Urbanismo
La puerta de salida de Zaragoza que costó más de 35 millones y no ve la luz: ¿Qué pasa con el túnel carretero de la A-68?
La obra civil de la infraestructura acabó hace 18 años, pero sigue abandonada, aunque el ayuntamiento quiere que Adif la retome

Jaime Galindo

Una inversión superior a los 35 millones de euros (casi 50 si se suman otras obras adyacentes) y otro montante pendiente por no menos de 23,8 millones. Son las estratosféricas cifras del túnel carretero de la A-68 que se proyectó durante el primer lustro del siglo para dar una puerta de salida directa y subterránea desde el centro de Zaragoza y que, 18 años después de que se finalizase la infraestructura civil, está en tierra de nadie. Aunque, eso sí, el debate sobre su reactivación ha regresado en los últimos años al debate público por varias razones. La cuestión es quién lo paga.
El túnel conecta las inmediaciones del triángulo del Portillo, que precisamente está reurbanizándose, desde la calle Escrivá de Balaguer hasta la A-68, a la altura de la estación de autobuses. La intención inicial pasaba por abrirlo al tráfico tras la Expo 2008, algo que fue imposible. Desde entonces, la nada. La sociedad promotora del mismo, Zaragoza Alta Velocidad, estuvo a punto de entrar en quiebra técnica en 2012, con una deuda que alcanzó los 485 millones de euros y una adenda al convenio con el que se fundó en 2002 (fue la primera sociedad del AVE de las más de diez que hay en España).
Esta última cláusula liberó a ZAV de asumir el 20% de los compromisos que había adquirido: la ronda sur ferroviaria, valorada en 113 millones y que sigue también en un limbo; la reforma de la avenida Navarra, con buena parte ya ejecutada a cargo de las arcas municipales y que entonces se calculaba en más de 11 millones; y la conclusión del túnel carretero, un remate que consistía en habilitar todos los sistemas de iluminación, ventilación, señalización y emergencias y que costaba, hace ya 14 años, 23,8 millones de euros, un precio que ahora sería aún mayor.

Estado de la entrada al túnel carretero de Zaragoza, muy degradada y vallada. / Jaime Galindo
Pero, precisamente, el Ayuntamiento de Zaragoza, que ostenta el 25% de las participaciones de ZAV (Adif tiene el 50% y la DGA el 25% restante) ha aprovechado el momento actual para reclamar al Estado -es decir, a Adif- que recupere las obligaciones tanto con la última fase de la avenida Navarra como con la puesta a punto del túnel. Por ahora, es tan solo una declaración de intenciones, que el Gobierno municipal ya ha elevado al pleno y que se ha intensificado a raíz de los retrasos en las obras del Portillo. De forma pública, la alcaldesa Natalia Chueca también lo ha exigido en varias ocasiones, apuntando también a unas cuentas que ZAV ya tiene saneadas.
El proyecto
Más allá de que retomar un proyecto tan caro no va a ser tarea fácil, el origen del mismo se explica en buena parte por el momento económico y político que vivía el país, y por extensión Zaragoza, en los albores del siglo XXI. La construcción estaba en un momento tan dulce que acabó explotando, con una capital aragonesa que vivió de una tacada la llegada del AVE y los preparativos de la Expo como la gran oportunidad para modernizarse.
De hecho, la sociedad zaragozana es la que más ha urbanizado de todas las entidades que se crearon en las distintas urbes españolas a las que llegó el AVE. Un ranking que hizo en su día el Tribunal de Cuentas y que, conviene reconocerlo, no contabilizaba ese 20% que se había eliminado, en el que se incluía el túnel.

Varios coches aparcados en la rampa de acceso al túnel, hace unos meses. / RUBÉN RUIZ
2.500 coches por hora
Las características de la infraestructura tenían varias connotaciones. Consta de 1,8 kilómetros junto al túnel ferroviario de cercanías y conecta, con dos carriles de salida (reversibles en casos excepcionales), el paseo María Agustín con la estación intermodal de Delicias, desembocando directamente en la autovía. Los estudios realizados cuando se ideó la obra hablaban de que podría absorber 2.500 coches por hora, una circunstancia que liberaría sobremanera la plaza de la Ciudadanía.
Un futuro para la movilidad zaragozana que guardaba relación con la segunda línea del tranvía que planteó el alcalde Belloch, que nacía en Los Enlaces y pasaba precisamente por dicha rotonda hasta Conde Aranda, plaza España, el Coso y la plaza San Miguel, para así desembocar en Las Fuentes y San José. Un desarrollo que quedó por el camino por muchas razones, pero la descongestión de ese nudo de tráfico hubiese facilitado su puesta en marcha.
Ahora, el túnel sigue sin ver la luz en su final, con una infraestructura en desuso que este mes de mayo ha cumplido su mayoría de edad desde que fue cubierta. Nunca fue abierta al tráfico. Y, quien sabe, si algún día lo estará.
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