ZGZ CON VOZ PROPIA
José Luis Alcañiz, el portero de discoteca más veterano de Zaragoza: «Hay gente que me ha dado las gracias por solo haberle soltado una torta»
Un clásico de los bares. Toda una vida en la noche, pero justo al otro lado. Controlando el acceso, tratando de evitar peleas. «Los dueños no buscan a un asesino, buscan tener los menos problemas posibles», afirma.

Jaime Galindo

«A mí, al principio, los porteros me caían como el culo». Así, rotundo, se muestra José Luis Alcañiz, una persona que ha vivido toda la vida en la noche. Pero justo en el otro lado, siendo uno de los vigilantes de seguridad de discotecas más veteranos de Zaragoza. Ha controlado el acceso en casi todos los locales emblemáticos de la ciudad. Y en este tiempo ha hecho amigos, ha participado en peleas y ha descubierto aspectos esenciales sobre las personas. «Para ser portero tienes que ser una persona valiente. Y cuando digo valiente, no me refiero a un insensato ni a un loco que va dando hostias: tienes que ser una persona que sabe que se va a enfrentar a situaciones de riesgo, a veces muy peligrosas», explica.
Alcañiz entiende su trabajo, que actualmente ejerce en el complejo hostelero del Sella, como una combinación de mano izquierda, paciencia y capacidad para las relaciones públicas. Aunque no lo parezca, de controlar el acceso a las discotecas durante tantos años salen grandes amistades. Pese a que tuvieran inicios accidentados. «Hay gente que me ha llegado a dar las gracias por haberles dado solo una torta», explica. De esas se ha encontrado muchas.
«Cuando alguien te dice que algo no se puede hacer parece que te está jodiendo la noche», señala, aunque en general se ha encontrado con buenas caras y agradecimientos. «Tú siempre estás en la fiesta aunque no seas parte de ella, por eso te recuerdan como alguien que les ha acompañado esas horas de pasarlo bien», explica. Con muchos ha mantenido la relación durante años.
Comenzó su trabajo en los años noventa. En aquel tiempo en los bares no había seguridad, así que si surgía algún problema era el dueño el que se tenía que encargar de sacar «al borracho o al que se portaba mal». Era la época del cartel de Prohibido cantar y de delincuencia callejera, con sus toretes, sus atracos y los asaltos por culpa de las drogas. «Era una época complicada, por eso tenías que ser valiente, sabiendo que lo que hemos hecho siempre ha sido defender al indefenso, porque si no estuviera el portero en la puerta, cualquiera que tuviera fuerza entraría a una discoteca y se haría el dueño del local», señala.
Alcañiz ha estado controlando el acceso en El Balcón, un local que ya no existe y estaba en la plaza de los Sitios, también en el antiguo Náutico, en la 976, en la De Luxe, la Inpu y catorce años en La casa del loco, entre otros muchos lugares: «Creo que no somos los malos de la película, hemos ayudado a mucha gente», indica. Además, observa casi con cariño a las nuevas generaciones de adolescentes que comienzan a salir y tienen por delante un mundo que descubrir. «Para ellos todo es nuevo, por eso meten mucho la pata, poco a poco les vamos educando», bromea.
Malos o torpes
El momento más crítico de la profesión fue cuando el Gobierno de Aragón publicó un decreto regulador en 2011 que obligó a superar un examen, algo que llevó a la seguridad nocturna a mucha gente sin experiencia previa. La medida se tomó por unos sonoros altercados en Madrid y Barcelona que acabaron con la muerte de varios clientes provocando una enorme mancha en el sector. «En una puerta se buscaba la fuerza, pero lo que hace falta es una persona que sepa hablar con la gente y tratarla, los dueños de los bares no buscan a un asesino, sino que buscan a una persona que tenga los menos problemas posibles», reconoce.
La noche en estos años ha cambiado mucho. Tanto por la música como por la educación de las personas que llegan a la entrada de las discotecas. Con todo, para Alcañiz, sigue habiendo dos tipos de clientes con los que tiene que lidiar: los malos y los torpes. «El torpe podemos serlo todos, pero se le llama la atención y comienza a comportarse correctamente. El problema está en el malo, al que le pides que baje de una mesa si la está liando y te responde: ¿Quién me va a bajar? ¿tú? Ahí es donde empiezan las peleas», afirma.
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