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El adiós a un icono del brutalismo en Zaragoza: las máquinas retoman el polémico derribo del edificio de Correos

Los vecinos del entorno del Portillo todavía confían en detener de nuevo unas obras que buscan reurbanizar todo el recinto para crear una gran zona verde y que se alargaran durante bastantes semanas

El adiós a un icono del brutalismo en Zaragoza

Miguel Ángel Gracia

David Chic

David Chic

Zaragoza

La destrucción del edificio protegido de Correos en el barrio del Portillo de Zaragoza se ha retomado este miércoles. Las excavadoras han derribado desde la mañana un lateral de la constitución brutalista que los vecinos y expertos piden que sea protegida. Ante el inicio de las obras, que podrían demorarse durante varias semanas, la asociación Joaquín Costa espera lograr una nueva paralización cautelar.

Los trabajos en esta primera fase de ataque al edificio también han llegado a la fachada trasera, con amplios boquetes abiertos en el muro. Con todo, las tareas están centradas fundamentalmente en el desescombro del interior donde se están retirando una gran cantidad de enseres, tabiques, aparatos de aire acondicionado y otros elementos accesorios. "He pasado por delante y no me lo creía, había escuchado que ya no lo tiraban", señala un residente en las cercanías, Ramiro Conte.

El bloque del antiguo centro de distribución de Correos se salvó milagrosamente de los primeros golpes de piqueta el pasado 9 de febrero. En ese momento las excavadoras abrieron dos grandes boquetes en su fachada pero los trabajos de demolición se paralizaron el mismo día ante la protesta de los vecinos y asociaciones patrimonialistas, que llegaron incluso a llamar a la Policía Local.

Las máquinas han comenzado a trabajar en un lateral del edificio.

Las máquinas han comenzado a trabajar en un lateral del edificio. / SERVICIO ESPECIAL

"No entiendo nada de arquitectura, pero parece que la demolición solo es para hacer más ancha la avenida, aunque realmente no tengo conocimiento para opinar y es normal que exista una polémica, siempre hay muchos puntos de vista", alega el vecino de una calle cercana, Pedro Fau. Contempla con atención la retirada de escombros, al igual que muchos de los paseantes.

Una vez procedido al vaciado del interior será el momento de actuar en los elementos de fibrocemento que contiene la estructura. Esta fase también se demorará durante varias semanas debido al trabajo técnico que se debe de hacer en su interior y a los requisitos fitosanitarios que requiere la manipulación de estos contaminantes.

Tras ellos se planteará la entrada con maquinaria pesada en una última fase más delicada que las anteriores. Para eso, como sucede en otras demoliciones de envergadura, será necesario asegurar el perímetro y limitar el paso de peatones por las cercanías. Hasta el momento no hay fecha definitiva para este momento.

La amenaza de la piqueta a la que se enfrenta se debe a que el inmueble no cuenta con protección municipal ni autonómica, pero está catalogado por la fundación Docomomo Ibérica para proteger la arquitectura contemporánea. El edificio de González Cruz se levantó junto a las vías del tren para facilitar el reparto y clasificación del correo, una función que perdió con el paso del tiempo para ser completamente desalojado el pasado mes de noviembre. Así quedó abandonada la gran muestra zaragozana del brutalismo, un estilo reivindicado en los ambientes más jóvenes y en el mundo audiovisual, pero habitualmente denostado. Sus defensores destacan que la rotundidad de sus volúmenes ofrecen inesperadas soluciones plásticas que evocan referentes estéticos muy apreciados. 

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