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El padre Lucas, un sacerdote católico chino en Zaragoza: "El encuentro entre culturas no puede vivirse con miedo, es una oportunidad"

El sacerdote chino Dongyang Zan dedica su labor en Zaragoza a integrar a la comunidad católica de su país en la capital aragonesa

El padre Lucas, sentado ante el altar de la parroquia de San Valero.

El padre Lucas, sentado ante el altar de la parroquia de San Valero. / PABLO IBÁÑEZ

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Sentado en un despacho de la sacristía, recibe a sus visitas sonriendo. El padre Lucas Zan es uno de los sacerdotes de la parroquia de San Valero, situada en el corazón del populoso barrio de Delicias, en Zaragoza. Su nombre real, con el que le bautizaron, es otro, reconoce sonriendo. Lucas lo utiliza para que los españoles tengan más fácil poder apelarle. "Soy chino, te has dado cuenta", ríe, cuando se le pregunta por su nombre real haciendo gala de aquello que defendía con tesón el papa Francisco, defensor a ultranza del sentido del humor. Este sacerdote se llama Dongyang Zan y nació en Xian, China.

Dongyang tiene 53 años. Fue ordenado sacerdote en China en 1998 y llegó a España en 2008, cuando vino a estudiar Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Terminó y vino a Zaragozaporque en la capital aragonesa buscaban sacerdotes que supieran chino para atender a una creciente comunidad católica china local, una comunidad que se había establecido y formalizado pocos años antes, en 2009, gracias al sacerdote Don Esteban Arnaz, quien tenía experiencia como misionero en Taiwan.

El padre Lucas, junto a una virgen María con rasgos asiáticos.

El padre Lucas, junto a una virgen María con rasgos asiáticos. / PABLO IBÁÑEZ

"Mi misión aquí no solo consiste en celebrar los actos litúrgicos, mi misión aquí es acompañar, escuchar, estar presente en las dificultades de la vida cotidiana", explica el padre Lucas, quien explica que su trabajo pastoral tiene dos dimensiones. "Como todos los sacerdotes estoy al servicio de la iglesia local. Atiendo a los fieles, me encargo de la eucaristía, doy confesión, acompaño a los enfermos, animo los grupos parroquiales...", cuenta. Pero entre todas sus labores hay una muy especial y por la que vino hasta Zaragoza: "Para mí es muy importante que la comunidad católica china de esta ciudad no esté aislada. Son una parte más de esta parroquia y me preocupo por que estén integrados en la vida local de la ciudad", comenta este sacerdote.

En China hay 13 millones de católicos, que pueden parecer muchos en número pero tan solo representan el 1% de la población del gigante asiático. En Zaragoza, son unos 100 los que acuden a misa cada domingo, "aunque son más pero no pueden venir porque viven en otros barrios o por trabajo", explica el padre Lucas. Cada domingo imparte misa a las 17.30 horas en chino. "Es muy importante poder rezar en tu idioma. Ayuda a que las familias puedan rezar juntas. A veces veo que hay españoles también sentados entre el público y luego les pregunto si han entendido algo. Me dicen que ni papa -ríe-, pero que les parece curioso venir a escucharme". Desde que está en Zaragoza, cuenta este párroco, cada vez son más los bautizos de ciudadanos adultos chinos que se hacen católicos. "Muchos se acercan a la Iglesia por la curiosidad y por el testimonio de los chinos que ya forman parte de ella", cuenta.

Integración

El discurso de Lucas es muy importante y ayuda a romper estigmas. "Los españoles creen que los chinos viven en un gueto, que no se relacionan porque van a lo suyo. Eso no es así, a los chinos les encantaría mezclarse más con los españoles, pero han tenido muchas dificultades con el idioma y con el proceso de integración social y cultural", comenta.

De ahí que su empeño como pastor de la Iglesia esté también fuera de los muros del templo. "Mi misión es acompañar a la comunidad católica china en la vida cotidiana. Les acompaño al médico si hace falta porque muchos no saben expresarse en castellano. Escucho sus preocupaciones. Intento estar disponible siempre, incluso de madrugada por si necesitan que les acompañe a Urgencias, por ejemplo", dice.

El padre Lucas, en su despacho en la sacristía de la parroquia de San Valero.

El padre Lucas, en su despacho en la sacristía de la parroquia de San Valero. / PABLO IBÁÑEZ

En esta labor, el padre Lucas visita a muchas familias en sus casas también en sus lugares de trabajo. La primera generación de chinos que llegó a España trabaja muchas horas porque quieren un futuro mejor para sus hijos pero eso hace que tengan poco tiempo de vida social, familiar y religiosa y esa primera generación es la que más dificultades ha tenido, por eso mi labor no solo es traducir, es acompañar. No buscan soluciones prácticas, necesitan a alguien que les escuche con paciencia. Existe mucha soledad entre esa primera generación y mucha presión laboral y a veces con una charla sienten mucho alivio y compasión", relata. Por eso, el momento de las misas va más allá de lo litúrgico. "Es un momento de encuentro para ellos", dice.

En la parroquia de San Valero también se da catequesis en chino a los hijos de los migrantes que todavía no controlan el idioma. "Sus padres no hablan español y es muy importante que puedan compartir y vivir la fe en familia", explica el padre Lucas. En la iglesia cuentan también con una imagen de la virgen y el niño Jesús pero con rasgos chinos. "Es para que los sientan más cerca, pero son los mismos. Es la misma María y el mismo Jesús al que rezan los españoles", dice sonriendo. La misa y la liturgia, señala, es exactamente igual. Solo cambia el idioma.

Imagen de una virgen María china en la parroquia de San Valero, en Zaragoza.

Imagen de una virgen María china en la parroquia de San Valero, en Zaragoza. / PABLO IBÁÑEZ

En todo este tiempo, el padre Lucas ha aprendido mucho. Español, en primer lugar, un idioma que habla con fluidez. "Tras doce años en la misma parroquia puedo decir que la Iglesia es universal. Da igual que seas chino, europeo o africano. La fe nos ayuda a construir puentes. El encuentro de culturas diferentes no tendría que vivirse con miedo, sino como una oportunidad para enriquecernos y conseguir una sociedad más humana", zanja.

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