Los palacios y edificios que Zaragoza rescató antes de que Fuenclara pueda convertirse en hotel
En Zaragoza capital hay muchos ejemplos de qué hacer con el patrimonio y qué usos pueden darse a estos edificios

El Periódico de Aragón

La opción de reconvertir el palacio de Fuenclara en un hotel en Zaragoza está encima de la mesa y, si se consuma esta vía, sería una novedad en lo que respecta a la gestión del patrimonio público en la capital aragonesa, no así en Aragón, puesto que ahí esta la antigua estación de Canfranc. Sin embargo, sí que hay ejemplos en la ciudad de operaciones similares, algunas muy recientes y que sirvieron también para sacar del olvido edificios que llevaban lustros acumulando polvo.
El caso más reciente es el del antiguo cuartel de Pontoneros, que desde hace tres años alberga una residencia de estudiantes construida por la multinacional belga Xior mediante la fórmula de la cesión del derecho de superficie, la misma que se ha utilizado en la operación Romareda.
El edificio del antiguo cuartel de Pontoneros data en origen del siglo XVIII y fue adquirido por el ayuntamiento durante la Transición, con la denominada Operación Cuarteles. Parte del inmueble se ocupó con dependencias municipales y oficinas, pero gran parte se quedó vacío durante décadas hasta que se entregó a Xior.

Cuartel de Pontoneros reconvertido en residencia de estudiantes. / Jaime Galindo.
Esta opción es la predilecta de los Gobiernos liberales y socialdemócratas en los últimos tiempos. Le llaman «colaboración público-privada» y consiste en ahorrarse una inversión necesaria entregando un edificio o un servicio a un ente privado. Este se encarga de adelantar el dinero y ejecutar el gasto a cambio, eso sí, de los beneficios que consiga con la explotación. Un win-win en toda regla, defienden algunos, y una privatización, critican otros.
En el pasado, no obstante, cuando las administraciones comenzaron a prestar cada vez más servicios con la llegada de la democracia, se utilizaron muchos edificios patrimoniales como sedes públicas. En Zaragoza hay muchos ejemplos de palacios renacentistas o medievales, como es el de Fuenclara, que son hoy espacios públicos con sedes administrativas o con usos culturales.
Museos y salas de exposiciones
Muy cerca de la calle Fuenclara está por ejemplo el museo Pablo Gargallo, en la plaza San Felipe y que ocupa el palacio de Argillo, también del siglo XVII. En origen fue la casa del noble Don Francisco Sanz de Cortés, un infanzón zaragozano que hizo fortuna. En el siglo XIX, el edificio se utilizaba como colegio y ya en 1943 se declara Monumento Nacional. Después fue utilizado como sede de la ONCE y luego se abandonó hasta que en los años 70 el ayuntamiento, ya en democracia, inició el camino hacia su restauración y reconversión en museo.
Justo en frente está el Torreón Fortea, que supone otro muy buen ejemplo del uso y recuperación del patrimonio como edificio público. Ahí dentro está la sede de Zaragoza Cultural y los sótanos albergan, además, salas de exposiciones. El torreón, del siglo XV, tan solo estuvo en desuso una década. El ayuntamiento lo compró en 1981 y lo reabrió diez años después. En esta serie de edificios con siglos de historia y que dan cabida hoy a las dependencias consistoriales cabe señalar también la Casa de los Morlanes, en la plaza San Carlos, uno de los palacios zaragozanos con las fachadas más bonitas gracias a las representaciones iconográficas que flanquean los ventanales.

Palacio de Montemuzo / SIPCA
Los tres edificios, la Casa de los Morlanes, el Torreón Fortea y el Museo Pablo Gargallo, tienen además otras dos cosas en común: que no se vendieron para construir hoteles -eran otros tiempos en los que la colaboración público-privada no debía de estar tan de moda- y que fueron restaurados y recuperados con un gusto impecable por el arquitecto Ángel Peropadre, quien también dirigió las obras de restauración del palacio de La Aljafería, otra pieza de valor patrimonial incalculable y en la que, aunque no se puede pasar la noche en una cama king size, los diputados y diputadas aragonesas mantienen acaloradas discusiones. Otro ejemplo de palacio recuperado como sede administrativa y sala de exposiciones es el de Montemuzo, en la calle Santiago, que alberga oficinas y el Archivo Municipal. El inmueble se declaró en ruina en los 70, el ayuntamiento lo compró en los 80, y lo reabrió en los 90 tras una reforma que costó 318 millones de pesetas.
Hay más ejemplos en la ciudad de Zaragoza y ejecutados por su ilustre ayuntamiento. Ahí están el edificio del Seminario, en Vía Hispanidad, segunda sede de la Casa Consistorial, el torreón de La Zuda o la Casa Solans, en la avenida Cataluña. Todas son muestra de cómo el ayuntamiento apostó por la conservación del patrimonio de todos mediante sus propios medios adaptando los usos de estos edificios y, en ocasiones, abriéndolos a la ciudadanía.
Giesa y el Buñuel
Esos tiempos quedan lejos aunque a día de hoy todavía pueden rescatarse algunos ejemplos, aunque no sean del todo certeros. Es el caso de la reconversión de la antigua fábrica de Giesa en la ciudad del cine, en la que el ayuntamiento está invirtiendo 20 millones de dinero público. Parte del edificio seguirá siendo público, pues se convertirá en la nueva sede de la Filmoteca de Zaragoza, pero el grueso de la gestión del inmenso inmueble se externalizará y se entregará a una empresa para que explote y alquile los platós que se están levantando a cambio de un canon de 8 millones de euros que se pagará a lo largo de 30 años. Eso, claro, si se consigue firmar el contrato de cesión de las instalaciones después de que el concurso se declarara desierto, lo que ha obligado al Gobierno municipal a acudir a la adjudicación directa.
También resulta significativo el caso del antiguo instituto Luis Buñuel, en la plaza Santo Domingo, que en su día llegó a ser la sede del Ayuntamiento de Zaragoza y que estuvo en desuso entre 2005 y 2013, cuando se okupó para crear un centro social comunitario que se desalojó en el mandato anterior para abrir un centro de convivencia de mayores y un centro cívico, un camino similar al que llevará otro edificio con un importante valor patrimonial e histórico, o al menos eso es lo que el PP quiere para el futuro de la antigua cárcel de Torrero.
Muy cerca del Buñuel está el antiguo refectorio del convento de los Predicadores, que hoy es el Centro de Documentación del Agua y el Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza y una de las bibliotecas más bonitas de toda la ciudad, que se restauró con dinero público (de la UE) y que tampoco acabó convertida en un hotel. Ni serán un hotel, a pesar de su ubicación, los antiguos juzgados de la plaza del Pilar, donde el Gobierno de Aragón abrirá un centro expositivo dedicado a Goya.
Por el camino se han quedado, no obstante, otros edificios que, pese a que no están tan mal conservados como Fuenclara, están pendientes todavía de reabrirse al público. Es el caso de la antigua Escuela de Artes y Oficios, en la plaza de Los Sitios, el taller de los Hermanos Albareda, muy cerca de allí, y la Posada de Las Almas, este último de titularidad privada pero cerrado desde hace años.
Habrá que esperar para saber en qué acaba convertido Fuenclara, pero será mucho el dinero que haga falta para su restauración. Otra cosa será quién lo paga.
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