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El puente de Zaragoza que cumple 35 años sin coches particulares: la historia de un símbolo con más de 500 años de historia

La infraestructura, que data del siglo XV, fue sometida a una reforma integral en 1991 que modificó su uso y estética, pero el debate sobre su peatonalización nunca se ha apagado

Así era el puente de Piedra antes de su última gran reforma

El Periódico de Aragón

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Es el puente más antiguo que queda sobre el Ebro a su paso por Zaragoza y, ya cuando se construyó en el siglo XV se convirtió en uno de los principales ejes de conexión de los territorios del reino de Aragón. Hoy en día su importancia la comparte con otras tantas pasarelas y cruces que permiten sortear el Ebro por lo alto, pero aun así, el puente de Piedra sigue siendo una vía fundamental, por ejemplo, en la red de autobuses de la capital aragonesa, que son los únicos vehículos a motor junto a los taxis que pueden atravesarlo. Esto es así desde la última gran reforma a la que se sometió a esta infraestructura, una obra que se culminó en 1991, hace ahora 35 años.

Aquel año, no obstante, no solo se transformó el puente de Piedra y es que la reforma de esta icónica infraestructura, que cuenta con las mejores vistas de la ciudad, se solapó con un proceso mucho más global de cambio en el Casco Histórico de la capital aragonesa. Para entonces se estaban levantando también las viviendas públicas de la plaza San Bruno, se estaban construyendo los carriles de circulación que acompañan desde entonces al puente de Hierro y se estaba rehabilitando la plaza del Pilar, que se reabrió a los ciudadanos el mismo día que se reestrenó el puente de Piedra, el 8 de mayo de aquel 1991. Durante las obras, por cierto, se siguió permitiendo el paso a los ciudadanos a través de una estructura sobreelevada.

La transformación del puente de Piedra, por tanto, fue tan solo una parte más de una operación mucho más completa pero que de por sí tuvo mucha importancia. De inicio, la reforma, diseñada por el ilustre arquitecto José Manuel Pérez Latorre, autor entre otros edificios del Auditorio de Zaragoza, se planteó para sacar el tráfico rodado de esta infraestructura que data del siglo XV, pero el consistorio se echó atrás y finalmente permitió el tránsito de autobuses y taxis para facilitar las comunicaciones entre la Margen Izquierda y el centro de la ciudad.

El debate eterno y ¿finalizado?

Sin embargo, el debate de la peatonalización del puente de Piedra siempre ha sobrevolado la casa consistorial. Los vecinos del Rabal se niegan en rotundo porque supondría desviar los buses por otros puentes de la ciudad, lo que alargaría los tiempos de los trayectos. Y la actual alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, también prometió en la precampaña de las elecciones municipales de 2023 que no cortaría el paso a los buses por el puente. "Voy a dejar claro lo que ya he dicho en varias ocasiones: ni se ha peatonalizado ni se va a peatonalizar el puente de Piedra", dejó escrito en su perfil de X cuando todavía era concejala de Movilidad.

La afirmación de Chueca no surgió de la nada y es que vino a responder a una información publicada por este diario que demuestra que el debate sobre el paso de vehículos sobre el puente no se ha zanjado desde su última reforma. En aquella noticia, EL PERIÓDICO daba cuenta de un informe elaborado por funcionarios del área de Movilidad que establecía, de forma clara y rotunda que la peatonalización "es inevitable". "En algún momento, los zaragozanos deberán tomar la decisión de convertir el puente de Piedra en un puente solo peatonal, es cuestión de tiempo", dejaron escrito los técnicos municipales en aquel informe, fechado en enero de 2023.

Pero más allá de esta discusión, que posiblemente se reavivará de nuevo en los próximos meses con los trabajos que se encargarán para conocer el estado de la infraestructura -el consistorio insiste y afirma que no corre ningún peligro-, lo cierto es que las obras que se acometieron y terminaron hace ahora 35 años transformaron por completo la imagen de este puente inaugurado hace 586 años, el 5 de marzo de 1440.

Puente de Piedra con tres carriles de circulación hacia 1985, con el coche como actor predominante.

Puente de Piedra con tres carriles de circulación hacia 1985, con el coche como actor predominante. / GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA

Antes de las obras, el puente de Piedra era casi una autopista de tres carriles para los coches que daba acceso desde el norte de la ciudad no solo al corazón de la misma sino también a las salidas hacia el suroeste y el sureste de la capital aragonesa. Era un nodo de conexiones que se sustituyó, en parte, por la ampliación que se añadió al puente de Hierro. El puente contaba también con una acera a cada lado y una valla de barrotes que impedía que los peatones se cayeran.

Con la reforma se pusieron los cuatro famosos leones de Francisco Rallo Lahoz -emulando unos que habían desaparecido tiempo antes- y las farolas que ahora iluminan el paso. Se dio lustre a los 225 metros de longitud de un puente sostenido por ocho arcadas, si bien una está oculta bajo el paseo Echegaray.

La historia

Esa, no obstante, no fue la primera obra a la que se enfrentó el emblemático puente. A lo largo del siglo XX se intervino varias veces sobre la infraestructura, entre otras cosas para incrustar las vías férreas sobre las que circularon los tranvías que unieron el Arrabal con la Margen Derecha durante varias décadas. Y a principios del siglo pasado se derribaron las torres que flanqueaban las entradas a este paso sobre el Ebro que está protegido y catalogado como Bien de Interés Cultural.

En 1908, en el centenario de Los Sitios de Zaragoza, se colocó sobre el puente una cruz para conmemorar los asesinatos de Basilio Boggiero y Santiago Sas y un siglo antes, precisamente con la marcha del ejército napoleónico de la ciudad, los franceses dinamitaron la arcada que queda más cerca del Arrabal en su huida de la ciudad para evitar que les siguieran.

Además de por guerras, el puente también ha sufrido daños por riadas, siendo la más significativa la de 1643. La fuerza del agua se llevó las dos arcadas centrales del puente dejando una imagen que quedó para la posteridad gracias al pintor Juan Bautista Martínez del Mazo, autor de la obra Vista de Zaragoza (1647).

Vista de Zaragoza, 1647.

Vista de Zaragoza, 1647. / Juan Bautista Martínez del Mazo

Cinco años de su finalización, en 1435, se desplomó también la arcada central, motivo por el cual las Cortes del Reino de Aragón, reunidas en Alcañiz, acordaron conceder 8.000 sueldos a la ciudad como ayuda para la reconstrucción, según relata la investigadora María Teresa Iranzo Muñío en un artículo científico (El puente de Piedra de Zaragoza en la Baja Edad Media: la culminación de un proyecto ciudadano), lo que da cuenta de la importancia que se le dio a este proyecto que surgió precisamente de la necesidad de levantar una unión que conectara Zaragoza con su Margen Izquierda allá por donde previamente había habido un puente romano que fue destruido hacia el año 827 y que fue reconstruido en época de dominación islámica por Abd alRahman II en 839.

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