Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

ZGZ CON VOZ PROPIA

Los guardianes de las llaves de Kasan: "Los repartidores agradecen nuestro trabajo, esto es laberíntico"

Los porteros del gigantes complejo residencial del Actur relatan las transformaciones del barrio zaragozano y su papel clave en la vida comunitaria desde los años setenta

Los conserjes del histórico edificio Kasán relatan la transformación de Zaragoza.

Jaime Galindo

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
David Chic

David Chic

Zaragoza

El complejo de Kasan se ha desarrollado en el Actur de forma orgullosamente independiente. Rodeados de grandes avenidas, sus más de 2.000 residentes han compartido casi cincuenta años de historia común, luchas vecinales y empeños compartidos. Y en el centro de todo han estado, callados y atentos, una decena de porteros (o casi dos, según la época) que han controlado, guiado y facilitado la vida de toda persona que pusiera sus pies en el inmueble. "Por suerte estamos aquí, pues hasta los repartidores agradecen nuestro trabajo, esto es laberíntico", bromean algunos de ellos al mirar al pasado.

El zaragozano Joaquín Muñoz entro a trabajar e Kasan a finales de los años setenta. Allí se habían instalado sus padres cuando tenía 14 años y a los once bloques de piso solo los rodeaban acequias y espacios abiertos. Zaragoza, según les parecía a aquellos colonos, estaba muy lejos. "El puente de Santiago aún no existía, solo estaba el paso del ferrocarril, por eso daba la sensación de que todo estaba a mucha distancia", explica.

En aquellos años la figura del portero era fundamental para la organización vecinal. Sus tareas no estaban del todo claras y a veces incluían despertar a los niños para que llegaran con hora a la escuela. "Todo el mundo era muy joven", explica el también portero (en otro bloque), Julio Lavado. "En todas las comunidades nacían bebés, como ahora pasa en Arcosur, entonces todo estaba empezando", indica. Las familias se unían y hacían vida en común en las grandes zonas comunes con las que cuenta Kasan.

KASAN CONSERJES PORTEROS EMPLEADOS DE FINCAS

Uno de los conserjes de Kasán, en su portal. / Jaime Galindo

De hecho, estos espacios están inmersos en una reforma que puede poner patas arriba toda la comunidad. Por ahora ya han comenzado los trabajos en la enorme losa que cubre las plazas y está previsto (si todo va bien) que en los próximos años se cambien todas las fachadas renovando la imagen que ofrecen al exterior.

En la memoria de todos los residentes está el conflicto que se generó por el plan municipal para evitar el chabolismo. En 1984, coincidiendo con la visita del papa Juan Pablo II, el Ayuntamiento de Zaragoza planificó la eliminación de los asentamientos informales dispersos a lo largo de la ribera del Ebro. La propuesta institucional consistía en reubicar a los habitantes en 38 casetas prefabricadas en la zona de Ranillas. Esta medida desencadenó una serie de protestas y disturbios que se extendieron durante una semana, resultando en personas heridas y asaltos a viviendas en un ambiente de alta tensión. "La gente les tiraba macetas por las ventanas a los guardias y me acuerdo de que usaban tirachinas con bolas de acero. Vinieron incluso grupos de anarquistas del País Vasco a sumarse al jaleo", recuerda otro de los trabajadores en las porterías, Salvador Pérez.

Los porteros de Kasan se definen como los "serenos" de la comunidad.

Los porteros de Kasan se definen como los "serenos" de la comunidad. / El Periódico de Aragón

Los ciudadanos se manifestaron en las calles para bloquear los trabajos de la maquinaria. Ante esto, las fuerzas antidisturbios intervinieron utilizando botes de humo y pelotas de goma para dispersar a la multitud. Finalmente, las obras no se llevaron a cabo y los barracones proyectados no llegaron a construirse. "A mí me pilló con 12 o 13 años, cuando yo jugaba al balonmano en el colegio Marianistas. En aquel momento yo salía tranquilamente y me montaba en el autobús en Valle de Broto, pero nada más arrancar, lo paró un grupo de vecinos. Subió un chico con una cresta, un punk de la época, y muy educadamente nos dijo: Señores, por favor, ¿pueden bajar del autobús? Es que lo vamos a quemar. Como yo tenía 12 años, abrieron las puertas y me bajé corriendo. En ese momento apareció la policía, los manifestantes se dispersaron, el autobús cerró las puertas y se marchó. Yo me quedé abajo solo con todo el disturbio y tuve que salir corriendo a refugiarme en casa. Estuvimos encerrados una temporada", resume el actual vicepresidente general de la mancomunidad de vecinos, Francisco de León. Así era aquella época.

"Cuando yo entré a trabajar, el portero que se jubilaba incluso iba a comprarles el pan a los vecinos, hasta que la comunidad decidió que ya no se debía usar al portero para los recados particulares. Ahora la situación ha cambiado mucho y como la población ha envejecido tienes que estar muy pendientes de ellos y pasar a visitarlos cada cierto tiempo, ahora nos volvemos a preocupar por los mayores, por si hay que hacerles algún recado o ayudarles a subir la compra", explica el encargado del bloque diez, Pablo Pasamar.

El equipo de porteros destaca que su labor ha sido fundamental para aliviar la carga de los repartidores y de los operarios de servicios, como los electricistas, quienes a menudo se sienten perdidos debido a la confusa distribución de las direcciones y portales en el complejo. Esa ha sido una constante en un bloque de edificios que estuvo a punto de compartir solar con un hotel y que en este tiempo ha tenido incluso un equipo de fútbol propio que ha competido en las ligas de barrio.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents