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El calor sofocante complica la lucha contra la pobreza energética: el 37% de los aragoneses no puede mantener una temperatura adecuada en el hogar

Un nuevo atlas sobre la pobreza energética coloca a Zaragoza como la segunda de las grandes ciudades en la que más gasto medio se dedica a la climatización

Una tienda de ventiladores en Zaragoza en una imagen de archivo.

Una tienda de ventiladores en Zaragoza en una imagen de archivo. / El Periódico de Aragón

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David Chic

David Chic

Zaragoza

La pobreza energética es un problema multifactorial que va más allá del invierno. De hecho, con la llegada del calor un buen número de aragoneses se encuentra desprotegido en sus hogares para afrontar la situación, pues el 37% de las viviendas no están preparadas para las altas temperaturas, según destaca la directora de Acción para la Transición Ecológica Justa de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes), Cecilia Foronda. Un dato desproporcionado que está bastante por encima de la media en el resto del país, que está en el 33,6%.

Estos datos muestran un mapa que también ha sido fijado por el Observatorio de la Transición Energética y la Acción Climática (OTEA), que ha publicado el primer Atlas de la pobreza energética de España con el fin de ayudar a identificar áreas críticas de vulnerabilidad energética y a orientar la priorización de políticas públicas. El documento, basado en datos del año 2023, muestra que la factura energética media por hogar a lo largo de las secciones censales del país fue de 763 euros anuales, con una carga energética media (porcentaje del ingreso destinado a energía) del 3,7%. En el caso de las grandes ciudades es Zaragoza la que queda en segunda posición, dedicando un 3,6% (555 euros de gasto medio) solo por detrás de Las Palmas.

Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo es la desigualdad existente a escala local, especialmente dentro de las ciudades, como indica el investigador del Basque Centre for Climate Change (BC3) que está al frente de la iniciativa, Manuel Tomás. Grandes capitales como Madrid, Barcelona o Sevilla presentan «bolsas» de vulnerabilidad energética, es decir, barrios contiguos donde existe una mayor probabilidad de sufrir pobreza energética. En el caso de Zaragoza se han detectado en Casablanca, el Oliver, las Delicias, el Picarral o Las Fuentes. «Estas mayores cargas se observan generalmente en barrios periféricos, donde las familias tienden a disponer de menos recursos económicos y a vivir en viviendas más antiguas e ineficientes», asegura.

En el conjunto de Aragón Foronda destaca que el indicador se sitúa en un 16,5%, ligeramente por debajo de la media española. Lo mismo ocurre con las viviendas que mantienen una temperatura inadecuada en invierno: en Aragón afecta al 13,9% de los hogares, mientras que en el resto del Estado la media es del 16%.

En naranja las zonas donde más cuesta climatizar un hogar.

En naranja las zonas donde más cuesta climatizar un hogar. / El Periódico de Aragón

En el análisis de estos datos sorprende la falta de adaptación para el calor, sobre todo en un contexto de más incidencia de las altas temperaturas debido al cambio climático. «Aragón es una comunidad históricamente fría, por lo que los hogares suelen estar medianamente bien equipados para combatir las bajas temperaturas», indica la investigadora de Ecodes. Sin embargo, la pobreza energética se deja sentir mucho más en verano, conectada con las grandes olas de calor. «Hasta hace poco, pasar calor en casa se consideraba una simple incomodidad, no se veía como el grave problema de salud pública que es hoy en día. Afecta a los hogares, a los colegios y a los colectivos más vulnerables», denuncian.

Ante esta situación desde Ecodes reclaman mantener una línea de ayudas para las familias que lo necesitan y realizar pedagogía favoreciendo el aislamiento y el ahorro. «Lo primero es entender que la energía más barata es la que no se consume. Necesitamos mantener líneas de ayuda urgentes como el Bono Social para el pago inmediato de facturas, pero la solución definitiva pasa por rehabilitar y aislar las viviendas de las familias vulnerables. Si una casa está bien aislada, mantiene una temperatura digna en invierno y verano de forma natural», destacan la responsable de Transición Ecológica.

Además, indican que no se debe olvidar el impacto en la salud. «La pobreza energética causa enfermedades físicas (respiratorias, cardiovasculares, golpes de calor), pero también graves problemas de salud mental como la ansiedad y el estrés que sufren los padres al no poder ofrecer una vida digna y confortable a sus hijos» reitera a la hora de pedir «apoyo técnico y humano» para que las ayudas sean realmente útiles para las familias que las necesitan.

De hecho, Tomás destaca que el nuevo atlas, por su nivel de detalle, está pensado para apoyar a las administraciones públicas en la toma de decisiones, facilitando la identificación de «áreas críticas» donde las actuaciones de rehabilitación de viviendas, mejora de la eficiencia energética y otras políticas dirigidas a luchar contra la pobreza energética puedan implementarse de forma más focalizada, eficiente y eficaz.

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