Malestar y resignación entre los bares de Pedro Cerbuna en el inicio de la segunda fase de la obra: “Si no podemos montar las terrazas, deberían haber avisado antes de pagar la tasa”
Hosteleros de está céntrica y transitada calle reclaman más información al Ayuntamiento de Zaragoza y lamentan la gestión de las tasas de terraza ante la incertidumbre de los plazos de la reforma

Laura Trives
Las obras de la calle Pedro Cerbuna han entrado este lunes en su fase más avanzada y el impacto ya se ha dejado notar entre los negocios y los conductores que cada día cruzan una zona con tráfico denso en Zaragoza. El corte entre Violante de Hungría y la plaza San Francisco obliga desde hoy a hacer rodeos, cambiar recorridos habituales y armarse de paciencia para llegar a colegios, facultades, aparcamientos y centros deportivos.
Sin embargo, no solo los conductores están afectados. Los negocios de la calle, en su mayoría bares y cafeterías, afrontan unos meses complicados marcados por la retirada de terrazas en plena temporada fuerte, la incertidumbre sobre los plazos y cierto malestar por la falta de información de las obras e incluso por haber tenido que pagar las tasas de veladores y terrazas pese a no saber cuánto tiempo podrán utilizarlos.
El tramo entre Domingo Miral y la plaza San Francisco permanecerá cerrado hasta enero de 2027, dentro de un proyecto que transformará por completo la calle Pedro Cerbuna con aceras más amplias, zonas verdes, nuevo alumbrado y renovación de redes subterráneas.
Jesús Petit, propietario del bar Olvido, en pleno corazón de Pedro Cerbuna, asegura que los negocios de la zona afrontan las obras “muy mal”, sobre todo por la falta de información. Explica que ha intentado contactar varias veces con el Ayuntamiento de Zaragoza para aclarar cuestiones relacionadas con la terraza y los pagos, pero dice que no ha obtenido respuesta. “La información más exacta me la han dado los propios operarios de las obras”, lamenta. Según cuenta, han sido los trabajadores quienes le han ido explicando los plazos o cuándo debía retirar los veladores.

Varios operarios cortan una de las calles de la zona. / Laura Trives
También critica que el pasado viernes, en pleno horario de trabajo, recibieron una inspección policial mientras todavía trataban de resolver trámites administrativos relacionados con la terraza. “Te exigen documentación que llevas tiempo intentando presentar y todo son problemas”, señala.
Petit denuncia sentirse “desprotegido” como pequeño autónomo y asegura que existe mucha incertidumbre entre los hosteleros de la zona. “No sabemos cómo van a dirigir toda la obra. Hasta hace poco iban a hacerlo de una manera y luego la cambiaron”, explica.
El hostelero también cuestiona la gestión de las tasas de terraza. Cuenta que ha tenido que pagar alrededor de 1.700 euros por cinco mesas pese a que apenas han podido trabajar durante el invierno y ahora deben desmontar todo el mobiliario. “Te dicen que cierres la terraza y que la retires cuando prácticamente acaba de empezar la temporada fuerte”, lamenta.
Además, teme que las obras puedan obligarle a cerrar temporalmente. Cree que los cortes de agua, electricidad y el levantamiento de las aceras dificultarán mantener la actividad. “Conozco negocios de otras zonas que han terminado cerrando definitivamente por obras similares”, advierte.
Por su parte, Miguel Ángel, propietario de Bocatart, reconoce que los comerciantes ya están “acostumbrados” a los cambios y a la incertidumbre. “No nos queda otra que adaptarnos a lo que vaya viniendo”, resume.

Aviso de calle cortada por obras. / Laura Trives
Aun así, reclama más información por parte del Ayuntamiento de Zaragoza para poder organizar el negocio con antelación. Explica que necesitan saber si podrán mantener la terraza en verano o si tendrán que reforzar plantilla. “Te dejan en una inestabilidad constante y no sabes muy bien qué hacer”, afirma.
El hostelero asegura que afronta la situación día a día. “Si hoy no se puede aparcar o no podemos montar la terraza, tendremos que adaptar el negocio”, comenta.
Pese a las críticas, reconoce que llevaba tiempo esperando la reforma, especialmente por la situación de las terrazas en la zona. Considera que existían diferencias entre establecimientos y que algunos locales tenían muchas más mesas que otros “sin demasiado criterio”.
Donde sí muestra malestar es en el cobro de las tasas de veladores. Apunta que muchos establecimientos han tenido que pagar cantidades importantes pese a que ahora tendrán que desmontar las terrazas durante buena parte de las obras. “Si no vamos a poder montar las terrazas, deberían haber avisado antes para no pagar la tasa”, sostiene.
En este sentido, el Ayuntamiento de Zaragoza tiene en marcha un Plan Fiscal de Atracción de Inversiones que recoge bonificaciones del IBI y del IAE a las empresas situadas en vías con obras de larga duración. No se contempla un descuento en la tasa de veladores y terrazas, pero sí que los negocios pueden acogerse a bonificaciones. La normativa municipal deja claro que las obras son cuestiones de fuerza mayor, pero el consistorio sí que está abierto a que los negocios puedan acogerse a ellas.
Miguel Ángel asegura además que la única información que ha recibido ha sido a través de un grupo de WhatsApp al que accedió gracias a un cliente. “Nadie del ayuntamiento me informó directamente”, apunta.
Desde otro establecimiento, Bog Bar, afrontan el inicio de la segunda fase con resignación. Reconocen que el verano será especialmente complicado porque tendrán que desmontar la terraza justo en una época en la que más se utiliza. “Los chavales en verano quieren estar fuera y eso nos afecta bastante”, explican. Aun así, intentan ver el lado positivo y confían en que, una vez terminadas las obras, la calle quede mejor. “Pensamos en positivo y en que va a quedar todo bonito”, señalan.
Eso sí, admiten que “este verano va a ser duro”. Además, recuerdan que las obras llevan años aplazándose y que esperaban unos plazos más cortos. “Pensábamos que estaría acabado en septiembre u octubre, pero ahora hablan ya del año que viene”, comentan.
Tráfico y conductores
Las obras de la calle Pedro Cerbuna también se han dejado notar entre los conductores. A primera hora de la mañana ya se registraban retenciones en varios accesos del entorno universitario. La situación se repetirá también por la tarde, coincidiendo con la salida de colegios, las actividades extraescolares y el movimiento de estudiantes. Los conductores reconocen que estos primeros días están siendo un auténtico rompecabezas.

El tráfico en la zona es denso en determinadas horas del día. / Laura Trives
Es el caso de Miguel, vecino de Zaragoza y padre de uno de los niños que entrena cada tarde en Dominicos. Desde que comenzaron las restricciones, llegar a tiempo se ha convertido en una pequeña carrera de obstáculos. “Tienes que improvisar continuamente porque calles que antes utilizabas ya no sirven o están saturadas”, explica.
La situación, asegura, no solo se nota por la tarde. “He hablado con otros padres y por la mañana también es complicado llegar”, comenta. El tráfico se concentra ahora en vías alternativas como Baltasar Gracián o el entorno de San Juan Bosco, donde los coches avanzan con mucha más lentitud de lo habitual.
Miguel entiende que las obras son necesarias, pero cree que el calendario elegido no ayuda. “Podrían haber esperado un mes y al menos el lío de los colegios y la universidad se hubiera evitado. La congestión hubiese sido menor”, lamenta.
El problema afecta especialmente a una de las zonas con más movimiento diario de la ciudad. En apenas unos cientos de metros coinciden la Universidad de Zaragoza, colegios, academias, instalaciones deportivas y varios aparcamientos públicos. El resultado es una circulación mucho más densa en horas punta y conductores buscando recorridos alternativos casi sobre la marcha.
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