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El pueblo escondido en las calles de Torrero que rebosa color y vecindad

El entorno de las calles San Marcial, Cuarte y Fray Julián Garcés esconde un mundo de casitas unifamiliares decoradas cada una de forma diferente

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Torrero es un barrio con personalidad propia y, como todos los distritos de la ciudad, comenzó a agrupar distintos tipos de construcciones y viviendas. Como ocurre con toda la periferia de Zaragoza y otras tantas ciudades españolas, fue en los años 50 y 60 del año pasado cuando estos barrios comenzaron a crecer gracias a la llegada de cientos y miles de migrantes del campo, algunos de los cuales se construyeron sus viviendas con adobe, de lo que todavía queda constancia en algunas fachadas.

Así surgieron en la capital aragonesa todas esas callecitas plagadas de parcelas con viviendas unifamiliares de una planta. Las hay en Valdefierro, en Oliver, en La Jota y también en Torrero. Pero la selección natural ha querido que, como ocurre en Galápagos, las casas de esta zona alta de la capital aragonesa han seguido su propia línea evolutiva, generando un ambiente único que poco o nada tiene que ver con otros puntos de la ciudad. Y es que Torrero siempre ha sido República Independiente, también para esto.

BARRIO TORREROLa calle San Marcial tiene un urbanismo muy similar al de un pueblo.

BARRIO TORREROLa calle San Marcial tiene un urbanismo muy similar al de un pueblo. / Laura Trives

Todas estas casitas están comprendidas en un entorno delimitado, más o menos, por las calles Cuarte, Fray Julián Garcés y Mesones de Isuela, si bien también se extienden por los alrededores de la calle San Marcial. Y aunque pueda parecer un detalle menor, una característica más del urbanismo de la ciudad, este tipo de viviendas ayudan a explicar el carácter de Torrero. Sus calles, sus alturas desiguales y esa mezcla entre lo popular y lo improvisado componen una estampa muy reconocible y al mismo tiempo muy desconocida en el resto de la capital aragonesa.

En estas calles es posible encontrarse de repente con una fachada decorada con un mosaico y azulejos de colores, casitas de una planta junto a edificios de varias alturas o modernas construcciones de chapa y concreto levantadas sobre parcelas que ahora albergan chalés de diseño en vez de paredes de barro.

Festival Asalto

En algunas calles como la propia San Marcial se respira un ambiente más propio de un pueblo que de un distrito urbano. No se trata solo de casas antiguas ni de una forma concreta de construir, sino de una manera de ocupar el barrio y de relacionarse con él, con una escala más humana. Y es que en Torrero las viviendas unifamiliares no aíslan, como puede ocurrir en los barrios más modernos, diseñados casi para no molestarse en saludar al vecino, sino que generan comunidad. Muestra de ello son las cenas organizadas este último fin de semana a pie de calle cuyo objetivo no era otro que ese, juntarse y compartir con el que vive tras la puerta de al lado.

La última pincelada en este entorno lo puso la edición del festival Asalto de 2024, que acabó por dar color a un barrio alegre como pocos.

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