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La historia de centro social okupado Kike Mur: 16 años de cultura y solidaridad en la cárcel de Torrero

El Ayuntamiento de Zaragoza amenaza con el desmantelamiento del espacio alternativo para construir un centro de mayores

Interior de la cácel de Torrero donde se encuentra el centro social okupado Kike Mur.

Interior de la cácel de Torrero donde se encuentra el centro social okupado Kike Mur. / Miguel Ángel Gracia

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David Chic

David Chic

Zaragoza

El barrio de Torrero ha estado marcado desde su origen por el cementerio y la cárcel. Don espacios urbanos que han modelado su carácter, dotando al distrito de un espíritu rebelde del que carecen otras áreas de la ciudad. La desaparición del centro penitenciario dejó un vacío urbano que hace más de quince años fue okupado por varios colectivos sociales, levantando el proyecto del centro social Kike Mur, actualmente en riesgo de desalojo por parte del Ayuntamiento de Zaragoza. Por el momento, el espacio social, referente en el movimiento vecinal, ha recibido el apoyo de las entidades y argumentan que no están dispuestos a aceptar su expulsión. "No vamos a marcharnos voluntariamente ni a facilitar una operación que pretende borrar más de quince años de trabajo colectivo, memoria y lucha", han asegurado.

El centro social lleva el nombre de Enrique Mur Zubillaga, un joven insumiso al servicio militar que murió en la prisión de Torrero en septiembre de 1997. Su muerte, ocurrida en circunstancias denunciadas por sus compañeros como "negligencia médica y falta de asistencia" por parte de las autoridades carcelarias, se convirtió en un símbolo de la activa lucha antimilitarista en la capital aragonesa y contra el sistema penitenciario en España. La okupación del viejo edificio de estilo neomudéjar y declarado Bien de Interés Cultural (BIC) se produjo el 21 de octubre de 2010, nueve años después del cierre de la prisión y coincidiendo con el desalojo de centro social La vieja escuela, en el antiguo colegio Lestonnac.

Puerta de acceso al centro social de Zaragoza.

Puerta de acceso al centro social de Zaragoza. / Pablo Ibáñez

En sus años de funcionamiento, el lugar se ha convertido en un centro de cultura libre y autogestión para el barrio. En su interior se realizan conferencias, ensayos teatrales, festivales y actividades al amparo del tejido vecinal. Dispone de una biblioteca, de taller de bicis, de un gimnasio popular y hasta una tienda gratis. "Se ha mantenido por el esfuerzo de una serie de jóvenes a los que ahora se está denostando sin valorar su esfuerzo y trabajo constante, la del Kike Mur es una experiencia que es necesario reconocer", afirma desde la asociación El cantero, Josan Pérez.

A lo largo de los años, el centro ha enfrentado constantes amenazas judiciales y políticas por su labor a contracorriente. En el 2011 sufrieron un desalojo violento que fue seguido por una gran manifestación unos días después en la que los colectivos anarquistas entraron de nuevo en el edificio. Posteriormente, entre los años 2019 y 2023 hubo una fuerte presión por parte del ayuntamiento para clausurarlo. Sin embargo, el arraigo en el barrio y las movilizaciones vecinales lograron frenar los procesos en varias ocasiones, algo que esperan lograr ante la nueva petición de desmantelamiento.

"El Kike Mur no es un edificio vacío ni privativo, al contrario, es un espacio vivo, con una actividad constante y abierto al barrio", afirman sus defensores. Además, recuerdan que si no fuera por este uso el propio edificio se hubiera degradado como pasa con otros lugares de la ciudad.

El centro social okupado Kike Mur ha sido lugar de encuentro y reunión para multitud de colectivos políticos, culturales y sociales de la ciudad. "Hemos sido lugar de múltiples acciones solidarias a favor de las migrantes, las presas, las represaliadas, punto de apoyo para la dana o para el movimiento de ayuda a refugiadas", han destacado los integrantes de la asamblea en un comunicado esta semana.

Una de las actividades vecinales organizadas en el interior de la Kike Mur.

Una de las actividades vecinales organizadas en el interior de la Kike Mur. / Miguel Ángel Gracia

Las entidades vecinales que se han mostrado favorables al centro social indican que el anuncio del Ayuntamiento de Zaragoza de impulsar el desalojo, en el marco del proyecto para transformar la antigua cárcel en un centro de mayores, "no es una decisión técnica ni una necesidad social urgente". Explican que esta medida "es una decisión política, que responde a una ofensiva sostenida contra los espacios autogestionados de la ciudad", como ya hizo con el Luis Buñuel, la Harinera, las zonas jóvenes, el centro social Loira y La fábrika de chocolate, recientemente desmantelados.

Los integrantes de la Kike Mur defienden su actividad y el trabajo de estos 16 años por haber sido "lugar de reunión y exposición para todo artista que nunca ha encontrado su sitio, lugar de cooperación, de conspiraciones y organización, de apoyo mutuo, de autogestión y de ocio no normativo ni mercantilizado. Un lugar, en definitiva al margen del sistema establecido". Sin embargo, en todas las actividades se han mantenido las puertas abiertas para cualquier persona que hubiera estado interesado en ellas. "Estamos ante una experiencia comunitaria de muchos años que es necesario defender", insiste Pérez.

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