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Zaragozeando

Adiós a la emblemática tienda de botas El Tubo en Zaragoza: "Ahora será un almacén de bar, pero no hay tristeza"

El cierre de la tienda de la calle Cinegio supone el fin definitivo de los negocios tradicionales en el corazón de la capital aragonesa

Con el cierre de la tienda de botas El Tubo muda su última piel: "Ahora será un almacén de bar, pero no hay tristeza"

Laura Trives

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David Chic

David Chic

Zaragoza

El Tubo vuelve a cambiar de piel. El cierre de la tienda de botas de la calle Cinegio, actualmente en liquidación, significa la transformación completa del corazón de Zaragoza, que actualmente se vuelca en el ocio y los bares. En su día, las estrechas calles marcaban el pulso de la ciudad y allí se mezclaban vecinos de toda la vida, golfos, tiendas y tascas. Ahora solo quedan negocios de hostelería, cada vez más parecidos entre sí. Pero bueno, es signo de los tiempos. Así lo indica Julián Franco, que ha visto cómo ha cambiado la zona desde que se puso al frente del negocio en los años ochenta del siglo pasado. «Ahora será un almacén de bar, pero no hay tristeza», asume.

La tienda de botas del Tubo ha sido hasta ahora la resistencia de un mundo que se esforzaba por sobrevivir. Su origen está en los años veinte cuando el abuelo de Franco recorría las estrechas calles con sus aperos de limpiabotas, uno de aquellos oficios que marcaron toda una época. Fue su hijo, en los años 50, el que montó la primera tienda de botas camperas. ¿Botas camperas? Pues claro. En aquellos años estaban muy de moda y existía una gran industria especializada. Después, en los años ochenta, se convirtió en una prenda imprescindible para la juventud. Bunbury acostumbraba a comprar allí los botines que usaba en sus giras. Y también ha figurado en la película de La estrella azul completando el aspecto de Mauricio Aznar, otro de los habituales del negocio.

El Tubo de aquella época no se parecía en nada al actual centro de ocio y turismo en el que se ha convertido. Evolucionó de unos años cuarenta llenos de vida a una zona más oscura en la que convivían tiendas de discos, pescaderías, de cómics, cuchillerías y salones de reparación del calzado. «Antes los sábados se trabajaba muchísimo, pero ahora nadie entra en las pocas tiendas que quedan porque los que vienen solo quieren darle al drinking, algo que todavía ha empeorado más con la moda del tardeo», asegura.

Resignación

Un cambio que lleva más de veinte años consolidado. Un periodo en el que Franco ha visto cómo los vecinos cerraban, se trasladaban y eran sustituidos únicamente por negocios de hostelería. «Es algo que ha pasado en todas las calles estrechas de todas las ciudades de España, es lo que buscan los turistas y es normal que los locales acaben mutando», explica con resignación al poner como ejemplo los cambios que se han visto en Logroño o Bilbao.

Estos días la tienda de botas cuelga en su escaparate el cartel de liquidación con el objetivo de cerrar definitivamente en septiembre. Una buena parte de los clientes que mantiene son moteros, aficionados a los productos artesanales y el cuero. Aunque ellos mismos se han dejado llevar por otros productos de menos calidad que se compran por internet, sobre todo si llevan los logotipos de marcas famosas. «Ellos sabrán, ahora prefieren gastarse un pastizal por algo que lleva la marca de Harley Davidson aunque sean botas que han pasado por diez manos antes de llegar a ellos», señala.

Los cambios sociales han precipitado el cierre del negocio. «Los jóvenes ya no saben ni lo que es una suela de cuero, no están acostumbrados aunque transpiran mejor que cualquier zapatilla de deporte. Se ha perdido la costumbre de este tipo de prendas», asume. Ahora el Tubo, que se enfrenta a una época de inspecciones urbanísticas para garantizar la estabilidad de sus centenarios edificios, observa cómo no queda abierto ninguno de sus comercios tradicionales. Solo aguantan la tienda de productos eróticos y la barbería, abiertos ambos no hace tantos años tomando el relevo de otros locales históricos.

El cierre de la zapatería, con su aire de salón vaquero, supone también el fin en Zaragoza de uno producto muy especial que solo se puede encontrar en su establecimiento: el zapato de tacón para hombre, los llamados cubanos o de estilo Luis XV. «Las modas cambian mucho, tampoco hay que preocuparse», indica.

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