Zaragoza sube la temperatura antes de tiempo: “Si te obsesionas con el calor lo pasas mucho peor”
Los trabajadores que desempeñan sus labores a la intemperie sufren jornadas agotadoras por las altas temperaturas impropias de la época

Un trabajador transporta un bidón de agua. / Laura Trives
El calor extremo ya no espera a julio o agosto para instalarse en Zaragoza. Ni siquiera a junio. Este año ha llegado antes incluso de terminar mayo. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé para este fin de semana y el inicio de la próxima semana temperaturas que podrían rozar los 40 grados en la capital aragonesa, cifras impropias para estas fechas y que incluso podrían llevar a la ciudad a batir su récord histórico de temperatura en un día de mayo.
Si hay un colectivo que sufre especialmente esta situación es el de quienes trabajan al aire libre. Jardineros, repartidores, obreros, barrenderos, policías locales, controladores de estacionamiento o repartidores de paquetería, por poner algunos ejemplos, afrontan jornadas agotadoras bajo un sol cada vez más duro.
“Uno no se acostumbra a trabajar con estas temperaturas”, explica un jardinero de una urbanización zaragozana. “En los últimos años el calor se está adelantando. No es normal que mayo sea así”. Su estrategia es adelantar la jornada y aprovechar las primeras horas del día. “Si conoces el sitio sabes dónde da el sol y dónde hay sombra. Intentamos trabajar en las zonas más frescas durante las horas de más calor”, cuenta.
Javier, trabajador de la construcción, coincide en esa sensación de desgaste constante. “Hay momentos en los que parece que te falta el aire”, relata. “Empezamos pronto para evitar las horas más fuertes, pero aun así a las doce del mediodía ya es insoportable. El asfalto y el hormigón devuelven todavía más calor”.
Los repartidores son otro de los colectivos más expuestos. Pasan horas recorriendo la ciudad con paquetes y comida para llevar. “Ya se nota que las temperaturas están subiendo”, reconoce David, repartidor de paquetería. “Por la mañana intentamos agilizar porque por la tarde sí que pega fuerte el calor”. Aun así, asegura que de momento lo lleva “bien”, aunque admite que si las temperaturas siguen subiendo “ya veremos”.
David intenta combatir el calor como puede. “Voy buscando la sombra por las calles y eso alivia un poco. Además, como voy de portal en portal, cuando estás dentro refresca algo”. Y aunque evita dramatizar, reconoce que trabajar así pasa factura: “No sé si es un castigo, pero se nota”.
Para Diego, trabajador de mantenimiento de la vía pública, la clave está en la prevención. “Lo primero es estar constantemente hidratado y protegido con crema solar. Y la gorra es imprescindible para evitar insolaciones”. Asegura que el cuerpo todavía no ha tenido tiempo de adaptarse. “Hemos pasado prácticamente del frío a esto de golpe. El cuerpo no se acostumbra nunca; otra cosa es intentar llevarlo de la mejor manera posible”.
En su caso, además, no existe la posibilidad de modificar horarios para evitar las horas centrales del día. “Hay veces que la gente se queja del ruido si empezamos antes”, lamenta. Y resume la situación con claridad: “El trabajo hay que hacerlo, pero hacerlo con estas temperaturas es como un castigo”.

Un trabajador maneja una máquina durante su jornada laboral. / Laura Trives
Los trabajadores de la zona azul también afrontan jornadas especialmente duras. Uno de ellos asegura que la clave está en “llevar bien la respiración y buscar siempre la sombra”. “En Zaragoza te tienes que acostumbrar a todo: frío, aire, lluvia repentina y calor sofocante”, explica. Y aunque bromea diciendo que lo peor de su trabajo es “poner denuncias”, enseguida se pone serio: “No hay que dejar que la cabeza te gane. Si te obsesionas con el calor lo pasas peor”.
También quienes trabajan para entidades sociales notan el impacto de este episodio de calor adelantado. “Son las diez de la mañana y ya ves lo que te espera”, explica una vendedora de Cruz Roja. “Casi no se puede estar en la calle. Hay que buscar la sombra”. Aun así, asegura que afronta el trabajo con otra perspectiva. “No lo veo como un castigo porque estoy colaborando con una entidad social. Lo hago con gusto”.
Eso sí, tiene claro qué condiciones son más difíciles de soportar: “Se pasa peor con calor que con frío. Hay más peligros para la salud”.
El calor llega antes
Desde el servicio de limpieza de las calles de Zaragoza también resumen la situación de forma sencilla: “Agua y más agua”. Uno de sus trabajadores explica que intenta alternar continuamente zonas de sombra y de sol para aguantar mejor la jornada. “Voy chipiado. No queda otro remedio más que trabajar y aguantar”, dice resignado.
Con años de experiencia en la calle, asegura que el cuerpo termina adaptándose “siempre que hayas trabajado así toda la vida”, aunque reconoce que cada vez el calor llega antes. “Sí que he notado que cada vez empieza antes. Luego puede bajar un poco, pero hay que aguantar”.
El calor no solo afecta a quienes trabajan en plena calle. Carmen pasea este viernes por Zaragoza protegida con un paraguas para intentar aliviar la sensación térmica. “Es que si no es imposible aguantar”, comenta entre risas. Aun así, reconoce que piensa especialmente en quienes no pueden refugiarse del sol. “Para ellos es mucho peor, qué duda cabe”.
Raquel asiente mientras busca una zona de sombra. “Lo trataremos de aguantar lo mejor posible. Esto es insufrible, pero en Zaragoza es lo que tenemos. Pasamos del frío al calor sin darnos cuenta”, termina.
Las empresas están obligadas a incluir medidas frente a fenómenos meteorológicos extremos
Las altas temperaturas no solo afectan a quienes pasean por la calle o pueden refugiarse en casa. Hay miles de trabajadores que no tienen margen para decidir cuándo parar, ponerse a la sombra o cambiar de tarea. “Los trabajadores y trabajadoras no tienen autonomía. Están obligados a cumplir las instrucciones que les da la empresa”, advierte Luis Clarimón, secretario de Salud Laboral de Comisiones Obreras de CCOO Aragón, que reclama protocolos claros y pactados para hacer frente al calor extremo.
El sindicato recuerda que desde 2024 las empresas están obligadas a incluir medidas frente a fenómenos meteorológicos extremos dentro de la negociación colectiva. La norma afecta tanto a olas de calor como a inundaciones u otros episodios extremos y obliga a contar con protocolos específicos.
Clarimón insiste en que las recomendaciones generales que lanzan las administraciones no bastan en el entorno laboral. “Tú puedes decirle a alguien que se ponga a la sombra, pero si la empresa le manda limpiar una calle al sol o trabajar en una obra sin protección, el problema sigue existiendo”, resume.
Las quejas, asegura, son constantes, especialmente en interiores. “En muchas naves industriales no se cumple el decreto que obliga a mantener temperaturas entre 24 y 27 grados”, denuncia. Pone como ejemplo sectores como fundiciones, cocinas, lavanderías, soldaduras o fábricas con hornos, donde las temperaturas se disparan. CCOO ya ha presentado denuncias ante la Inspección de Trabajo y algunas resoluciones les han dado la razón, aunque asegura que todavía hay empresas que no han aplicado medidas.
En los trabajos al aire libre, la normativa obliga a evaluar riesgos y adaptar la actividad cuando el calor sea excesivo. Incluso permite paralizar temporalmente determinadas tareas si no se puede garantizar la seguridad. “Una zanja o un asfaltado puede esperar unas horas o unos días. Se pueden reorganizar los trabajos y retomarlos cuando pase el episodio de calor”, explica.
Entre las medidas que reclama el sindicato están disponer de zonas de sombra, agua fresca, descansos frecuentes y espacios refrigerados donde recuperarse en caso de mareo o golpe de calor. En el campo, por ejemplo, propone furgonetas con aire acondicionado y toldos portátiles. También insiste en la importancia de la ropa adecuada, transpirable y con protección frente a la radiación ultravioleta.
El calor, además, obliga a reorganizar horarios. Algunas empresas ya eliminaron el verano pasado el turno central del día para evitar las horas de más temperatura. En la limpieza viaria, Clarimón plantea adaptar recorridos para trabajar en zonas de sombra y evitar espacios especialmente expuestos como plazas abiertas. “La plaza del Pilar es un horno en determinadas horas”, señala.
También reclama flexibilidad por parte de las administraciones. En el caso de las obras, plantea permitir que algunas tareas comiencen antes de las ocho de la mañana para evitar trabajar en las horas más peligrosas del día. “Todos los años hay muertes en España de trabajadores relacionadas con el calor”, recuerda.
El sindicalista advierte además de que los episodios de calor en mayo son especialmente delicados porque el cuerpo todavía no se ha aclimatado a las altas temperaturas. “La adaptación suele tardar unos quince días y estas olas llegan cuando la gente aún no está preparada físicamente”, explica.
Otro de los factores que agravan la situación es el llamado efecto isla de calor en las ciudades. El asfalto, las fachadas y el tráfico hacen que en algunos puntos urbanos la temperatura sea entre dos y cuatro grados superior a la registrada oficialmente. “Eso también hay que tenerlo en cuenta en los trabajos al aire libre”, concluye.
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