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La "isla de calor" de Zaragoza: los residentes en el centro soportan 1,6 grados más de media durante todo el año

Una publicación de la Universidad de Zaragoza alerta de la tendencia al alza de las altas temperaturas en los barrios céntricos si no se toman medidas de mitigación

Un grupo de trabajadores en el centro de Zaragoza en plena ola de calor, este lunes.

Un grupo de trabajadores en el centro de Zaragoza en plena ola de calor, este lunes. / Pablo Ibáñez

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David Chic

David Chic

Zaragoza

Zaragoza es una "isla de calor". Y si no se toman medidas rápidamente, las altas temperaturas que se registran en los barrios del centro, siempre más de un grado y medio por encima de la media, seguirán manteniendo su tendencia al alza. Al menos así se desprende de El clima urbano de Zaragoza una reciente publicación de la Universidad de Zaragoza en la que los expertos constata como la ciudad "es capaz de modificar el clima" a escala autonómica generando diferentes áreas de calor en cada barrio.

La obra evidencia que las características constructivas de cada distrito o la mayor o menor cantidad de zonas verdes, así como la existencia de superficies permeables a la humedad marcan las principales diferencias en los termómetros en los diferentes distritos urbanos. "En situaciones atmosféricas concretas, puede haber diferencias de hasta seis o siete grados entre la periferia urbanizada y el interior de la ciudad", asegura el investigador del Instituto de Ciencias Ambientales Miguel Ángel Saz.

La publicación se centra en las mediciones que en los últimos años han tomado desde el grupo de investigación Clima, Agua, Cambio Global y Sistemas Naturales, así como otros centros públicos. "Ya en los años 90 se hicieron algunos trabajos sobre el clima urbano de Zaragoza, y desde los 2000 se está trabajando de forma más o menos sistematizada. Además, desde el año 2015 contamos con una red de observatorios propia dentro de la ciudad que, hora a hora, mide la temperatura y la humedad relativa del aire en más de 20 puntos", resumen.

Estos datos son los que han permitido constatar empíricamente una sensación que tienen todos los zaragozanos: en promedio, la temperatura media del centro de Zaragoza es 1,6 grados superior a la de la periferia urbanizada. "A este valor local hay que sumarle el incremento global condicionado por el propio cambio climático, que muestra una tendencia positiva en toda España y en gran parte del planeta", advierte Saz.

Desde la Universidad de Zaragoza precisan que el fenómeno afecta fundamentalmente a las temperaturas mínimas, no tanto a las máximas, puesto que durante las horas de más calor, las máximas del aire son muy similares dentro y fuera de la ciudad. "Los barrios del centro se enfrían mucho más despacio que la periferia no urbanizada por lo que en estos casos podemos registrar mínimas entre tres y cuatro grados por encima de lo normal", considera.

Este fenómeno es especialmente significativo cuando se habla de noches en medio de las olas de calor, con sus noches tropicales (aquellas en las que la temperatura no baja de los 20 grados) y sus noches tórridas (cuando el termómetro no baja de los 25). "En los anteriores veranos hemos detectado que, mientras en el aeropuerto de Zaragoza no se había registrado ninguna noche tórrida, ciertos sectores de la ciudad ya acumulaban entre 15 y 20 madrugadas sin bajar de los 25, llegando a registrar hasta mercurios marcando 32 grados", dicen.

La obra, coordinada por el catedrático de Geografía Jose María Cuadrats, constata tras analizar las series recabadas que las zonas más críticas son el centro (en el entorno de la calle San Pablo hacia la plaza de Toros) y los barrios tradicionales con alta densidad de edificación como Delicias, Las Fuentes o algunas áreas de San José. "El tipo de construcción y la escasez de zonas verdes elevan las temperaturas, en estas áreas los edificios absorben radiación durante el día y la liberan lentamente por la noche, calentando la atmósfera local de forma más acusada que en los espacios con vegetación y humedad, donde el descenso térmico es perceptible incluso paseando, sin necesidad de un termómetro", manifiesta Saz.

Plazas duras

En una semana de ola de calor como la que se está viviendo, la salida del libro puede ser un toque de atención a la hora de evaluar el urbanismo metropolitano. "Queremos que la gente conozca el comportamiento térmico de su ciudad y que plasmar esa percepción en el papel sirva para confirmarla", indica al considerar que existen medios para revertir la situación. "No debemos seguir apostando por plazas duras ni por reformas de avenidas que solo buscan introducir más coches y asfalto, en este momento todavía es posible otra ciudad, y el clima y el cambio climático deben ser ejes transversales en la planificación", destacan.

Para mitigar el incremento térmico urbano, en algunas ciudades del entorno ya se han puesto en marcha medidas aisladas orientadas a la modificación del asfalto y el aumento del arbolado. No obstante, los seis expertos que firman la publicación señalan que la solución estructural radica en la edificación, promoviendo normativas que exijan un aislamiento adecuado y ventilación cruzada en las viviendas. "Este factor es clave para abordar la pobreza energética, un concepto que ya no solo se vincula a la calefacción en invierno, sino también a la refrigeración en verano, dado que el coste técnico y económico de enfriar un inmueble es superior al de calentarlo", inciden.

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