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PATRIMONIO HISTÓRICO

Los historiadores piden recuperar el edificio demolido en el Tubo: "No cabe ninguna excusa, esa fachada del siglo XVI se puede y se debe reconstruir"

La propuesta busca una nueva orientación en las políticas patrimoniales de la capital aragonesa tras perder a marchas forzadas la esencia de su ladrillo histórico

Los historiadores piden recuperar el edificio demolido en el Tubo

Jaime Galindo

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David Chic

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Zaragoza

"Zaragoza es ladrillo, y la estamos perdiendo a marchas forzadas". Esta es una máxima que defienden un buen número de historiadores y arqueólogos que han visto como en las últimas décadas se suceden los derribos de edificios históricos para sustituirlos, en palabras del también escritor, Daniel Aquillué, por "bloques cebra y otros sucedáneos" que dan lugar a una estética anodina que no se corresponde con ningún lugar en concreto. Ahora, junto con el investigador José Luis Ona, han defendido públicamente la posibilidad de recuperar el edificio demolido en El Tubo el pasado mes para tratar de revertir esta tendencia. "No cabe ninguna excusa, esa fachada del siglo XVI se puede y se debe reconstruir", aseguran.

La propuesta ha recibido un eco notable y permitiría recalibrar las políticas patrimoniales de la capital aragonesa. "El patrimonio histórico va mucho más allá de grandes monumentos como el Pilar, la Seo o la Aljafería, pues también incluye la arquitectura popular y cotidiana, que es ese ladrillo", explica Aquillué. La propuesta pone sobre la mesa que todo el conjunto del casco histórico zaragozano es Bien de Interés Cultural (BIC), y que por lo tanto "la propia normativa del ayuntamiento exigía para este inmueble una conservación y rehabilitación integral que mantuviera la fachada, la caja de escaleras y los elementos históricos interiores".

Ona lamenta que una vez detectada la ruina del inmueble no se actuara con un criterio conservacionista para proteger al máximo sus elementos históricos. "Queremos creer que no se ha actuado con mala fe", incide Aquillué. Con todo, una vez procedido al derribo, creen que se puede optar por la reconstrucción para devolver a la calle parte del aspecto que tenía en el siglo XVI, la época de máximo esplendor de la arquitectura popular aragonesa. "La mejor contribución que pueden hacer las administraciones a los fastos del segundo centenario goyesco es precisamente la conservación de la Zaragoza que el pintor conoció", ironiza el arqueólogo José Luis Ona.

El plano de la fachada original según se conserva en el archivo municipal de Zaragoza.

El plano de la fachada original según se conserva en el archivo municipal de Zaragoza. / Ayuntamiento de Zaragoza

El edificio de la calle Estébanes 12-14, en pleno corazón turístico de Zaragoza, ha sido derribado por "un estado de ruina inminente debido a graves problemas estructurales que amenazaban con el colapso de la finca" detectados en noviembre de 2025. Previamente, en 1880 había sufrido una reforma con "la estética eclecticista del momento" que apostaba por cubrir el ladrillo original con nuevas fachadas para seguir las modas madrileñas. "Contra un derribo ya ejecutado se puede hacer poco, no podemos volver atrás en el tiempo, pero , igual que se hizo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, existe una alternativa planteando una arquitectura coherente con la estética, la tradición y la historia de Zaragoza, que evoque el patrimonio desaparecido", evidencia Ona.

De este modo los historiadores proponen reconstruir la fachada original, una medida a la que los propietarios podrían ser obligados por el propio Ayuntamiento de Zaragoza. "Afortunadamente tenemos los planos detallados del aspecto del inmueble a finales del siglo XV, con la típica arquitectura aragonesa de ladrillo con alero y arcos de medio punto, que había quedado oculta tras la reforma de 1880", indican.

Además creen conveniente recolocar los elementos interiores que quedaron a la vista con la precipitada demolición. "En Zaragoza, uno de nuestros grandes monumentos es un patio renacentista sacado de su sitio original y montado en otro lugar, proponer esto no es ninguna locura ni una quimera, y menos con los medios actuales", insisten citando el ejemplo del patio de la Infanta. "En este caso no cabe alegar ignorancia, pues el Ayuntamiento de Zaragoza sabía lo que perdía ya que esta fachada del XVI latente bajo la reforma decimonónica la publicó Carmen Gómez Urdáñez en su clásico libro Arquitectura civil en Zaragoza en el siglo XVI editado por el propio consistorio", incide el arqueólogo.

La estructura de ladrillo tras los muros derribados en el Tubo de Zaragoza.

La estructura de ladrillo tras los muros derribados en el Tubo de Zaragoza. / El Periódico de Aragón

El arqueólogo precisa que este tipo de intervenciones buscan dotar a la ciudad de un conjunto armónico y devolver "el respeto a la historia y a la identidad", más allá de crear pastiches o falsos históricos. Es una práctica habitual en ciudades castigadas por las bombas, como sucedió en el norte de Europa donde muchos conjuntos urbanos se levantaron de nuevo siguiendo los planos originales y fotografías. "Habría que dejar muy claro que se trata de una reconstrucción de la fachada y una recolocación de elementos históricos. Quizás se podría introducir algún sutil elemento moderno para diferenciar lo nuevo de lo antiguo, pero esto devolvería ambiente y personalidad a una zona que los ha perdido", propone a su vez Aquillué.

La medida sería significativamente diferente a otras ideas que se han plantado en la ciudad en los últimos años, como fue la reconstrucción de la Torre Nueva, un proyecto que acabó descartado sin haber obtenido ni consenso ni financiación. Los especialistas señalan que aquello era una obra nueva con materiales modernos, sin ningún tipo de planificación ni encaje en las tramas actuales de las calles. "Nosotros hablamos de restaurar algo que se acaba de perder con sus elementos originales, aunque renunciando a la fachada del siglo XIX, es un planteamiento realista", expresan.

Además, abogan por potenciar la rehabilitación y consolidación de los viejos edificios frente a la demolición por la que se ha optado en los últimos 90 años. "No hay una cultura arraigada de rehabilitación de edificios en la ciudad, muchos inmuebles se podrían haber adaptado dándoles un uso moderno que se quisiera pero manteniendo la estructura y la fachada original, falta voluntad y, sobre todo, falta sensibilidad", lamentan tras constatar la desaparición de trazas urbanas emblemáticas como la plaza del Pilar, viejas fábricas o conventos.

"Zaragoza hay que defenderla ladrillo a ladrillo, como decía Benito Pérez Galdós, pues corremos el riesgo de que sea la piqueta especulativa la que acabe con el patrimonio en lugar de las bombas, cada trocito de historia que se pierde es una puñalada en el corazón de la ciudad", dice Aquillué.

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