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Nuevo intento para reabrir y sacar del olvido los antiguos quioscos de prensa del paseo Independencia, en Zaragoza

El ayuntamiento permitirá la venta de alimentos y bebidas pero siempre que sea para llevar y cuando no se cocinen in situ

El Ayuntamiento de Zaragoza busca reabrir los quioscos de Independencia

JAVIER RÍO

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

El Ayuntamiento de Zaragoza vuelve a intentarlo. Cinco años después de la primera y fracasada tentativa, el consistorio ha vuelto a licitar la gestión y ocupación de hasta once antiguos quioscos que en la actualidad están cerrados o en desuso, muchos de los cuales fueron puntos de venta de periódicos en el pasado. De los once, quizá los más simbólicos sean los cinco del paseo Independencia, que llevan algunos mucho tiempo cerrados y degradando el aspecto del corazón mismo de la capital aragonesa.

En esta ocasión, el consistorio ha dejado más abierto el modelo de negocio para cada uno de los quioscos y serán los propios licitadores los que ofrezcan un tipo de tienda para cada uno de los puestos, aunque también hay excepciones en la lista. De los once, por ejemplo, dos quioscos deben destinarse a la venta de flores: son el de la plaza Salamero (que ya albergó durante unos meses una pequeña floristería) y uno de los situados a las puertas del cementerio de Torrero.

En la actualidad los quioscos están llenos de pintadas.

En la actualidad los quioscos están llenos de pintadas. / JAVIER RÍO

El resto, aunque con salvedades, pueden dedicarse a distintos usos, sobre los cuales el ayuntamiento hace una serie de propuestas. El problema en la vez anterior en la que se intentaron adjudicar estos quioscos es que el consistorio limitó mucho las opciones para cada puesto, estableciendo de antemano qué debía vender cada caseta. En el paseo Independencia, por ejemplo, el área de Servicios Públicos, entonces en manos de la actual alcaldesa, Natalia Chueca, previó que hubiera incluso churrerías, una opción que, una vez se adjudicaron los contratos, chocó de frente con la normativa municipal en materia de salidas de humos, motivo por el cual los técnicos de Urbanismo denegaron la licencia de funcionamiento a este puesto una vez se habían ejecutado las obras.

Se permitirá la venta de vinos y todo tipo de bebidas si se dispensan en un envase cerrado

Ahora, en los pliegos de este nuevo concurso se explicita que se permite el comercio al por menor de productos alimenticios "siempre que no requieran elaboración, cocinado, fritura, ni instalaciones de combustión". Asimismo, se permite la venta de "vinos y bebidas de todas las clases siempre y cuando se proporcionen en su correspondiente envase cerrado", al igual que los servicios de "cafetería y bocatería", que serán "exclusivamente para llevar" e, insisten las condiciones impuestas por el consistorio, "siempre que se desarrollen sin cocina".

Es decir, se podrán vender alimentos previamente cocinados para garantizar que el impacto ambiental de los quioscos es nulo y que no se conviertan en chimeneas humeantes en mitad del paseo Independencia. Una vez aclarado esto, el ayuntamiento da libertad a los licitadores para definir sus propios proyectos, por lo que los empresarios o autónomos que presenten ofertas "disponen de libertad para elegir la actividad principal a desarrollar".

No obstante, el consistorio incorpora en los pliegos un listado de actividades "con carácter orientativo" que sirven a modo de ejemplo. Entre las opciones que valora el ayuntamiento está la venta de libros y periódicos y productos culturales, como obra gráfica y pinturas, artículos coleccionables, juguetes, flores, alimentos y bebidas para llevar y dulces, entre otros. Asimismo, se prevé también que los quioscos puedan ser utilizados como local auxiliar para el reparto de mercancías, es decir, como almacén, así como puntos de venta de entradas y servicios de reparación de teléfonos móviles, zapatería y relojería.

Los licitadores tendrán que pagar un canon anual al ayuntamiento que se fijará en el proceso de licitación en función de las ofertas presentadas pero que se ha preestablecido dentro de unos mínimos que oscilan entre los 700 euros y los 3.600 euros. Asimismo, el ayuntamiento ha introducido cláusulas en los pliegos para intentar evitar que la concentración de la gestión de los quioscos en pocas manos. Así, un único licitador podrá explotar un máximo de tres puestos o seis en caso excepcional si no hay más ofertas viables encima de la mesa para evitar que el contrato se declare desierto.

Uno de los quioscos del paseo Independencia, cerrado desde hace años.

Uno de los quioscos del paseo Independencia, cerrado desde hace años. / JAVIER RIO

Los adjudicatarios tendrán que hacerse cargo también de las obras de puesta a punto de los quioscos, algunos de los cuales se encuentran llenos de pintadas y con cristales rotos. En algunos casos, estas reparaciones pueden llegar a costar varios miles de euros según las estimaciones previas realizadas por los propios técnicos municipales.

En concreto, los once quioscos que se licitan son el del paseo Independencia, 8, frente al Stradivarius; el de paseo Independencia,11, frente a El Corte Inglés (que no podrá dedicarse a la venta de alimentos); el de la plaza San Francisco; en de la plaza Paraíso junto al edificio de Capitanía; el de paseo Independencia, 33, frente a la sede de Correos; el de la glorieta Sasera (Cañones); en paseo Independencia, 30, frente a la nueva tienda de Primor (que tampoco podrá venderse alimentos); el de paseo Pamplona 25; uno de los que hay en la entrada del cementerio; el de la plaza San Pedro Nolasco (tampoco podrá vender alimentos); y el de la plaza Salamero, que deberá dedicarse a la venta de flores.

Los quioscos que sí vendan alimentos serán en todo caso para llevar y nunca podrán consumirse en el propio establecimiento, por lo que no podrán contar con terrazas ni veladores.

Primer intento

Fue en septiembre de 2021 cuando se adjudicaron los contratos para reabrir los quioscos de Independencia. Los planes del área de Servicios Públicos eran que el puesto del número 11, frente a El Corte Inglés, se convirtiera en una churrería. El segundo de los mencionados estaba pensado para reabrir como una tienda de  artículos de artesanía, obras de autor, flores y cactus. Y el tercero, el del número 8, estaba previsto que vendiera frutos secos. Fueron todos adjudicados a un mismo empresario que nunca abrió ante la imposibilidad de conseguir la licencia para abrir.

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