El barrio que ayudó a crecer a Zaragoza y al que ya apenas nadie puede ir a vivir
La asociación vecinal del distrito reclama además una residencia pública

MIGUEL ANGEL GRACIA

Primero fueron las parroquias de San Pablo y San Miguel, después el Arrabal y más tarde el ensanche que se abrió hacia el sur a través de lo que hoy es el paseo Independencia, la plaza de Los Sitios y el paseo Sagasta. Zaragoza ha idro creciendo de forma más o menos ordenada en función de las épocas y las necesidades, pero no fue hasta el siglo XX cuando se organizó la gran expansión mucho antes de que en la capital aragonesa nadie hablara de nuevos desarrollos como Arcosur y Parque Venecia.
A mediados de los años 50 del siglo pasado Zaragoza, como otras capitales de provincia, comenzó a recibir migrantes del campo español llamados por el empleo en las fábricas que comenzaron a instalarse en lo que entonces era la periferia de las ciudades. Los barrios obreros se urbanizaron sobre la marcha y al calor de la llegada de miles de nuevos vecinos procedentes de áreas rurales. Sin embargo, en los años 70 alguien pensó que había que comenzar a poner algo de orden en la ciudad y, dadas las necesidades de vivienda, se diseñó una Actuación Urbanística Urgente: el Actur según el acrónimo.
Así nació el primer gran desarrollo del siglo XX en Zaragoza y que sirvió de ejemplo después para futuras ampliaciones de la ciudad. El barrio se diseñó en torno a una gran avenida central que se destinó a equipamientos comerciales (Gran Casa) y públicos, como es la que sigue a las torres del WTCZ y que jamás se ha construido. De arteria central, compuesta por las avenidas Gertrudis Gómez de Avellaneda y María Zambrano, parten vías en perpendicular en las que se disponen los bloques de viviendas en calles con aceras anchas, zonas ajardinadas y peatonales y también aparcamientos al aire libre. Todo pensado para la comodidad de los vecinos y la ordenación del espacio público.

Imagen aérea del barrio del Actur con Grancasa en el centro. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Este modelo sirvió después en otros desarrollos que se realizaron más adelante, como es el caso de Valdespartera, un barrio que quedó unido con el Actur gracias a la línea 1 del tranvía, siendo dos de los distritos mejor conectados de la ciudad gracias a los convoyes.
El Actur cuenta también con equipamientos deportivos, centro de mayores, centro cívicos, centros de salud, colegios e institutos pero con la evolución del barrio y el paso de los años han surgido nuevas necesidades que no están cubiertas. Es el caso de una residencia de mayores pública, una reivindicación de la asociación de vecinos del barrio que lleva tiempo denunciando "los incumplimientos" de las administraciones para cumplir con esta promesa con la que se comprometieron los partidos políticos en la última campaña electoral.
22% de la población
Y es que en este distrito, que tiene unos 60.000 habitantes, cuenta con un 22% de población mayor de 65 años, lo que equivale a más de 11.000 potenciales usuarios de esa residencia que ansían los vecinos y que tendría que levantarse en un solar de 4.800 metros cuadrados en la calle Alejandro Casona, en una parcela propiedad del Ministerio de Defensa y cuya cesión al Gobierno de Aragón lleva tiempo atascada.

Calle Gertrudis Gómez de Avellaneda. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Otro de los problemas de la zona, aunque este es compartido con el resto de distritos de la ciudad y con otras urbes de España, es la vivienda. Resulta paradójico que un barrio que nació para paliar la falta de oferta residencial hoy apenas pueda acoger a más vecinos. Un rápido vistazo por los portales inmobiliarios más populares permite comprobarlo: en todo el distrito, y eso que es uno de los más grandes en extensión de Zaragoza, apenas hay 22 pisos a la venta. Y el más barato cuesta más de 210.000 euros.
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