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Natalia Chueca: una alcaldesa, tres cursos y tres etapas a un año de las elecciones

La regidora afronta su último año de mandato tras haber consolidado un modelo que le está trayendo muchas alegrías pero, y más últimamente, alguna que otra pena

Natalia Chueca cumple tres años al frente del Ayuntamiento de Zaragoza

El Periódico de Aragón

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Tres años lleva Natalia Chueca al frente de la Alcaldía de Zaragoza. La segunda mujer en dirigir los designios de la Muy Noble y Muy Leal asumió el cargo un 17 de junio de 2023 después de rozar una mayoría absoluta que no consiguió, un hecho que hasta ahora ha conseguido salvar gracias a Vox aunque con susto de por medio. A lo largo de estos tres ejercicios la regidora, una recién llegada a la política como quien dice, ha pasado por diferentes momentos, valga la obviedad, pero bien se podría hablar de las tres Chuecas que, hasta la fecha, han gobernado la ciudad.

La primera Chueca fue la que se coló en el imaginario colectivo de la ciudad a través de una gestión de las redes sociales nunca vista antes en Aragón en lo que a política se refiere. Vimos a la alcaldesa subida a un Fújur de peluche, en moto, bailando eufórica entre jóvenes... Todas aquellas imágenes contribuyeron a crear una idea sobre la primera edil que muchos enseguida tildaron de frívola mientras que otros la consideraron cercana y simpática.

Pero los primeros meses de Chueca fueron mucho más que fotos y sería injusto no reconocerle que tuvo que hacer frente a varias crisis casi cuando todavía no conocía su nuevo despacho. El 6 de julio de 2023 una tromba de agua descargó sobre la ciudad con una fuerza inusual. El Barranco de la Muerte se inundó y el colegio María Zambrano quedó completamente inutilizado. La gestión de la catástrofe fue eficaz, si bien la ausencia de víctimas graves ayudó a mitigar el impacto de la tormenta en los debates del consistorio.

Natalia Chueca el día de su investidura.

Natalia Chueca el día de su investidura. / Jaime Galindo

En aquellos primeros meses la política conservadora se tuvo que enfrentar a otro batacazo: el Real Zaragoza no se iba a presentar al concurso para construir La Romareda. La que había sido la promesa, con mayúsculas, de la campaña electoral, se disolvía como un azucarillo tan solo tres meses después de que Chueca llegara al cargo. Consiguió salvar el match ball la regidora, pero de los cero euros que iba a costar el estadio ya van 173 millones según los cálculos de la Cámara de Cuentas que, no obstante, tiran al alza. De momento.

En aquel primer año la popular demostró ser una outsider e hizo patente que no temía romper con inercias que habían mantenido sus antecesores, incluido el alcalde Azcón, también del PP pero con toda una vida de servicio en el consistorio. De ahí que la alcaldesa no tuviera reparos en cargarse hasta dejar casi sin fondos la subvención del Consejo de la Juventud, por ejemplo, una entidad en la que se han formado políticos de todos los partidos en la capital aragonesa desde los años 8o pero que la nueva alcaldesa consideró irrelevante. Sin pensarlo, adiós.

Lo mismo ocurrió con la fecha del debate del estadio de la ciudad, que tradicionalmente era a final de año. Ella lo puso en verano. O con ciertos festivales con un arraigo histórico en Zaragoza, como el Eifolk. También planeó el cambio de uso de La Azucarera y el cierre de Etopia como centro de innovación cultural para convertirlo en una especie de centro de negocios. Chueca no tenía cariño a estos proyectos porque no llevaba décadas en el ayuntamiento, por eso no tuvo reparos.

Dicen los que la conocen que la alcaldesa escucha las críticas pero si tiene claro que debe seguir adelante, lo hace sin mirar a los lados. Es trabajadora y lleva un ritmo que agotaría a cualquiera. Le gusta hacer equipo y hacer sentir bien a los suyos, pero también los aplausos. El ego es quizá uno de sus peores pecados, reconocen a su alrededor, un defecto que comparte no obstante con el 99% de la clase política.

La segunda Chueca, la de los éxitos

Aquella primera Chueca que demostró que tenía perfil propio y que venía para recorrer su propio camino llegó a su segundo año con todo de cara. Su sello en la gestión estaba impreso y unos presupuestos cada vez más expansivos le permitieron hacer y deshacer a su antojo, haciendo fácil lo que otros Gobiernos municipales habían intentado mil veces y no habían conseguido, gustaran o no.

Comenzaron entonces las reformas de calles, las decenas de anuncios con la promesa de transformar la ciudad. Y Chueca se propuso cumplir con su programa y lo hizo, gusten o no sus medidas. Esta es la segunda Chueca, la que acumula una larga lista de éxitos: levantar el Ibercaja Estadio en meses, la reforma de las riberas del Huerva (estos dos proyectos de la mano del Gobierno de Aragón), la construcción de cientos de viviendas de gestión municipal, el despegue de Arcosur... Aunque por el camino se quedaron, no hay que olvidarlo, los que ella misma vendió como sus «proyectos estrella» cuando comenzó el mandato, según dijo en la primera entrevista que concedió a este diario ya como regidora: el WiZink Center del Portillo y la Ciudad del Deporte. Nada se sabe y nada se sabrá de estos dos proyectos. 

Pero hay otros tantos anuncios que sí que han visto la luz, la mayoría. Sus planes, eso sí, le valieron ya en 2024 y 2025 las primeras grandes revueltas ciudadanas y así surgieron movimientos como Zaragoza no se vende, Salvemos los Pinares de Venecia y Sos Zonas Jóvenes, entre otros, colectivos vecinales todos nacidos al calor (y contra) de las políticas de la conservadora. También protestaron enérgicamente las feministas por la eliminación de los Puntos Violeta, los habitantes de Valdefierro contra la eliminación de la línea 24 y los de Vía Hispanidad por la recalificación del skate park para construir viviendas de lujo, una operación, esta última, que no se ha llegado a hacer.

Chueca, en la inauguración de la avenida Navarra.

Chueca, en la inauguración de la avenida Navarra. / RUBEN RUIZ

Las calles se caldearon en aquel segundo año y al llegar a este tercero que ahora termina las protestas en la calle se han convertido, en algunos casos, en problemas en los despachos. Y es que una Chueca poco acostumbrada a que le salgan las cosas mal ha tenido que lidiar en los últimos meses con más de un fiasco, todos gestionados, todo sea dicho, por la dirección general de Proyectos Estratégicos que dirige José María Ruiz de Temiño. La renovación del contrato de gestión del Parque de Atracciones ha terminado, por el momento, con el recinto cerrado. Y la ciudad del cine de Giesa ha tenido que salvarse entregado la gestión dedazo mediante después de haber invertido 20 millones de dinero público. A todo esto se suma la mala situación del Real Zaragoza, que aunque no es achacable al ayuntamiento, por su puesto que no, añade dudas al que es el proyecto por antonomasia de Chueca: la nueva Romareda.

Polémicas aparte, lo que nadie puede quitarle a Natalia, como le dicen los suyos, en estos tres años es la cantidad de trabajo realizada. Ahí quedarán las más de 30 calles renovadas o el cierre de cicatrices históricas como el Portillo. A cambio, eso sí, de otras nuevas que no dejan de abrirse en un Casco Histórico que desde hace años se cae a cachos. Los cimientos del mandato son sólidos, pero si no se invierte en el sostenimiento de la estructura, todo acaba viniéndose abajo.

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