La cervecería Tramsburgo, histórico refugio de la afición del Real Zaragoza, reabre con un aire renovado: "Quería modernizarlo sin perder la esencia"
El joven de 22 años ha reabierto el histórico local de La Romareda tras meses cerrado, recuperando la esencia y añadiendo nuevas propuestas culinarias
En imágenes | Tramsburgo, el templo de la afición del Real Zaragoza que reabre con aires renovados / JAVIER RIO / EPA
A sus 22 años, Carlos Cupueran todavía se sorprende cuando piensa en cómo ha terminado al frente de una cervecería histórica del barrio. La cervecería Tramsburgo, ubicada en la Calle de Asín y Palacios, 11, en La Romareda, ha recuperado su actividad tras meses con la persiana bajada.
El nuevo dueño, hijo de padres ecuatorianos y nacido en Zaragoza, llevaba toda su vida trabajando en hostelería, pero nunca imaginó que regentaría su propio local. “Si me lo preguntas el verano pasado, te digo que imposible", reconoce. La oportunidad llegó prácticamente de casualidad: el bar donde trabajaba, Jameos, iba a cambiar de dueño e intentó adquirirlo en propiedad, pero ya había otra propuesta sobre la mesa.

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Reapertura en febrero tras meses clausurado
Fue entonces cuando varios camareros de la zona le avisaron de que otra cervecería cercana se quedaba sin relevo. El negocio quedó clausurado desde el 14 de agosto hasta que él lo reabrió el 27 de febrero. En enero, comenzaron las negociaciones con el propietario, Miguel, quien le entregó las llaves para empezar a acondicionar el local. El proceso se alargó más de lo previsto, particularmente, por la burocracia. “Cuando no faltaba un papel, faltaba otro”, recuerda Carlos, que admite que los trámites fueron retrasando la apertura como en cualquier otra reforma.
La cervecería Tramsburgo, con más de cuatro décadas de historia, exigía una intervención integral para ponerse al día. El actual responsable, modernizó el espacio manteniendo la esencia de siempre.

En imágenes | Tramsburgo, el templo de la afición del Real Zaragoza que reabre con aires renovados / JAVIER RIO / EPA
Se conservan los clásicos del establecimiento
La carta conserva los clásicos del establecimiento: hamburguesas hechas al momento, pan de calidad y las famosas patatas bravas, con una mayonesa casera que heredó de la antigua dueña y un picante propio que no se asemejan a ninguna salsa convencional. “Si ella no me llega a dar la receta, no tendrían el mismo éxito”, admite. También triunfan las croquetas y la ensaladilla, ambas caseras. Recientemente, los burritos y los nachos se han convertido en dos de las incorporaciones más solicitadas. Aunque los nachos llegan ya preparados, el pico de gallo y la carne lo elaboran ellos mismos, algo que implica que funcionen especialmente bien.
Carlos se independizó con 18 años y desde entonces ha trabajado siempre en hostelería. Por eso, cuando surgió la oportunidad de quedarse con el local, decidió dar el paso. “Nadie quiere arriesgarse, pero yo soy muy echado para adelante”, cuenta.
El ambiente varía según la hora: por la mañana predominan los clientes más tranquilos y veteranos, al mediodía, trabajadores en oficinas; y por la tarde, un tardeo incesante de jóvenes. La zona funciona especialmente bien gracias a su amplia oferta educativa, sanitaria y residencial de la capital aragonesa.

En imágenes | Tramsburgo, el templo de la afición del Real Zaragoza que reabre con aires renovados / JAVIER RIO / EPA
Un punto de reunión en las previas del Real Zaragoza
Cuando jugaba el Real Zaragoza en La Romareda, la plaza se convertía en un punto de reunión para los aficionados. “Los partidos nos daban un empujón enorme, sobre todo en invierno”, explica. Carlos confía en que el equipo vuelva a remontar porque la afición, dice, “es de las más fieles que existen”.
En cuanto a la cerveza, trabaja principalmente con Ámbar, la marca que más respaldo le ofreció cuando cogió el bar y que, al mismo tiempo, es patrocinador del club aragonés desde hace más de dos décadas. Además, presume de algo que para él es fundamental: “Aquí la copa siempre está fría”, un detalle esencial que considera que marca la diferencia para degustar una buena cerveza.
Con una plantilla renovada de tres camareros y una cocinera, el principal propósito de Carlos es que el cliente se marche satisfecho con la atención recibida. Al final del servicio, pregunta siempre a los comensales sobre sus sensaciones. “Lo importante es que sea un sitio acogedor, donde estés a gusto”, resume. Hasta el momento, la Cervecería Tramsburgo está superando ampliamente las expectativas de los zaragozanos.
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