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La ciudad soñada tras la Expo de 2008 que nunca fue: el "nuevo centro" de Zaragoza, el interés del magnate Rupert Murdoch o la Milla Digital

La crisis económica cortó de raíz grandes proyectos casi atados como un gran espacio comercial y de ocio en el recinto, mientras nadie imaginaba que habría un Rastro en el Parking Sur y una 'mini Romareda' en el Parking Norte

Vista general del recinto de la Expo 2008 en Zaragoza al finalizar la muestra internacional.

Vista general del recinto de la Expo 2008 en Zaragoza al finalizar la muestra internacional. / Asociación Legado Expo

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David López

David López

Zaragoza

La Expo de 2008 en Zaragoza supuso una inyección de autoestima que no se ha vuelto a dar en los últimos 18 años y que todavía resuena en una ciudad que tuvo ese año su mayor transformación en infraestructuras de su historia reciente. Quizá las nuevas generaciones no conozcan que hubo proyectos de relumbrón como la Milla Digital que iban a revolucionar la ciudad en las nuevas tecnologías cuando todavía nadie hablaba de los centros de datos, o que hubo una laboriosa planificación de lo que debería ser una pos-Expo en el recinto de Ranillas a rebufo de ese chute inédito de capacidad inversora que se parece poco a lo que hoy, casi dos décadas después, se ha convertido.

Esa reconversión soñada que nunca fue tuvo mimbres para ser un gran proyecto para Zaragoza. Nació con el reto de batir el letargo que también había sufrido entonces el recinto de La Cartuja tras la Expo de 1992 de Sevilla, mucho más grande en dimensiones y con la misma ambición que Zaragoza por renacer con otros usos que no se dieron después. Pero una de las curiosidades que quizá la capital aragonesa ha dejado atrás es que las dos cajas aragonesas, Ibercaja y CAI se hicieron con el control de los dos grandes iconos de la ciudad antes de que otras entidades financieras, como La Caixa, pujaran por ellos, o que inversores extranjeros los adquirieran a golpe de talonario.

Quizá muchos ciudadanos aún no sepan que el magnate norteamericano Rupert Murdoch quiso hacerse con la Torre del Agua y presentó hasta cinco ofertas a la sociedad que gestionaba el recinto, Expo Zaragoza Empresarial, para convertir en un ambicioso centro de producción televisiva el emblemático edificio que hoy se está transformando en el Faro de la Logística, con el control de la DGA. La casualidad ha querido que las únicas televisiones que vayan a entrar en el recinto de Ranillas sea la autonómica, con el 'cacahuete' de 15.000 metros cuadrados que ocupará la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión (CARTV), y la estatal, Radiotelevisión Española (RTVE) en Aragón, que ya opera desde el recinto. Hace 18 años era esta productora estadounidense la que apuntó al icono diseñado por Enrique de Teresa. Se le adjudicó a la CAI por no vender al mejor postor este emblema y esta acabó renunciando a ella tras varios años de abandono.

Vista general del recinto Expo desde la azotea de la Torre del Agua de Zaragoza.

Vista general del recinto Expo desde la azotea de la Torre del Agua de Zaragoza. / Josema Molina

Eran otros tiempos, cuando esa pos-Expo diseñada para el recinto de Ranillas contemplaba transformar el Pabellón Puente de Zaha Hadid, cuyo coste final superó los cien millones de euros, en un museo dedicado a las nuevas tecnologías, con Ibercaja detrás. El paso del tiempo acompañó al edificio en el olvido inversor y acabó dándole un cambio de rumbo hacia el icono de la movilidad que es hoy llamado Mobility City.

Su renacer era un puntal fundamental en esa transformación del recinto en el que el entonces alcalde de la ciudad, el socialista Juan Alberto Belloch, apostaba por convertirlo en el "nuevo centro de Zaragoza" que compartiera protagonismo con el epicentro eterno que ha sido siempre la plaza del Pilar. Y para ello introducir en Ranillas una oferta cultural y de ocio sin precedentes en Zaragoza. Si hubiera salido todo lo que se pensó instalar allí... Uno de los proyectos estrella era transformar los llamados 'cacahuetes' junto al frente fluvial, en una amplia zona comercial y de ocio que trajera a la capital ofertas inéditas como las salas Imax o 3D, que entonces empezaban a implantarse en las grandes capitales de España y Europa. No fructificó, estuvo cerca, pero no se logró.

Eran tiempos en los que Zaragoza soñaba con esta oferta lúdica que se combinara con el mayor parque empresarial que existiera dentro de la ciudad. Era un modelo en auge en aquellos años y cuando se planteó esta planificación no tardaron en salir empresas interesadas, en un inicio en el que se vendían edificios enteros. Quizá nadie recuerde hoy que empresas tan importantes como Grupo Jorge, DKV o Master D llegaron a adquirir edificios enteros cuando esta pos-Expo estaba recién salida del horno. Y todas acabaron renunciando a su prereserva anunciada a bombo y platillo. El modelo de negocio cayó en picado con la crisis económica mundial y el pesimismo se instaló en un recinto que solo abrió como muestra internacional durante 93 días pero que estaba obligado a reinventarse para sobrevivir.

Así fue cómo se cambió el modelo de negocio y se pasó de vender edificios enteros a ocupar oficinas o plantas pequeñas en régimen de alquiler. Un aliciente para atraer empresas que no tuvo el tirón esperado. Y fue la Administración pública la que se lanzó a llenar ese enorme vacío en el parque empresarial. Trasladaron sedes decenas de entidades dependientes del Gobierno aragonés. Y no fue hasta la llegada de la Ciudad de la Justicia cuando la imagen empezó a cambiar. Aunque esa decisión suponía una apuesta arriesgada, ya que supondría abandonar para siempre los antiguos juzgados de la plaza del Pilar. Ese edificio que hoy ocupan el Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS) y que completará el año que viene o en 2028 el futuro Centro Goya, ambos dependientes de la DGA.

También se quedaron varados los múltiples proyectos que se anunciaron para el Pabellón de España, que hoy sigue vacío a la espera de un futuro. Antes de comenzar la Expo, María Teresa Fernández de la Vega, entonces vicepresidenta del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, anunció que al finalizar la muestra se transformaría en el Instituto de Investigación sobre el cambio Climático. La crisis se lo llevó por delante. Años más tarde se pidió que fuera la Escuela de Arquitectura de Zaragoza, y también hubo negociaciones para ser un espacio dedicado a la Universidad de Zaragoza o compartido con la Universidad San Jorge. Tampoco salió adelante.

Y es curioso que esa especie de agencia estatal anunciada por De la Vega sea ahora el reto a conseguir para el Pabellón de Aragón, también sin uso desde hace 18 años. Un edificio emblemático que también se pretendió para ser sede de la Consejería de Educación, ahora instalada en el parque empresarial Dinamiza, o para dotarla de otros usos público como la gran biblioteca pública de Aragón en la capital, entre otros experimentos que nunca pasaron del laboratorio de ensayos autonómico. Ahora pretende ser la sede de la Agencia Estatal de Salud Pública y ha presentado un plan de 60 millones de euros para transformarse para siempre.

Eran otros tiempos en el recinto de Ranillas, años en los que seguía habiendo una telecabina como las del Pirineo que conectaba el Parque del Agua con La Almozara pero nadie imaginaba que algún día el Parking Norte alojaría el Ibercaja Estadio donde el Real Zaragoza jugaría sus partidos oficiales. Tampoco se imaginaba nadie que bajaría a Segunda División años después de la Expo y a primera RFEF este 2026. O que a poco más de un kilómetro se construiría un Parque Tecnológico de Zaragoza como el DAT Alierta junto al Campus Río Ebro, tan alejado de Milla Digital, el gran proyecto que en 2008 era la gran apuesta de Zaragoza relacionada con este sector estratégico.

Esta iniciativa pretendía conectar el entorno de la intermodal de Delicias con los suelos de la antigua estación del Portillo, en un eje vanguardista de primer nivel plagado de equipamientos y referentes millonarios. El gran aliciente público era el llamado Centro de Arte y Tecnología (CAT) Etopia que obviamente nadie pensaba que acabaría siendo un icono del emprendimiento. Este uso se pensó para el primer gran vivero de empresas bautizado como edificio Emisiones Cero, cuando las energías renovables no eran tan protagonistas en la economía aragonesa y fue un hito por el nivel de eficiencia energética lograda con el autoconsumo.

El Portillo, por su parte, en esos años aspiraba a albergar un gran edificio de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que acabó naufragando. E incluso se pensó como espacio para construir una gran Filmoteca de Zaragoza, que lleva años sobreviviendo en la Casa de los Morlanes y en breve pondrá rumbo a la antigua Giesa. Y todo esto era antes de que apareciera CaixaFórum, auténtico motor cultural de este entorno ahora en reconversión como zona verde. Esa Zaragoza soñada tenía un relato que conectaba el viejo centro con ese nuevo centro que se pretendía. Aunque su realidad hoy es otra y ya no se plantea esa conexión sino que hay una apuesta por la diversificación. Y en La Almozara se espera un replanteamiento futuro, porque la única gran novedad desde la Expo de 2008 fue trasladar el Rastro que antes salió del entorno de La Romareda y luego se alojó junto al Príncipe Felipe.

Todas las transformaciones que ha vivido el recinto de la Expo y su entorno más próximo están relacionadas con la economía, las crisis sufridas y una larga espera que ahora parece llegar a su fin. Con 73 empresas ya instaladas en Ranillas y proyectos en cartera para dotarle de un amplio abaníco de usos, Zaragoza no ha cumplido su sueño de la posExpo diseñada en 2008 pero se ha labrado un futuro, que a la vista de lo ocurrido, no es poco.

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