Jonhatan Rodríguez, malabarista en las calles de Zaragoza: "Ahora ya nos da miedo hacer juegos que no molestan a nadie"
El artista colombiano, al que la Policía Local ha confiscado sus mazas en varias ocasiones, lamenta que la futura ordenanza cívica pueda acarrear sanciones de hasta 750 euros por sus actuaciones que solo buscan "sacar una sonrisa"

Miguel Ángel Gracia

Son tres mazas, pero parece una docena. El colombiano Jonhatan Rodríguez realiza uno de sus juegos en el semáforo del puente de Hierro, en el centro de Zaragoza. Los conductores miran cansados. Una niña pasa por el paso de cebra. "Qué chulo", exclama. "Pues creo que ponen multas por eso", le responde su padre, que le mete prisa. Algo de razón tiene. Y más que la tendrá cuando la futura ordenanza cívica que está en fase de aprobación en el ayuntamiento se apruebe definitivamente. Allí se contemplan sanciones que pueden llegar a los 750 euros. "Ahora ya nos da miedo hacer juegos que no molestan a nadie", lamenta el artista.
El colombiano, que en todo momento llama juguetes a sus malabares, señala que ha tratado de realizar sus rutinas desde que llegó hace un año a Zaragoza con motivo de las fiestas del Pilar. Pero que en todo momento se ha encontrado con trabas policiales y con una falta de tradición por el arte callejero que contrasta con lo que sucede en las grandes capitales de Latinoamérica. De hecho, bromea al asegurar que los propios artistas callejeros locales que no realizan este tipo de actuaciones clandestinas en Aragón son los primeros en ponerse entre el tráfico cuando cambian de continente.
Rodríguez es licenciado de Artes Escénicas de la Universidad de Caldas, en Manizales, y lleva viviendo una década en España. En este tiempo ha trabajado en muchos sectores y reconoce que recurre a las actuaciones callejeras "como una manera de subsistir", sobre todo al recordar que en su hogar pudo pagarse los estudios gracias a su habilidad. "Toda mi vida he sido clown, especialista en la medicina que es la risa pera todas las edades, viviendo como nómada, viajando de ciudad a ciudad", señala.

Una actuación de malabares en el centro de Zaragoza, este lunes. / Miguel Ángel Gracia
Ante la amenaza de prohibición cree que se está coartando una forma de expresión. "Es algo bonito para la sociedad, que no fractura y que alegra la cotidianidad de las personas, el circo y el arte callejero pueden llegar a la ciudadanía en semáforos, mercados o plazas, nosotros los payasos, los cirqueros y los malabaristas siempre estamos ahí, igual que colaborando con todas las causas sociales", explica.
Para Rodríguez su experiencia en Zaragoza tiene dos caras. Sus primeros juegos ante el público coincidieron con las fiestas del Pilar, un periodo en el que pudo trabajar con normalidad. Sin embargo, esta situación cambió el 17 de noviembre, cuando la Policía Local le intervino el material para prohibirle realizar sus actividades artísticas en la calle bajo el argumento de que estaba "afectando y obstaculizando" la circulación del tráfico. "Nos imponen para que dejemos la calle, no nos quieren ver", lamenta.
Ante esta restricción, defiende su labor explicando que realiza rutinas de malabares de menos de un minuto en los semáforos, una forma de expresión que es muy bien recibida por el público. "Mucha gente ríe y aplaude, es lo normal porque no estamos ejerciendo la mendicidad y nadie está obligado a pagar nada", afirma. Su lugar habitual de trabajo era el entorno de Vía Hispanidad, aunque también los puentes sobre el Ebro y otros lugares. Además, destaca la generosidad de los zaragozanos, algo que le permite sacar lo suficiente para subsistir unos días en varias horas. "Jugar en un semáforo también es una forma de diversión, la gente es cálida y tiene una sonrisa gigante", dice.
En la capital aragonesa en estos meses se pueden encontrar en diferentes puntos a media docena de personas que realizan este tipo de rutinas callejeras. "Siempre hay gente que domina este arte y viaja por el mundo, es la mejor forma de compartir saberes y enseñanzas", declara. Atento al movimiento de las personas por el paso de cebra y al circular de los coches, no sea que se acerque una patrulla de la Policía Local, insiste en la inocencia de su actividad y lamenta que se penalice de esta forma, sobre todo cuando se encuentra en el periodo de regularización extraordinario de migrantes. "Nosotros no queremos alterar el orden público ni generar inconvenientes", considera. Lo que buscan es invitar a los zaragozanos a jugar.
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