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Nuevo intento para proteger un edificio en Zaragoza y evitar su derribo: "Es una de las pocas piezas del sistema ferroviario que sigue en pie"

Los vecinos buscan evitar la demolición de la antigua estación del Portillo, galardonada en 1973 con el trofeo Ricardo Magdalena de arquitectura

Los vecinos piden proteger la antigua estación del Portillo

ASOCIACIÓN VECINAL JOAQUÍN COSTA - EL CARMEN

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

No lo consiguieron con la antigua oficina de Correos en la avenida Anselmo Clavé de Zaragoza, que ya está siendo derruida poco a poco, pero los vecinos de la asociación Joaquín Costa-El Carmen no se dan por vencidos. Esta entidad ha presentado oficialmente una solicitud al Gobierno de Aragón para la protección patrimonial del edificio de la antigua estación de trenes del Portillo, un edificio que en 1973 consiguió el trofeo Ricardo Magdalena de arquitectura, y está previsto que se acabe derribando en las obras de reurbanización de esta antigua estación.

Es más, en las últimas semanas ya han desaparecido bajo la acción de la piqueta las rampas de acceso hasta el hall de la estación, que se encontraban en mal estado de conservación. El plan a futuro, no obstante, pasa por demoler la estación al completo al igual que se va a hacer con el edificio de Correos, y esto es lo que los vecinos quieren evitar. El pasado mes de febrero la asociación Joaquín Costa-El Carmen ya consiguió paralizar, al menos durante unas semanas, la demolición de la oficina postal, pero la DGA optó finalmente por no catalogar el inmueble, dando vía libre a su destrucción pese a las voces expertas que se habían manifestado en contra.

Los vecinos piden usar el edificio para dotarlo con usos culturales y educativos

Los vecinos se aferran por tanto a lo que sigue quedando en pie y es que, más allá del valor patrimonial de los edificios, desde esta asociación defienden que resultaría muy beneficioso para el barrio poder reformar edificios como la antigua estación del Portillo, con miles de metros cuadrados en su interior, para darles un uso ciudadano y dotar a la zona de nuevos equipamientos.

La solicitud enviada al Gobierno de Aragón, no obstante, pone el foco el valor de la estación como testigo de un momento relevante de la historia de la ciudad. "La antigua estación del Portillo es una de las infraestructuras más representativas de la transformación urbana, industrial, ferroviaria y social de Zaragoza durante el siglo XX", reza la petición, dirigida a la dirección general de Patrimonio Cultural. Es más, en la capital aragonesa ya se ha optado antes por conservar este tipo de construcciones, como es el caso de la antigua Estación del Norte, reconvertida en centro cívico, la de Utrillas y la de Caminreal, que sigue en pie justo al lado de la estación intermodal de Delicias.

Estado actual de la plataforma derruida, con la plaraforma frontal derribada.

Estado actual de la plataforma derruida, con la plaraforma frontal derribada. / ASOCIACIÓN VECINAL JOAQUÍN COSTA - EL CARMEN

Así, la solicitud se fundamenta "en los valores históricos, arquitectónicos, urbanos, ferroviarios, sociales y culturales del inmueble, que durante décadas constituyó la principal terminal ferroviaria de la ciudad y formó parte de la vida cotidiana de varias generaciones de zaragozanos", argumentan. La asociación entiende que "ha llegado el momento de reconocer patrimonialmente la importancia de la antigua estación, que fue la principal de la ciudad durante más de treinta años y una de las infraestructuras más significativas de la transformación urbana, industrial y social de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XX". "Es una de las pocas piezas del sistema ferroviario que sigue en pie", zanjan.

Sobre los posibles usos del inmueble, desde la asociación apuntan a que tanto su dimensión y su ubicación "permiten plantear equipamientos culturales, educativos, sociales y vecinales". "Del mismo modo, la explanada resultante de la demolición de la antigua plataforma ofrece una oportunidad para incorporar espacios deportivos, zonas de juego y áreas estanciales", apuntan. La conservación del inmueble resulta, además, "plenamente compatible con su adaptación" a estos nuevos usos.

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