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Las tres pioneras de un servicio indispensable en la Universidad de Zaragoza: "Entramos a la vez y nos vamos a la vez. La gente alucina"

María José Latorre, Pilar Melús y Amalia Ortiz se jubilan este verano tras 35 años en el servicio de Reprografía de la Facultad de Educación

Vídeo | María José, Pili y Amalia, reprógrafas durante 35 años de la Facultad de Educación

Miguel Ángel Gracia

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Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

"Entramos a la vez y nos vamos a la vez. La gente alucina". Por las manos de Amalia Ortiz, Pilar Melús y María José Latorre han pasado los apuntes y los temarios de miles de alumnos y profesores de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, antes incluso de que se llamase así. "Empezamos en San Juan Bosco, cuando era la Escuela de Profesorado de EGB", recuerda María José. Las tres fueron la primera promoción de reprógrafas del campus de San Francisco, en 1989. Y este verano, tras 35 años ininterrumpidos, se jubilarán y dejarán un vacío muy difícil de llenar.

Más de 35 años dan para mucho, pero, sobre todo, para forjar una relación que hace tiempo que pasó de lo laboral a lo personal. "Antes hemos comido juntas y nos hemos echado algún llorico recordando cosas", reconoce una Pilar al borde de la emoción. Sus seis ojos, ahora llorosos por todos los recuerdos, han sido testigos del cambio de facultad, parcialmente en 2014 y definitivamente en 2017. Han sido protagonistas del cambio tecnológico, de las viejas impresoras y las "larguísimas filas de alumnos" a los pen drives y los correos electrónicos.

"Antes, no nos daba tiempo ni a decir los buenos días. A veces lo llevabas en la cabeza, pero es que era imposible. Era agotador, un trabajo de ocho horas sin parar un solo segundo", rememora María José, que sostiene que no tuvieron una, sino dos adaptaciones. "Al principio, estábamos en un cuarto oscuro, súper pequeñito, sin ventilación. Luego nos dejaron la mitad del despacho de Educación Física. Y luego nos pusieron un ordenador. Ojo, un ordenador, que ni siquiera había en secretaría", añade, antes de que su compañera Pilar apostille: "Y ni lo usábamos".

María José, Pilar y Amalia, las tres reprógrafas de la Facultad de Educación.

María José, Pilar y Amalia, las tres reprógrafas de la Facultad de Educación. / Miguel Ángel Gracia

Llegaron al campus con 30 años, sin conocerse de nada, y a un ambiente universitario que les "encanta". Pilar estudió Historia del Arte. María José, Magisterio. Y Amalia, Archivos y Biblioteca. "Veíamos unas oposiciones y nos apuntábamos a todas", afirma esta última, contextualizando cómo acabaron en el servicio de Reprografía cuando ni siquiera existía.

Cambios y más cambios

El ambiente universitario, eso sí, ha cambiado mucho. Casi más rápido que los cambios sociales. "Antes quizá había más implicación política, las charlas se llenaban y ahora no va nadie. Es todo más individualista", analiza Pilar. María José, en cambio, expone otro punto de vista de la transformación sociológica que ha habido: "Recuerdo que había codazos en las bibliotecas por conseguir un manual que te había recomendado el profesor. Ahora hay alumnos que ni siquiera han sacado un libro de la biblioteca, porque ya solo van ahí para estudiar". "Tengo un hijo de 26 años y jamás lo ha hecho", refrenda Pilar.

Cambios que, cómo no, se extrapolaron enseguida al mundo académico. Sobre todo, con la revolución digital. De fotocopiar decenas de miles de apuntes tomados a mano, así como temarios y prácticas que repartían los profesores, a ver reducida esa carga significativamente. "Para que el oficio se reinvente, hace falta un cambio de mentalidad bestial, pero es más una cuestión de Gobierno de la universidad", expresan.

Almacén del servicio de Reprografía de la Facultad de Educación, en la Universidad de Zaragoza.

Almacén del servicio de Reprografía de la Facultad de Educación, en la Universidad de Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia

Su receta para el futuro, concentrar los esfuerzos y maximizar los recursos. "Hemos pasado de que hubiese una impresora por departamento a que todos los profesores tengan una. Y quizá ya no hacen falta cinco o seis talleres, sino reducirlos y que sean más polifacéticos", opinan, coincidiendo en el diagnóstico, las tres reprógrafas zaragozanas.

35 años de anécdotas

En este tiempo, claro, las anécdotas han estado a la orden del día. Desde los alumnos con los que les tocaba hacer de psicólogas hasta las fotocopias a deportistas que estudiaban en la facultad, como Alberto Belsué. Incluso las correcciones a algún trabajo que saltaban a la vista.

"Alguno le mete cada patada (al vocabulario)... A otros hay que decirles que pongan una página en blanco después de la portada y otra al final", comenta María José. "Nos sabíamos el nombre y apellido de todos los profesores, porque son los que más tiempo permanecían, aunque desde el Plan Bolonia eso ha ido cambiando", remacha Pilar. "Con los años, íbamos dándonos cuenta de que parecíamos las madres. Ahora ya parecíamos las abuelas", completa entre risas Amalia.

Pero, pese al paso de los años, lo que no ha cambiado ha sido la "esencia". "Siguen entrando jóvenes con 18 años y muchísima ilusión. Aunque sí es cierto que en los 90 muchos salían de su pueblo por primera vez, y en la actualidad ya han visto mucho mundo, muchísimo", dice María José, en una completa pero certera radiografía social.

¿Se imaginaban, cuándo empezaron, durar tanto y siempre juntas? "Para nada, para nada. No nos lo planteábamos. Hemos tenido mil opciones de irnos y nunca lo hemos hecho". ¿Por qué? "Porque somos familia. Lo más importante en el trabajo es el ambiente. Jamás hemos discutido, siempre hemos tenido mucha facilidad para cambiar turnos, organizar las vacaciones...". Un espíritu de vida que resume María José en su última frase: "Pensaba que me tenía que quedar un año más, por el tema de la cotización, y me daba absolutamente igual. Nunca me ha costado venir a trabajar".

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