantes y nuevas historias.
Así, este edificio sigue siendo mucho más que un palacio: es el testimonio de un amor que quiso materializarse en piedra y que, aunque no llegó a cumplirse, ha perdurado en el tiempo convertido en patrimonio y memoria colectiva.
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