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Zaragozeando

Con las manos en el barro: los talleres de cerámica se viralizan en Zaragoza

Los talleres de cerámica favorecen encuentros inesperados y un refugio en tiempos de inteligencia artificial para las personas que buscan conectar con los trabajos artesanales.

La artesana Violeta Bourrut Lacouture en su taller de cerámica La nectarina.

La artesana Violeta Bourrut Lacouture en su taller de cerámica La nectarina. / Javier Río

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David Chic

David Chic

Zaragoza

Trabajar con las manos. Tener un momento de unión. Un rato con uno mismo. Modelar, dar forma a las ideas. Hacer regalos sin tener que comprarlos. Detrás del auge de los talleres de cerámica que está viviendo Zaragoza en los últimos años se encuentran un sin fin de sensaciones y de pausar el ritmo frenético de la actualidad. Así lo definen las impulsoras de locales como La benditera, La nectarina, Artesanía Aliaga, Pizco, Apéttic Ceramics o La Bottega di Pali. Todos ellos comparten un espiritu artesanal y ganas de crear comunidad alrededor del barro.

En la calle Cantín y Gamboa llama la atención la decoración de los dos locales frente a frente que tiene La benditera. Marcos de arcilla, bebederos para pájaros, letras coloridas. El taller huele a barro y en las estanterías se apilan los platos, obras de arte y jarrones creados por los alumnos y la propia Aranzazu Lafarga, creadora del espacio. «La cerámica es una vía de escape, un momento para estar contigo misma», indica.

La artesana Aranzazu Lafarga en La benditera, en Zaragoza.

La artesana Aranzazu Lafarga en La benditera, en Zaragoza. / Rubén Ruiz

La benditera es uno de los talleres de cerámica pioneros en Zaragoza con más de cinco años a sus espaldas. «La idea me llegó acompañada de un montón de emociones», recuerda. «Yo estudié cerámica muy joven, pero me dediqué profesionalmente a otras cosas pues en ese momento no me supe guiar», reconoce.

Sin embargo, nunca dejó de buscar momentos para modelar, participar en mercadillos o en cursos, aunque sin encontrar ningún taller que se ajustara a sus necesidades reales. En algunos casos la oferta era demasiado rígida y profesional, o demasiado especializada. Por eso consideró que podía apostar en Zaragoza por un lugar abierto en el que encontrar todo lo necesario para adentrarse sin presión en la disciplina. «Para hacer cerámica hace falta espacio, para los hornos, para los esmaltes y los materiales, por eso los talleres tienen tanta aceptación», considera. Para ella el barro es «tan limpio como sucio».

La afición por la cerámica le llegó de la mano de su bisabuela. Lafarga recuerda que tras el atropello de un coche necesitó estar de recuperación casi un año en la cama. En ese momento recibía esa visita que la invitaba a modelar ne compañía. «Aquellos momentos me gustaban mucho, ella siempre estaba haciendo cosas con las manos», recuerda.

Una asistente a los talleres de La benditera, en Zaragoza.

Una asistente a los talleres de La benditera, en Zaragoza. / Rubén Ruiz

Los talleres de La Benditera buscan ofrecer opciones adaptados al ritmo de vida actual. Su propuesta principal se resume en una máxima: «Ven cuando quieras». El taller funciona mediante bonos de 10, 20 o 30 horas. Se trata de una tarifa «todo incluido» que cubre desde el uso de los esmaltes y las clases hasta la totalidad de los materiales necesarios.

La clave reside en la libertad horaria. Los alumnos pueden acudir al taller en cualquier momento dentro de su horario de apertura, ya sea una hora un miércoles o una mañana de martes, sin necesidad de dar explicaciones si llegan tarde o cambian sus planes. «Lo ideal es centrarse en la creación artística sin que sea una carga de trabajo», explica.

Para Lafarga es una buena noticia que existan tantas opciones en Zaragoza para crear piezas con las manos. «Siempre hemos sido una ciudad de cerámica, con todo lo que conlleva», reconoce. Destaca que se ha establecido un ecosistema cultural que se vive con cordialidad y simpatía. «Muchas de las personas que han montado sus talleres han trabajado aquí conmigo, han sido alumnas mías, además, nos llamamos para consultarnos técnicas y dar soluciones a los problemas que se presentan», explica.

Fachada de La nectaria en Zaragoza.

Fachada de La nectaria en Zaragoza. / Javier Río

Un nectarino preside el patio del taller La nectarina, una de las últimas incorporaciones al ecosistema del barro en Zaragoza. La ceramista Violeta Bourrut Lacouture es la impulsora de este lugar en la calle Sepulcro repleto de pequeñas joyas realizadas con mimo. «La gente tiene ganas un poco de encontrar espacios en los que crear comunidad, por eso además de hacer barro, que te baja mucho la tierra y te desconectar, también se crea un ambiente muy bueno en el que puedes conocer a gente que tiene las mismas inquietudes que tú», señala. Además, evidencia que la mayoría de las personas que acude a los talleres regulares son chicas, muchas de ellas sanitarias o profesoras. Solo cuando se hacen actividades de grupo suelen aparecer más varones.

«En un mundo lleno de inteligencia artificial se valora mucho hacer algo con las manos, algo real», indica esta diseñadora que llegó a la cerámica tras pasar por el diseño gráfico. Con el tiempo ha descubierto que esta disciplina artesanal «es infinita», como demuestran los paltos, pendientes, macetas, esculturas y complementos que llenan las estanterías del luminoso local.

El local de Appétit Ceramics en la calle Doctor Cerrada de Zaragoza.

El local de Appétit Ceramics en la calle Doctor Cerrada de Zaragoza. / El Periódico de Aragón

Otro de los muchos espacios en los que se puede hacer cerámica en Zaragoza se encuentra en la calle Doctor Cerrada. Se trata de Appétit Ceramics, con talleres similares en otras seis ciudades de España. «Hemos visto que en Zaragoza es de los lugares donde más éxito tenemos», indica su fundadora Ana Crespo. Comparte la sensación de que es la necesidad «de hacer cosas con las manos» la que está detrás de la viralización de estas propuestas.

En el caso del local del centro de la capital aragonesa buscan hacer algo diferente de la competencia ofreciendo hacer piezas en gres, cuando normalmente se trabaja con loza. «Tratamos de diferenciarnos y de ofrecer un producto que tiene un gran acabado y durabilidad», considera.

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