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URBANISMO

Kasan, distrito comercial: así es la galería en el centro de Zaragoza que resiste al comercio electrónico

Mientras que la mayoría de los pasajes comerciales de la capital aragonesa languidecen, la galería del complejo residencial del Actur desafía la norma con cuarenta locales en los que realizan sus compras los más de 2.000 vecinos que residen en los bloques apostando por los servicios de proximidad

El pasaje comercial de los bloques de Kasan mantienen su vigor gracias a los vecinos.

El pasaje comercial de los bloques de Kasan mantienen su vigor gracias a los vecinos. / Javier Río

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David Chic

David Chic

Zaragoza

Vivir en Kasan es como vivir en un pueblo. Aunque se encuentre en el centro de uno de los barrios más poblados de Zaragoza, el gran número de residentes y la existencia de una concurrida galería comercial hace que casi no sea necesario salir al exterior para desarrollar la vida cotidiana. Así lo confirman los residentes, que llevan cincuenta años vinculados a una construcción emblemática en la ciudad.

La galería comercial tiene un poco de todo y sus cuarenta locales contrastan con la imagen que ofrecen estos pasajes en el resto de la capital aragonesa en los que priman las persianas cerradas. Aquí los clientes van, vienen y conversan entre ellos. Carnicerías, farmacias, bares, fruterías, peluquerías o establecimientos de limpieza. Se puede encontrar todo lo necesario en unos pocos metros, manteniendo su esencia popular y de barrio. «Aquí se trabaja muy bien», dice la charcutera de Montori y Barranco.

«Esto es como un pueblo», explica el vicepresidente general de la mancomunidad de vecinos, Francisco de León, siguiendo la impresión de la que participan la mayoría de los residentes. «Llevo más años aquí que la obra», bromea María Molins, una de las compradoras que sale de la tienda de frutas tras un rato de charla. «Nos conocemos todos y cuando alguien se muere enseguida nos enteramos», asegura.

La discreción, pues, es difícil en el bloque de viviendas, que se encuentra casi asilado del entorno y en el que viven más de 2.000 vecinos. En este momento las obras de mejora del aparcamiento, con constantes goteras, está provocando algunas fricciones entre los residentes. «Vamos a tener que vender los pisos para poder pagar», señala otro de los inquilinos de toda la vida. Los trabajos, valorados en ocho millones, se costearán íntegramente por la mancomunidad de Kasan que tiene asegurado el desarrollo de las obras gracias una serie de derramas previas. Además, son la primera fase de un ambicioso plan de reformas en la que se contempla la mejora de la eficiencia energética del edificio cambiando toda la cubierta y modernizando el aspecto exterior de los diferentes bloques de pisos. «Tras tantos años es necesaria una actualización», explica el vicepresidente general.

En su caso, con ocho años en el cargo, recuerda que el propio pasaje comercial ha revivido con vigor en este periodo de tiempo tras unos años de cierres consecutivos, suciedad y muros pintados. «El cambio ha sido espectacular», reconocer Molins. En Kasán, muchas viviendas pasan de padres a hijos, reforzando el sentimiento de pertenencia, una tónica que también ha evolucionado con el tiempo. «Los nuevos residentes ya no se implican tanto, pero nos gusta mantener la sensación de comunidad», explica Sara Fuentes, llegada hace unos pocos años.

La mayoría de los clientes son los vecinos del bloque, sobre todo los de más edad que gracias a la galería comercial no tienen que desplazarse a otras zonas de la ciudad. Así, en sus laberínticos pasillos encuentran todo lo que necesitan y al mismo tiempo conversan y conviven. El comercio de proximidad que se ha perdido en otras zonas de la ciudad mantiene aquí sus características distintivas, aunque existen algunos locales innovadores como el espacio para venta y reparación de recreativas o una lavandería. Por su situación estratégica también es el lugar elegido para sus compras por parte de los residentes de los bloques cercanos.

El complejo residencial Kasán, inaugurado a principios de la década de 1970 en Zaragoza, destaca históricamente por haber sido el primer gran edificio y el germen urbano del barrio del Actur. Esta monumental obra de la arquitectura residencial está estructurada en once bloques o portales interconectados con un diseño escalonado que oscila entre las diez y las catorce plantas de altura.

Arquitectónicamente, los once bloques se disponen en forma trapezoidal rodeando una gigantesca explanada central privada de uso exclusivo para la mancomunidad y por sus bajos discrurrre la galería comercial que resiste a una época de comparas por internet.

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