El cementerio de Zaragoza que nació con 'los moros de Franco'
Un recorrido histórico por la evolución del cementerio musulmán de Torrero, desde su origen en la Guerra Civil hasta su consolidación como un espacio que garantiza la dignidad y la libertad religiosa en Zaragoza.

Una mujer limpia una de las lápidas del cementerio musulmán de Zaragoza en el interior de Torrero, esta semana. / Josema Molina

La historia del cementerio musulmán de Torrero se remonta al año 1936, en plena guerra civil española, cuando comenzó a utilizarse una porción de terreno cercana al cementerio municipal de Torrero para enterrar a los combatientes marroquíes que combatían en el ejército sublevado. Conocidos popularmente como los moros de Franco, la creación de este espacio específico permitió sortear el problema de la libertad religiosa. «Entonces, ni el Islam permitía a los musulmanes enterrarse en cementerios no musulmanes, ni la Iglesia autorizaba a los no musulmanes o a los no bautizados tampoco enterrarse dentro de un cementerio católico, algo que todavía pasa», señala el portavoz de la Comunidad Islámica de Aragón, Fawaz Nahhas.
Pasado ese tiempo el recinto funerario, gestionado por la Embajada de Marruecos, quedó prácticamente abandonado, sin que nadie se preocupara especialmente por su mantenimiento. No fue hasta la llegada de la democracia, varias décadas después, cuando se iniciaron diferentes actuaciones y reformas en ese mismo espacio, las cuales fueron dándole al recinto la forma y las características necesarias para realizar los enterramientos según el rito musulmán. «Desde la embajada no pusieron problemas cuando se solicitó el uso del espacio debido al crecimiento de la inmigración, el trámite más complejo fue con la alcaldía que no veían clara la cesión», detalla Nahhas.
De este modo la comunidad islámica tuvo que comenzar a organizarse para poder hacerse cargo del espacio, rodeado por muros y con verjas de decoración geomética. En 1989, un pequeño grupo de musulmanes que se habían asentado en Zaragoza en los años setenta, junto con estudiantes procedentes del Magreb, fundaron la Comunidad Islámica de Zaragoza, una asociación que quedó registrada oficialmente ante las autoridades en octubre de 1990. Finalmente, el crecimiento y la unión de esta y otras agrupaciones en federaciones nacionales permitieron que en 1992 se firmara un acuerdo de cooperación con el Estado español.

El cementerio musulmán de Zaragoza, esta semana. / Josema Molina
Fue gracias a este acuerdo cuando se reconoció legalmente el derecho de las comunidades islámicas a contar con parcelas reservadas para sus entierros en los cementerios de los municipios, un mandato que el Ayuntamiento de Zaragoza asumió para facilitar que sus ciudadanos pudieran observar sus ritos y creencias tradicionales. «Los primeros años los enterramientos se fueron realizando sin ningún orden», reconocen.
A nivel local, este derecho se reforzó en mayo de 2010 con la aprobación de la ordenanza general de cementerios de Zaragoza, la cual garantizó de forma explícita «la libertad religiosa y la ausencia de discriminación en los entierros», asegurando que las ceremonias funerarias se practicaran respetando la voluntad de los difuntos o de sus familias.
Tiempo después, el consistorio llevó a cabo varias obras de acondicionamiento en el recinto musulmán, entre las que destacó la construcción de un pequeño edificio municipal especialmente diseñado para el lavatorio de los cuerpos de acuerdo con sus costumbres religiosas que en la actualidad solo se puede utilizar para realizar ritos con los cuerpos que se entierran en la capital aragonesa.
Colaboración
Finalmente, el 8 de mayo de 2013, se formalizó el convenio de colaboración definitivo entre el Ayuntamiento de Zaragoza y la Comunidad Islámica de Zaragoza, según recuerda Nahhas. A través de este documento, redactado tras muchos meses de conversaciones y firmado por los representantes de ambas entidades, se reguló detalladamente el uso de una zona diferenciada y exclusiva dentro del cementerio municipal de Torrero. «Ha pasado mucho tiempo y ahora sería conveniente actualizar algunas cuestiones», manifiestan desde la comunidad, que también muestran su preocupación por la posibilidad de que se quede pequeño. En la actualidad se entierran unos veinticinco cuerpos al año.
Este espacio quedó oficialmente integrado y dotado con áreas para sepulturas en tierra para adultos y niños, depósitos de restos, fosas comunes y el propio edificio de lavatorio, garantizando un lugar adecuado y digno para el descanso de los ciudadanos de confesión musulmana.
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