El laboratorio histórico escondido en Zaragoza que limpia el agua del Ebro: medicamentos, lindano y contaminación fecal
La infraestructura química de la CHE junto al Canal Imperial ha evolucionado desde métodos básicos a técnicas avanzadas para detectar contaminantes emergentes

Actividad en el laboratorio de control de aguas de la CHE. / Jaime Galindo

Las aguas del Ebro y sus afluentes, no siempre cristalinas, esconden miles de residuos y tóxicos en su composición. Por eso, un ignoto laboratorio a orillas del Canal Imperial de Zaragoza lleva 50 años analizando su composición para desentrañar si existen sustancias nocivas para la salud y poder tomar medidas inmediatas. La evolución técnica permite en este momento detectar un nanogramo dentro de un litro, algo que sería el equivalente a encontrar una gota concreta de agua en un volumen equivalente a veinte piscinas olímpicas. Pero en su origen, cuando solo eran varias habitaciones en la sede central de la CHE en el paseo Sagasta las cosas no eran tan sencillas.
El actual presidente de la Confederación Hidrológica del Ebro (CHE), Carlos Arrazola, ha destacado este martes que la infraestructura química "ha sido capaz de superar las expectativas que se tenían sobre él". El responsable del organismo de cuenca, que ha llegado a trabajar en el propio laboratorio de Calidad de las Aguas, destaca que su gran cambio llegó con la incorporación de España a la Comunidad Europea cuando para cumplir con las directivas de calidad tuvieron qe adaptar el espacio, en el que se utilizaban métodos físico-químicos (como el análisis del pH, de la temperatura, la conductividad o las sales) a técnicas más complejas para la detección de sustancias peligrosas. En ese momento se pudieron detectar compuestos como el lindano, los DDT o metales como el mercurio.

El laboratorio en su origen en la sede de la CHE del paseo de Sagasta. / Confederación Hidrográfica del Ebro
La renovación definitiva llegó hace 25 años con la inauguración de las instalaciones actuales en el paseo del Canal, pasando inadvertidas junto a la sede de la Aemet y viejos caserones de inspiración neomudéjar. "El salto de calidad ha sido increíble, incorporando nuevos parámetros de control comparables a toda la Unión Europea", destaca el presidente de la CHE que este año también está conmemorando el propio centenario de la institución.

Recepcción de muestras en el laboratorio de control de aguas de la CHE. / Jaime Galindo
Por las puertas del centro entran de forma incesante muestras de todos los puntos de Aragón que son analizadas por 25 científicos, con formación en químicas en su mayoría. Las botellas, probetas y garrafas llenas de agua provienen de todos los puntos de la cuenca: Yesa, el Guatizalema, el Cinca. La CHE invierte todos los años un millón de euros en la adquisición de nuevos equipamientos para el desarrollo de su actividad de investigación. También son capaces de analizar sedimento y muestras biológicas como peces.
"Es el departamento más puntero del que disponemos y su importancia es central", destaca Arrazola. Gracias a la actividad del personal, decantando matraces y aplicando reactivos se garantiza la calidad de las aguas. Analizan hasta la última micra de residuos. Por eso se centran especialmente en los vertidos de aguas residuales de depuradoras urbanas o industriales. O en los llamados "contaminantes emergentes" entre los que se encuentran medicamentos como antibióticos, antiinflamatorios o sustancias antidiabéticas. También los microplásticos o los restos de teflón que sueltan las sartenes, unos contaminantes que perduran durante mucho tiempo, según alerta la directora del centro, Amparo Martín.

Actividad en el laboratorio de control de aguas de la CHE. / Jaime Galindo / Jaime Galindo
Otro de los aspectos que más preocupan en el centro, sobre todo con la llegada del buen tiempo es la "contaminación difusa". Esta es la causada por los nitratos que contaminan los acuíferos en las áreas más agrarias de la cuenca. Ahí también se detectan plaguicidas o afecciones producidas por los tratamientos fitosanitarios de los campos. "Gran parte de estos contaminantes siempre han estado presentes en las aguas, pero no existían medios para detectarlos", reconoce Martín.
La crisis del lindano
En la historia de este laboratorio desconocido para la mayoría de los zaragozanos destaca la crisis del lindano, uno de los episodios de contaminación más importantes del sur de Europa. Los análisis de la zona desde que detecto el vertido de Inquinosa en Sabiñánigo son semanales. "Nos preocupamos por todas las zonas, pero existen áreas históricas en las que el control es más riguroso", advierten. En el caso del lindano destacan que ya no existe "un problema de seguridad".

Una de las primeras furgonetas usadas en el laboratorio de aguas de la CHE. / Confederación Hidrográfica del Ebro
El laboratorio está dividido en varios departamentos que reciben muestras de sotos, galachos y canales. El principal es el físico químico, con su medio siglo de experiencia, con Silvia Climente al frente. A él se han añadido el de espectrometría (que mide sustancias pequeñas y metales), el de cromatografía, para los compuestos orgánicos y el de microbiología, para los indicadores bacterianos. Anualmente reciben alrededor de 4.000 muestras y analizan 70.000 parámetros. Además, Se colaboran con el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil y otros organismos públicos como juzgados, el Gobierno de Aragón o las comunidades autónomas de la cuenca tanto en análisis de muestras procedentes de denuncias como en el asesoramiento técnico para la toma de decisiones.
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