El 'poblado americano' de Zaragoza que está "harto" de que no le hagan caso: "No nos reciben. No hay manera"
Esta urbanización lleva años luchando para mejorar las conexiones peatonales y con transporte público con el resto de la ciudad. Esta es su historia

Rubén Ruiz

Se trata de uno de los entornos más singulares de Zaragoza en lo que al urbanismo se refiere y así lo reconoce el Plan General de Ordenación Urbana, que le otorga la categoría de Conjunto Urbano de Interés. La urbanización Torres de San Lamberto se levantó en los años 50 del siglo pasado para alojar a los altos mandos del ejército estadounidense que iban a llegar a vivir a la capital aragonesa con la instalación en la ciudad de la base aérea. Fueron en principio 42 edificios los que conformaron este pequeño barrio al que, por motivos obvios, se le empezó a llamar el poblado americano. Hoy casi, 70 años después de su construcción, sus vecinos se muestran hartos de llamar a las puertas del consistorio y que nadie responda al otro lado.
"No nos reciben, no hay manera. Me he intentado comunicar con ellos mil veces en los últimos meses. Me han dicho que ya le han pasado el recado a la persona encargada de llevar las agendas, pero desde Navidad ya ni descuelgan el teléfono", lamenta María Jesús Trébol, presidenta de la asociación de vecinos Silveria Fañanás. Y es que en esta urbanización, que pese a su cercanía con el barrio de Miralbueno pertenece al distrito de La Almozara, son dos los grandes asuntos que preocupan a sus vecinos: el transporte público y el estado de las aceras que caen en su lado de la carretera de Logroño y que les tendrían que conectar con todo el entorno del centro comercial Augusta.

Bloque de pisos en la calle Silveria Fañanás en Torres de San Lamberto. / RUBEN RUIZ
La del transporte público es una guerra larga. Desde 2017 tenían aprobada una línea que les conectara con el centro de salud de Miralbueno, que es el de referencia para esta urbanización, pero no fue hasta el año pasado cuando se puso en marcha esa ampliación. Ahora, lo que reclaman al Consorcio de Transportes del Área de Zaragoza (CTAZ) es incrementar el número de paradas de ese mismo recorrido (línea 601) que es el que les conecta con el centro de la ciudad en el entorno del Portillo para garantizar que el servicio es útil para los vecinos. "Como somos pocos, si encima no lo utilizamos porque no nos sirve, tememos que puedan recortar el servicio", explica Trébol. "He llamado 40 veces", lamenta.
¿Y cómo es vivir en esta urbanización? "Yo llevo ya 40 años viviendo en San Lamberto, camino de los 41. Cuando llegas aquí y ves tanto verde, tanto jardín, nada de ruido, ves a los chicos de 7 y 10 años jugando por las calles tranquilos porque hay un guardia... pues piensas que esto es el paraíso. Se está muy bien. Pero cuando tienes que ir a trabajar y dependes de un bus como el Casetero ya... Sabes cuándo te vas, pero no cuando vas a volver", explica.
La historia
La urbanización se planteó en inicio en torno a una calle en forma de herradura, con las casas al más puro estilo californiano, dispuestas a los lados de esta larga calle. Más tarde se aprobó una segunda fase de construcciones y se levantó el edificio de pisos que queda entre la carretera de Logroño y la calle Silveria Fañanás, que se podría considerar la arteria principal de este mini barrio.
Esta calle, no obstante, es de titularidad privada aunque sea de uso público. Es decir, su mantenimiento depende de la urbanización y no del ayuntamiento. Esto implica que hasta hace no tanto, los servicios municipales de limpieza no pasaban por aquí, algo que la lucha vecinal consiguió cambiar. Y es que Silveria Fañanás, por su aspecto, es una calle como todas las demás y hay incluso locales comerciales, un par de bares abiertos y hasta una farmacia. Hace unos años lograron también que el ayuntamiento instalara contenedores de basura. "Estaría bien también que trajeran un punto limpio portátil aunque fuera dos veces al mes", añade.

Entrada a la urbanización Torres de San Lamberto. / RUBEN RUIZ
De ahí que Trébol quiera que la calle se ceda al ayuntamiento, aunque esta ahora no es la mayor de sus preocupaciones. Le preocupa bastante más el estado de la acera que les separa con la carretera de Logroño y es que hay tramos en los que ni existe. "La diferencia con el lado de Miralbueno es enorme. Cruzas y todo está en su sitio, el paseo es agradable. En nuestro lado hay que ir sorteando suciedad, surcos y coches porque hay partes en las que no te queda otra que andar por la calzada", explica.
A eso hay que añadir la basura que se acumula en el entorno de la parada del bus, donde se han llegado a ver ratas. Hace un par de años además, hubo un incendió que calcinó varios de los cipreses que servían como barrera visual entre la urbanización y la carretera.
Las aceras de las carreteras
El problema para arreglar y limpiar las aceras es que las administraciones echan balones fuera y señalan al contrario a la hora de emprender cualquier tipo de actuación. Trébol explica que cuenta con un escrito remitido por el Ministerio de Trasnportes que señala que el mantenimiento de cualquier vía, pese a que tenga consideración de carretera, que esté dentro de la trama urbana, depeden de de los consistorios. A esta asociación de vecinos le da igual quién, pero quieren una solución, de ahí que la presidenta de esta entidad lleve meses buscando una reunión con Urbanismo.
Dentro, Torres de San Lamberto es un lugar agradable. Las casas que aquí se venden parten de los 350.000 euros. Y de ahí para arriba. La urbanización cuenta con canchas deportivas, zonas verdes y hasta incluso una farmacia. De los americanos ya no queda ni rastro, pero del compromiso de escucha de las administraciones con estos vecinos tampoco.
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