TRAGEDIA EN AMÉRICA LATINA
Inquietud y lágrimas en la comunidad venezolana en Zaragoza: "Queremos ayudar, pero muchos se aprovechan del dolor de los demás"
La comunidad migrante en Zaragoza busca canalizar ayuda efectiva tras el devastador terremoto que ha afectado a sus familiares y allegados en Venezuela

Miguel Ángel Gracia

La parroquia de Cristo Rey en el barrio de Las Fuentes de Zaragoza recibe todos los jueves a los fieles migrantes del distrito en una sesión de asesoría y acompañamiento. Allí comparten sus pesares, sus inquietudes y necesidades. Esta semana el encuentro ha estado marcado por una noticia que se actualiza cada hora en un trágico recuento de muertos. El terremoto en Venezuela ha sacudido a los migrantes que se encuentran en la capital aragonesa, que entre lágrimas e inquietud tratan de conocer el destino de las personas desaparecidas y buscar formas de canalizar ayuda. "Lo importante es que los que están allí nos digan qué necesitan, pues no sirve de nada enviar cosas para que no lleguen: muchos maleantes se aprovechan del dolor de los demás", indica Araceli Alvareño, originaria de una región de una región poco afectada y por ahora con toda su familia a salvo.
Del estado de Mérida llegó hace tres meses a Zaragoza, acompañada de su hija, Victoria de la Cruz. "La situación ya no era sostenible, con días continuos sin luz ni agua", explican. En la voz transmite el miedo y las dudas en su primera visita a la reunión parroquial. "Dos compañeros del lugar donde estamos viviendo nos hablaron de este lugar, y hoy nos tocaba venir, y la verdad es que esto es un golpe doble. Por un lado, está el impacto psicológico tan fuerte de haber migrado y dejarlo todo atrás. Por el otro, el dolor de saber que, además de haberlo dejado, ahora se ha perdido todavía más", considera.
Al frente de la parroquia se encuentra el sacerdote Samuel Pérez, nacido en Caracas. La madrugada de este jueves ha sido dramática para los residentes venezolanos aragoneses, tratando de conocer el estado de sus vecinos y familiares. "He podido hablar con ellos y me han dicho que no han dormido por el terror", explica. Por ahora se han notificado al menos 188 muertos y 1520 heridos, según los últimos datos. "Las familias se han ido desplazando a las plazas de las zonas más afectadas, pues nos comunican que sigue habiendo réplicas y un gran temor a que las estructuras dañadas se derriben", indica.
Ahora se piensa especialmente en la forma de canalizar ayudas. "Queremos organizar algo que sea factible, voluntad e iniciativas podemos tener muchas, pero que realmente nos aseguren que llegan donde se necesitan es mucho más complicado", afirma. En su opinión el país en este momento "no está preparado para reaccionar ante lo que ha sucedido". Además, las imágenes que se han conocido dan a entender que los daños son más profundos que los que se han contado por el momento.
Sin luz ni agua
Ámbar Ascano colabora con la parroquia en la atención a los migrantes. Su madre, Carmen Flores, está todavía en Venezuela y reside en la zona de Coche en pleno Caracas, afectada por los movimientos de tierra. A través de una videollamada informa a los presentes en la reunión de la situación a la que tienen que hacer frente. "Está todo muy dañado, nos han dicho que no nos movamos mucho, no hay gente por las calles, hemos ido a comprar velas y no se encuentran por ningún lado", manifiesta ante la preocupación por los abastecimientos.
La incertidumbre por el terremoto, en el caso de Alvareño y su hija, se suma al proceso regulatorio en el que se acaban de embarcar. "Nosotras somos las primeras migrantes de la familia y acabamos de hacer una solicitud de asilo de la que no sabemos nada, ahora nos toca esperar: yo estaba esta mañana haciendo los trámites para el instituto de mi hija y nos han informado de esta desgracia, ha sido un desplome total", confirma.
El sentimiento de rabia e impotencia es enorme. "Aunque nosotras somos más hacia la cordillera andina, más hacia Colombia, cuando te dicen que esto sucedió en tu país es como cuando a un amigo tuyo se le muere un familiar, tú también sientes ese dolor", manifiestan.
Pérez cuenta el caso de otro sacerdote venezolano en Aragón que el propio miércoles estuvo a punto de tomar un vuelo de regreso para ver a sus familiares y que se ha quedado en el aeropuerto de Barajas tras la cancelación de su vuelo. "Sus familiares, gracias a dios, también están bien", indica.
Ahora la preocupación general de la comunidad también está en cómo se gestionará la reconstrucción en un país dañado previamente por la situación de carencia económica que arrastran. "Nuestro mayor temor son las consecuencias sanitarias", advierte Pérez. "Realmente estamos en una situación de emergencia", destaca.
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