Atascos, rodeos y carreras más caras por las obras en Zaragoza: "Hay pasajeros que se bajan del taxi a mitad de trayecto porque ven que no avanzamos"
Las obras simultáneas en zonas clave como el Coso, el Portillo o la avenida Valencia disparan los tiempos de viaje, colapsan el tráfico y ponen a prueba la paciencia de conductores, taxistas y pasajeros

Josema Molina
Los conductores de Zaragoza circulan desde hace meses entre el enfado, la paciencia y ciertas dosis de resignación. La ciudad vive una auténtica transformación urbana, con obras abiertas en varios puntos clave, fases avanzado, y obligando a buscar nuevas rutas, y un horizonte ambicioso. En el centro, las obras del Coso avanzan a buen ritmo y el siguiente gran paso será el corte del tráfico en Don Jaime I. El ayuntamiento prevé destinar 26 millones de euros en 2026 a la renovación de calles y avenidas dentro de un plan que supera ya la decena de grandes actuaciones, y que aspira a movilizar hasta 33,9 millones en los próximos cuatro años.
El objetivo es modernizar Zaragoza y renovar el aspecto de muchas vías históricas o muy deterioradas. Sobre el papel, pocos discuten la necesidad de actuar. El problema llega cuando los cortes, los desvíos y los atascos se cuelan en el día a día de miles de conductores, tanto particulares como profesionales.
Es el caso de los taxistas, que recorren Zaragoza entre los atascos de sus calles principales y el enfado de sus pasajeros. Carlos, con 22 años de experiencia, reconoce que circular se ha complicado mucho por la cantidad de obras repartidas por toda la ciudad. Explica que los trayectos duran ahora bastante más y, como consecuencia, también resultan más caros para los usuarios. "Hay veces que la gente se piensa coger un taxi porque para llegar a algunos sitios tienes que dar unas vueltas tremendas", comenta.
Señala especialmente las dificultades en el centro y en zonas clave como el Hospital Clínico, donde los accesos se han vuelto más lentos, la zona de Universidad y el Coso. "Hay muchísimas obras", lamenta.
Uno de los puntos más problemáticos para el colectivo es el entorno de la estación del Portillo. "Eso es una boca de embudo. He llegado a pasar cuatro semáforos sin avanzar prácticamente nada", explica. Según relata, en horas punta y coincidiendo con las entradas a los colegios, el tráfico llega a desesperar incluso a los clientes. "Hay pasajeros que se bajan a mitad de trayecto porque ven que no avanzamos", asegura.
Otro taxista, que prefiere mantener el anonimato, coincide en el diagnóstico y admite que hay jornadas especialmente complicadas. "Hay momentos en los que tardas más en recorrer dos calles del centro que en cruzar media ciudad. Al final el cliente se enfada, pero nosotros tampoco podemos hacer milagros", señala.
El taxista sostiene que el problema se concentra sobre todo en el centro de la ciudad, donde antes los desplazamientos eran rápidos y ahora se eternizan. "Por la plaza San Miguel antes cruzabas enseguida de un sitio a otro y ahora no tiene nada que ver", apunta.
En cuanto al tiempo perdido, calcula que determinados recorridos pueden alargarse entre diez y quince minutos. "Si tienes que pasar por la zona del Portillo o del Hospital Clínico en hora punta, el incremento puede ser de casi un cuarto de hora", concluye.
El Coso, San Miguel, la avenida de Valencia, Pedro Cerbuna y el entorno del Portillo son solo algunos de los puntos calientes de unas obras que están cambiando la movilidad en buena parte de la ciudad.
Pero donde más se está notando el impacto es en el entorno de la avenida Valencia. Allí ya ha comenzado la segunda fase de las obras y el tráfico vive jornadas especialmente complicadas. A los cortes y estrechamientos se suman las modificaciones de hasta cinco líneas de autobús y las obras paralelas del triángulo del Portillo.
Los desplazamientos en autobús
Las obras también están teniendo un impacto directo en el servicio de autobús urbano de Zaragoza. Desde el comité de empresa de Avanza aseguran que “muchas líneas no pueden cumplir las frecuencias previstas debido a los atascos y a las dificultades de movilidad que generan los cortes y desvíos”.
Señalan especialmente las afecciones en zonas como el paseo de la Constitución, la avenida de Valencia, la Puerta del Carmen, el entorno de plaza San Miguel, Anselmo Clavé o la plaza de España y el Coso Bajo, donde las retenciones están alterando de forma continua los tiempos de recorrido. “Si hay que atravesar varios puntos conflictivos es imposible cumplir la frecuencia”, indican.
Desde el comité aseguran que el empeoramiento del servicio es evidente y sostienen que llevan tiempo trasladando estas quejas tanto a la empresa como al Servicio de Movilidad del Ayuntamiento.
Los representantes de los trabajadores recuerdan que este tipo de situaciones ya se han vivido en otras grandes obras de la ciudad, aunque consideran que antes se adoptaban más medidas para minimizar el impacto. “En otras épocas se reforzaban las líneas con más autobuses y se aumentaban los tiempos de recorrido. Ahora eso no se está haciendo”, critican. Según explican, actualmente tampoco habría suficientes vehículos disponibles para reforzar el servicio.

Imagen de las obras que impiden el giro hacia la avenida de Valencia. / Josema Molina
El resultado se repite cada mañana: coches atrapados, retenciones y conductores buscando rutas alternativas por calles como Pamplona Escudero, Ávila o Burgos. Y el efecto se acaba trasladando también a otras grandes arterias de Zaragoza. Fernando el Católico, Gran Vía, la calle Santander o el paseo de María Agustín conviven estos días con más tráfico del habitual, embotellamientos casi constantes, ruido y largas filas de vehículos en horas punta.
"Salgo de casa con veinte minutos más de margen porque nunca sabes cuánto vas a tardar", explica Javier, vecino de Delicias y trabajador en el centro de Zaragoza. "Entiendo que las calles hay que arreglarlas, claro, pero ahora mismo es un caos".
"Desde mi punto de vista, desde hace ya mucho tiempo la organización vial se está convirtiendo en un suplicio para los que nos toca todo el día circular por Zaragoza. Los ciclos semafóricos están descoordinados porque hay que parar cada 20 metros", relata Nacho, que cada día se desplaza desde Rosales del Canal y circula en numerosas ocasiones por Vía Ibérica. "Si a esto le sumamos las obras, ya es un sálvese quien pueda", añade.
También hay resignación
No todos lo viven con el mismo dramatismo. David, que cada mañana se desplaza en coche desde Gómez Laguna hasta los alrededores del paseo Independencia, relativiza las molestias. "Yo me muevo mucho con el coche porque trabajo en el centro y tengo que circular bastante para visitar a clientes y proveedores. La verdad es que son problemas mínimos porque hay alternativas. Lo único que sí noto es que en Zaragoza no estamos acostumbrados a los atascos que hay en otras ciudades como Madrid. Una retención de diez o quince minutos no me supone un problema. Es verdad que si tienes prisa te complica, pero es asumible", explica.

La calle Pedro Cerbuna está cortada al tráfico. / Josema Molina
En la zona de San Miguel, otro vecino llamado David convive cada día con los cambios de circulación provocados por las obras. "Yo tengo el garaje que sale al Coso y debo dar una vuelta importante para salir hacia donde quiero. Yo me lo paso muy bien con la obra que tengo en mi zona", comenta con ironía. "El coche lo tengo en la calle que va hacia Hermanos Ibarra y tengo que dar una gran vuelta para rodear el entorno de la plaza San Miguel. Es un inconveniente, pero espero que se pase rápido. Una vez termine, pensaremos que ha sido para bien, pero de momento molesta bastante", termina.
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