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La comunidad musulmana de Zaragoza no encuentra un espacio para el rito funerario de los repatriados

Las funerarias en Zaragoza se ven obligadas a ‘lavar’ los cuerpos fuera de la capital desde el cambio de gestión en Torrero mientras la comunidad pide ampliar los usos actuales de su camposanto

El espacio en el cementerio musulmán de Zaragoza donde se realiza el lavado de los fallecidos.

El espacio en el cementerio musulmán de Zaragoza donde se realiza el lavado de los fallecidos. / Josema Molina

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David Chic

David Chic

Zaragoza

El rito funerario musulmán perfuma los cuerpos fallecidos y los envuelve en una mortaja (de tres piezas para hombres y cinco para mujeres) antes de ser devueltos a la tierra, cumpliendo con el principio de retornar al origen y favorecer una descomposición natural más rápida en comparación con los nichos tradicionales. En Zaragoza, cuando los fallecidos van a descansar en el espacio reservado para los muertos en la fe islámica del complejo de Torrero, estas prácticas se realizan en las instalaciones levantadas en el año 2013 para tal efecto. Sin embargo, en ellas no se pueden efectuar estas prácticas en los cuerpos que van a ser repatriados a sus países de origen, algo que desde el cambio de gestión tampoco se puede hacer en las instalaciones del tanatorio municipal. Una situación que está produciendo grandes complicaciones a las funerarias que se encargan de estos traslados internacionales, pues para poder efectuar el rito del lavado, según se conoce, tienen que desplazar a los difuntos a Ejea de losCaballeros, Huesca o fuera de Aragón.

El responsable de la funeraria Alkarama, Abdelkader Aarab, pide «una solución» que implica la modificación del acuerdo de gestión del cementerio musulmán que se firmó entre la Comunidad Islámica de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza. Eso liberaría el pequeño edificio funerario para que todas las empresas fúnebres que no disponen de tanatorios privados pudieran hacer uso del mismo.

Las empresas que se encargan de los traslados internacionales de los cuerpos fallecidos en Zaragoza a sus respectivos países lamentan que ante una situación en la que es fundamental la rapidez para embalsamamientos se tengan que perder unas horas decisivas con traslados fuera de la ciudad. La Palomica es otra de las funerarias afectadas, especializada en la repatriación a países como Argelia, Marruecos, Túnez o Pakistán por sus acuerdos con las embajadas de estos destinos. Normalmente en menos de una semana logran que el cuerpo del fallecido esté con su familia en su país de origen. En lo que va de año ya se han producido una decena de repatriaciones.

Entrada al cementerio musulmán de Zaragoza, esta semana.

Entrada al cementerio musulmán de Zaragoza, esta semana. / Josema Molina

El representante de la Comunidad Islámica de Aragón, Fawaz Nahhas, indica que plantearán al Ayuntamiento de Zaragoza la modificación de los usos del cementerio musulmán en torrero, creado durante la guerra civil, para ampliar el uso de las instalaciones, actualmente reservadas al servicio del propio camposanto. Además, creen que ha llegado el momento de actualizar el convenio debido a que cada vez más es más reclamado el enterramiento en Zaragoza y temen que se puedan quedar sin espacio. Esto implicaría poder depositar los cuerpos bajo tierra, como marca el rito, pero a varias alturas.

Para el proceso de lavado de los cuerpos suelen estar presentes entre dos o cuatro personas, que son las encargadas de perfumar y trabajar con las telas. Las funerarias destacan que al tener que realizar el rito fuera de Zaragoza, en ocasiones a más de 100 kilómetros de distancia, se encuentran problemas de disponibilidad, pues supone perder varias horas en las jornadas de trabajo. Además, en el caso de las mujeres se encuentran con negativas a abandonar la ciudad acompañando a los funerarios debido a sus costumbres religiosas.

El portavoz de la comunidad islámica del Actur, Abdel Habid, también considera que es el momento de renovar el convenio de uso del cementerio. Las repatriaciones son una costumbre habitual entre los migrantes de países islámicos, pero la propia evolución familiar hace que cada vez sean más numerosos los enterramientos en Zaragoza. «Los hijos prefieren que sus padres descansen cerca de ellos para poderlos visitar más a menudo», explica.

Por otro lado, en su comunidad de creyentes se han encontrado el problema de que las personas con pocos recursos que quieren volver a sus países o devolver los cuerpos fallecidos deben recurrir a las donaciones de otros miembros de la comunidad. Y con el problema de no poder realizar los ritos en Zaragoza todo se encarece todavía más.

Otro de los aspectos que la comunidad islámica quiere plantear al consistorio de la capital aragonesa tiene que ver con el enterramiento de los cuerpos directamente en la tierra, algo que marca el rito funerario musulmán pero que no está permitido en Aragón, pues se obliga a enterrar los cadáveres dentro de un féretro. «En Andalucía, Ceuta o Melilla se permite seguir esta práctica, así que el argumento sanitario no sirve», considera Nahhas.

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