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La predicción astronómica que se oculta en el Pilar de Zaragoza: solo pasa cada 800 años

La fachada de la basílica alberga un crismón en el que se mezclan la simbología religiosa y la astronómica y que pertenecía al viejo templo románico.

La predicción astronómica que se oculta en el Pilar de Zaragoza

Jaime Galindo

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David Chic

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Zaragoza

Con buena parte de Aragón pendiente de los cielos a la espera del eclipse solar del próximo 12 de agosto, la predicción astronómica está más presente que nunca en las conversaciones cotidianas. La conjunción astronómica provocará un fenómeno inédito para el que miles de personas se desplazarán a muchos puntos de la comunidad. Desde la plaza del Pilar será difícil de observar, pero mirando a la fachada de la basílica del Pilar se puede encontrar la predicción de otro momento singular en el cielo que requiere esperar 800 años para poder verlo.

En la fachada del Pilar que da a la plaza se conserva integrado un crismón románico que formaba parte de la antigua iglesia de Santa María. Es el elemento más antiguo del templo y al mismo tiempo uno de los más misteriosos. Sobre todo por las múltiples interpretaciones teológicas y astronómicas que se pueden hacer de sus figuras. Flores, estrellas, ondas. Un jeroglífico "muy llamativo", según indican desde la Agrupación Astronómica Aragonesa.

El elemento escultórico se sitúa encima de una de las ventanas cercanas a la Puerta Baja, el nombre popular del acceso al templo que se encuentra más próximo al Ayuntamiento de Zaragoza. Según las descripciones históricas, este crismón estaba sobre la portada del templo románico de Santa María la Mayor y quizás esté en el mismo sitio en el que estuvo la puerta que daba acceso a la iglesia a finales del siglo XII, cuando se puso en marcha la construcción del edificio. Una interpretación habitual lo ha presentado como un símbolo de la victoria de los cristianos en su regreso al valle del Ebro. Otra lectura tiene que ver con el movimiento de los astros.

En su origen estaba pintado en vivos colores, como sucedía con gran parte de las construcciones románicas. En el centro se representa el monograma de Cristo (XP) en cuyo eje central se suceden, de arriba abajo, las letras P (Padre), la cruz (Hijo) y la S (Espíritu Santo), todo en recuerdo de la trinidad. A ambos lados están los símbolos del principio (A) y final (W) para recordar que todo gira en torno a Cristo, junto a seis rosetas que se reparten por entre los radios. Todo ello está dentro de un anillo que tiene 40 puntos en recuerdo de los cuarenta días de Cuaresma, según detalló el historiador y escritor Domingo Buesa.

Júpiter y Saturno

La lectura astronómica llega con la decoración que se encuentra fuera del círculo central. Allí se encuentran dos estrellas, que representan la luna (a la izquierda) y el sol (a la derecha), completando la decoración seis palmetas, en la parte inferior, y en la parte superior 23 bucles por debajo del arco que lo enmarca. Dicen que este es el número de la suma de los epiciclos (es decir, de los círculos en los que se mueven los planetas) de Júpiter y Saturno, que por cierto están representados en el crismón por las dos rosetas junto a la luna y al sol. Por este motivo los investigadores han señalado que representa la «magna conjunción» de los planetas Júpiter y Saturno» que se dio en el cielo el 14 de septiembre de 1186, momento en torno al cual debió de construirse este crismón.

El crismón es el elemento de más antiguedad en la basílica del Pilar de Zaragoza.

El crismón es el elemento de más antiguedad en la basílica del Pilar de Zaragoza. / Jaime Galindo

Desde la asociación astronómica aragonesa señalan que este tipo de lecturas de arqueoastronomía es necesario tomarlas "con escepticismo". Pero al mismo tiempo señalan que en el año 1226, también coincidiendo con su etapa constructiva, se produjo una conjunción "especialmente relevante" en el que durante más de media hora los dos planetas pudieron ser observados como un solo astro de gran tamaño. Como una estrella enorme. Una curiosidad celestial que se podría ver a simple vista y que realmente se produce muy pocas veces en la historia.

"Normalmente la conjunción entre Saturno y Júpiter se da cada 20 años, pero una superposición tan cercana fue algo realmente excepcional", indica su presidente, Santi Hernández. Como interesado en este tipo de fenómenos, recuerda que la propia trama urbana de Zaragoza está estrechamente ligada con los solsticios o explica que en la catedral de Palma de Mallorca otro crismón marca el día de San Juan.

Según se ha elucubrado, la misma conjunción que marca la fachada del Pilar se dará de nuevo el 23 de septiembre del año 2040, ya que según se puede interpretar de sus bajorrelieves el fenómeno se sucede regularmente cada 800 años, más o menos. Pese a todo, desde la agrupación astronómica dudan de estas lecturas y recomiendan no hacerles demasiado caso. Sobre todo teniendo tan cercano un fenómeno como el eclipse solar que este sí que deslumbrará con seguridad a todos los espectadores.

El templo románico de Santa María la Mayor de Zaragoza se comenzó a construir después de la entrada de las tropas cristinas en Zaragoza, en 1118, cuando el rey Alfonso el Batallador y el obispo Pedro de Librana decidieron que era necesario acometer la restauración del viejo templo visigótico que estaba muy deteriorado y amenazaba ruina, debido a que no se habían podido hacer grandes obras en él durante el dominio musulmán.

En ese momento el papado y la monarquía decidieron al final del siglo XII acometer la construcción de una nueva iglesia, en estilo románico, que ocuparía la zona este de la actual basílica y de la que realmente solo se conserva el crismón con sus ondas celestiales que se puede ver en la fachada, recolocado en 1929. Este edificio estaba ya en estado ruinoso en 1293 y el obispo Hugo de Mataplana, ayudado por el papa de Roma, inicia la construcción del nuevo templo y en estilo gótico mudéjar, que desapareció cuando se acomete la construcción de la basílica actual en el siglo XVII.

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