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El convento de Zaragoza que ha sido derribado dos veces en un siglo para construir viviendas de lujo

La operación urbanística iniciada por el Gobierno municipal del PP en la calle Jerusalén guarda semejanzas con la ejecutada en los años 40

La historia del convento Jerusalén de Zaragoza.

Ángel de Castro / G. A. Z. A.

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Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

La historia del convento de la comunidad religiosa de Santa María de Jerusalén en Zaragoza se remonta a mucho antes de que, en los años 40 del siglo pasado, las monjas comenzasen a ocupar sus paredes en el paseo Isabel la Católica. Las clarisas se instalaron en la capital aragonesa en 1484, auspiciadas por Juan de Coloma, entonces secretario de los Reyes Católicos. Lo hicieron en lo que hoy es el número 19 del paseo Independencia, zona de conventos por aquel entonces, para sufrir siglos después el asedio napoleónico durante los Sitios, en un inmueble que quedó gravemente dañado.

Ya en la segunda mitad del siglo XIX se comenzaron a proyectar otros usos para el edificio, que en ese entonces acogía una escuela femenina, pero no fue hasta casi un centenio después cuando, con el convento ya apuntalado y en un estado de degradación importante, las clarisas lo abandonaron. El bloque fue vendido a una constructora y, unos años antes de su derribo, las monjas se trasladaron al solar que ocuparon durante las décadas posteriores tras reinvertir los ingresos obtenidos por la operación previa.

Independencia 19 y las parcelas posteriores, que dan a las calles Zurita e Isaac Peral, se transformaron y permitieron completar el paseo con sus característicos porches. En los suelos del viejo convento se proyectó entonces un nuevo edificio con unas pocas viviendas de lujo, oficinas y todo tipo de usos, liderados hasta 1999 por los cines Coliseo y la compañía de seguros La Equitativa, integrada desde hace lustros en Axa.

Fachada del antiguo convento de Jerusalén en 1947, cuando estaba en Independencia.

Fachada del antiguo convento de Jerusalén en 1947, cuando estaba en Independencia. / G. A. Z. A.

A su vez, las monjas clarisas se habían trasladado, ya desde principios de la década de 1940, a la manzana que habían adquirido en lo que en aquella época era la prolongación de Gran Vía, ahora paseo Isabel la Católica. Desde ahí fueron testigas directas del crecimiento de la ciudad, con dos grandes hitos: la construcción del principal hospital de Aragón, el Miguel Servet, y la inauguración del estadio municipal de La Romareda, hogar de un Real Zaragoza que poco después cautivaría al mundo del fútbol con Los Magníficos.

Paralelismos

Han pasado casi nueve décadas de aquel traslado, pero los paralelismos urbanísticos con la actualidad son inevitables. Las últimas cinco monjas abandonaron el convento de Jerusalén, que dio nombre a la calle que le separa del campo de fútbol, en 2014. En 2019, la family office aragonesa Bancalé compró los terrenos por seis millones de euros, del mismo modo que Construcciones Zaragoza había hecho lo propio con el edificio de Independencia 19.

Ahora, al igual que sucedió cuando las clarisas se desplazaron en los 40, el barrio de La Romareda está en un momento de cambio. El primero, y más evidente, es el estadio de fútbol, que será sede del Mundial 2030, con su inauguración prevista para 2027. Pero las semejanzas también están en el resto de calles, con la renovación de todo el entorno como uno de los mejores ejemplos y, como se ha conocido esta semana, con la transformación de los suelos del antiguo convento de Jerusalén como impulso a la vivienda privada en una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Entrada al suelo que antes ocupaba el convento de Jerusalén de Zaragoza, hace unos días.

Entrada al suelo que antes ocupaba el convento de Jerusalén de Zaragoza, hace unos días. / Jaime Galindo

En ese sentido, el Ayuntamiento de Zaragoza va a recalificar los viejos suelos religiosos para permitir la construcción de 220 viviendas de lujo, 70 de ellas destinadas a alquileres de larga duración. Donde hasta hace algo más de diez años había un convento y sus huertas, ahora habrá pisos y dos residencias, una de mayores con entre 120 y 150 plazas y otra sanitaria, aunque esta última podría cambiar su uso en función, precisamente, de los terciarios de los que se dote al Ibercaja Romareda. La intención pasa por obrar a partir de 2028 y que la pastilla esté transformada y activa en 2030.

Otros usos planteados

Con esta macrooperación urbanística, que debe pasar todavía todo el proceso de tramitación burocrática, se pondrá fin a varios años de debate sobre el futuro del solar. Sobre todo, desde la adquisición del mismo por parte de Bancalé, en 2019, aunque previamente hubo un intento por parte de Quirón de instalar ahí su nuevo hospital privado, que quedó en agua de borrajas.

La primera intención de Bancalé, propiedad del empresario Juan Fabre, era la de destinar el terreno a un hotel de lujo y a una residencia con 80 millones de inversión, en un proyecto que fue variando y que siempre tuvo en su vertiente sanitaria una opción por su cercanía con el Servet, el Clínico y el Hospital Militar. Pero los problemas con la autorización para el derribo (ZeC, con Santisteve como alcalde, intentó sin éxito proteger el inmueble) retrasaron todos los planes, hasta que finalmente se demolió el convento en el verano de 2023. Tres años después, el destino de la parcela ya está marcado.

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