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Zaragozeando

El patrimonio milenario de las acequias de Zaragoza: "Es necesario reivindicar la memoria de los hortelanos"

Han regado durante cientos de años la huerta de Zaragoza. Ahora una serie de visitas guiadas reivindica el valor inmaterial de los canales por su importancia para biodiversidad en un contexto de cambio climático.

Un grupo de visitantes en las visitas a las acequias de Zaragoza.

Un grupo de visitantes en las visitas a las acequias de Zaragoza. / ANSAR

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David Chic

David Chic

Zaragoza

La red de acequias de Zaragoza es un entramado de aguas milenarias que vienen de los tiempos de iberos y romanos. Un patrimonio inmaterial que vincula la biodiversidad con el patrimonio urbano, a pesar de los ataques que han sufrido en las últimas décadas y el cambio social y económico que las ha dejado en desuso.

Desde la Asociación Naturalista de Aragón y otras entidades sociales y vecinales han organizado este mes un recorrido por los lugares más destacados de este entramado en un serie de visitas que culmina este domingo. La cita se centra en la historia y el trabajo de miles de campesinos que produjeron productos de cercanía durante siglos, para los habitantes de Zaragoza y su entorno. Una huerta que fue de las más importantes de España y que en tiempos de los árabes se describía así: «Zaragoza parece una motita blanca en una verde esmeralda».

El termino municipal de Zaragoza está surcado por múltiples acequias que provienen de los ríos Jalón, Gállego y Huerva que se complementaron a finales del siglo dieciocho, con las derivadas del río Ebro a través del Canal Imperial de Aragón. «La ciudad no puede perder este patrimonio de agua que nos puede servir para el futuro», indica el activista ambiental Mariano Mérida.

Los nombres de estas acequias impregnan el vocabulario cotidiano de los barrios de Zaragoza: Romareda, la Bombarda o el camino de Las Torres, por cuyo subsuelo pasa la acequia de las Abdulas. «Tenemos por una parte ese aspecto nostalgia de lo que fue la Zaragoza mucho más llena de tramos de agua, sobre todo en el centro histórico», señala.

Un grupo de visitantes en las visitas a las acequias de Zaragoza.

Un grupo de visitantes en las visitas a las acequias de Zaragoza. / ANSAR

El termino municipal de la capital aragonesa cuenta con 12.000 hectáreas de tierra productiva que podría abastecer a la ciudad, pero en la actualidad solo alrededor de 300 se dedican al cultivo de hortalizas mientras que el resto va destinada en gran parte a la producción de alfalfa que se exporta a los emiratos árabes y China. «Mientras en otros lugares como Murcia, se han establecido ordenanzas de protección que obligan a mantener y conservar elementos patrimoniales como puentes, compuertas, y ahonda en la integración paisajística de estos cauces, señalizando los nombres históricos , en nuestra ciudad se han entubado, ocultado y no hay nada que identifique su existencia. Incluso en la actualidad hay proyectos urbanísticos que crean incertidumbre, como es el del DAT Alierta, en la acequia del Rabal entre el Parque Goya y Escuelas de Ingenieros. En otros casos, como es la urbanización de los terrenos de Quinta Julieta, tienen planteado tapar la llamada acequia de las Balsas haciéndola pasar por el subsuelo», denuncia Mérida.

Estos recorridos, que han interesado a varias decenas de zaragozanos, han servido para devolver a las acequias su valor cultural, así como para reivindicar sus funciones de riego. Las primeras visitas se realizaron el domingo 10 de mayo para conocer los tramos del Ontonar, la acequia del Plano, la acequia de las Abdulas y del ramal que va de Ruiseñores a las Abdulas.

El 17 de mayo la visita se centró en la acequia del Plano, que se inicia en la puerta de la planta potabilizadora de Via Hispanidad con un tramo en el barrio de Miralbueno en deficiente estado de conservación por la acumulación de residuos. «No se pueden tener los arrabales de la ciudad con esa dejadez y ese abandono, reclamamos que todo se ordene, se conserve y se mejore», indica Mérida.

El último recorrido se inicia este domingo a las once de la mañana desde el puente de América. «Estaría bien que existiese una memoria de ese pasado de los hortelanos, pues han sido los artífices de esta ciudad hasta hace 70 años», destaca al recordar el pasado agrícola y rural de la capital aragonesa. Por ahora invitan a recorrer unos caminos del agua que forman parte de una historia colectiva y en muchos casos desconocida.

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