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Balance de tres años de mandato: los líos internos eclipsan la labor de la oposición en Zaragoza

La salida del portavoz de Vox, Julio Calvo, ha sido un roto para el principal socio del PP

Eva Torres (Vox), Lola Ranera (PSOE) y Elena Tomás (ZeC).

Eva Torres (Vox), Lola Ranera (PSOE) y Elena Tomás (ZeC). / PABLO IBÁÑEZ

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

La oposición en el Ayuntamiento de Zaragoza no lo ha tenido fácil, bien sea por la amplia mayoría, aunque no absoluta, que consiguió Natalia Chueca, o bien por las interferencias ajenas a la política municipal. Es decir, ya sea por mérito del rival o por demérito propio, los contrincantes políticos de la alcaldesa en la capital aragonesa no lo han tenido fácil para hacerse notar, aunque la nota la han dado en algún momento.

En este relato tiene especial relevancia Vox, un partido que en los últimos meses ha vivido en Zaragoza una situación del todo rocanbolesca. La ultraderecha ha jugado durante todo este mandato a ser Gobierno y oposición al mismo tiempo: comenzaron pidiendo cambiarse de bancada en el pleno para sentarse frente al PP (y junto a la izquierda) para pedir, poco meses después, y con el trabajo de carpintería para abrir hueco ya pagado, volver a su sitio al lado de los ediles populares.

Tanto en 2024 y 2025 los de Abascal jugaron a ponérselo difícil a la regidora y, más allá de algun mordisco por alguna causa concreta, los presupuestos municipales han sido el principal juguete que han usado los voxistas en la capital aragonesa para apretar a la regidora. Que sí, que no, que sí, que no... Pero el talante del que había sido hasta este pasado mes de marzo el portavoz de Vox en Zaragoza, Julio Calvo, declinó siempre la balanza a favor del pacto con la alcaldesa pese a que él, en más de una ocasión, no tuvo reparos en admitir que nada le gusta la forma de hacer política de la regidora. Él se entendía, llegó a reconocer en una entrevista radiofónica, con Azcón y entre cervezas. Cosas de hombres, justificó. En fin.

Órdenes desde Madrid

Pero todo cambió este año. Desde Madrid, la cúpula de Abascal forzó al grupo municipal a votar en contra del presupuesto en una maniobra sin sentido porque la alcaldesa podía aprobar igualmente sus cuentas si se sometía a una cuestión de confianza que tenía ganada. El pulso llegó hasta el final y conllevó la dimisión de Calvo, que se dio de baja de Vox. Y todo para que al final la nueva portavoz, Eva Torres, acabara firmando un pacto presupuestario con las mismas partidas que ya habían acordado meses antes. Por el camino, eso sí, han perdido un concejal de los cuatro que ostentaban en el pleno, puesto que Marisa Gaspar, la edila que ha entrado a formar parte de la corporación en sustitución de Calvo, se ha salido de Vox para ser concejala no adscrita.

A falta de ver cómo influye todo esto en la aprobación de las próximas -y últimas cuentas-, cabe analizar también el papel de la izquierda, en el que han influido casi más los líos externos que su labor interna.

Con respecto al PSOE, el cambio de parecer de la portavoz municipal, Lola Ranera, que pasó de ser lambanista a sanchista en apenas unas semanas, se lo puso muy difícil a la hora de plantear cualquier crítica a un PP muy unido. El acoso y los escándalos que rodean a Pedro Sánchez así como la corrupción han acabado por desarmar a un Partido Socialista que ahora que queda un año parece, por fin, que comienza a coger carrerilla tras el aterrizaje de Pilar Alegría al frente del partido en Aragón y que ha comenzado a curar la herida abierta con la degradación de rango del concejal Horacio Royo por haberse mantenido fiel al ala lambanista del partido.

Por su parte, ZeC ha sabido mantener su unidad interna y discursiva pese a los vaivenes de la izquierda en el ámbito estatal. Su carácter municipalista le ha permitido aislarse de los problemas de los otros y su labor de oposición constante y combativa ha sido reconocida incluso por el PP. ¿El problema? Que son solo dos concejales, por lo que su capacidad de influir en la toma de decisiones es mínima. Falta un año para las elecciones y las cartas están ya sobre la mesa. El que no se haya puesto ya las pilas, que no se las ponga. No llega a tiempo.

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