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Urbanismo

El chalé de lujo en el centro de Zaragoza que fue juzgado y acabará convertido en oficinas

La sede del antiguo Tribunal de Menores, en la calle Lagasca, se convertirá en la Cámara de Cuentas

El chalé de lujo en el centro de Zaragoza que fue juzgado y acabará convertido en oficinas

LAURA TRIVES

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Dentro parece que se ha congelado el tiempo. Al menos hasta hace poco todavía colgaban de las paredes de este chalé los calendarios que utilizaban los funcionarios que en 2013 abandonaron un edificio que llevaba utilizándose con fines administrativos desde los años 50 del siglo pasado. En origen, la que fue la sede del Tribunal de Menores, situada en la calle Lagasca de Zaragoza, se diseñó como vivienda para una acaudalada familia zaragozana. Ahora se convertirá en el hogar de la Cámara de Cuentas de Aragón, la institución que fiscaliza al resto de organismos públicos de la comunidad .

Esta casa de tres plantas, que bien podría estar en un pueblo de los Alpes por su diseño, está situado en uno de los entornos de Zaragoza que acumulan más edificios catalogados fuera del Casco Histórico de la ciudad. Lleva vacío desde 2013, cuando salió de allí la sede del Tribunal Tutelar de Menores en Aragón para irse a la Expo, y por fin el Gobierno de Aragón, propietario del inmueble, ha encontrado un uso devolverlo a la vida.

El edificio, originalmente, se construyó para servir como casa –mansión– de un rico señor de Zaragoza. En 1957, el Estado la adquirió para convertirla en la sede de la Junta Tutelar de Menores. En 1987 cambió de manos y pasó a ser propiedad del Gobierno de Aragón y el Ejecutivo autonómico, cuando recibió las competencias en materia de Justicia, reconvirtió el edificio en el Tribunal Tutelar de Menores. No obstante, desde un inicio se demostró que el chalet no estaba adaptado para los usos que se le habían dado. No era funcional ni accesible, por lo que en 2013 los funcionarios y el tribunal se mudaron hasta el Edificio Fueros de Aragón de la Ciudad de la Justicia, en el recinto de la Expo.

Sala de reconocimientos que queda todavía dentro de la casa.

Sala de reconocimientos que queda todavía dentro de la casa. / LAURA TRIVES

Pero en el interior del inmueble, que está protegido por su interés arquitectónico, por lo que no puede reformarse sin conservar ciertos elementos, se mantienen componentes y estancias que sirven de testigo de lo que un día fue. En los sótanos, donde estaban las dependencias policiales, unas sillas se acumulan en un cuarto que sirve de antesala a uno de esos espacios que todo el mundo ha visto en las películas pero que casi nadie ha pisado nunca: una habitación en la que hacer ruedas de reconocimiento.

Por una puerta se accede a sala en la que las personas debían intentar reconocer a los presuntos malhechores. Y por otro acceso accedían los presuntos delincuentes que eran visibles para la víctima a través de un cristal con espejo. En las paredes siguen marcadas las líneas con las distintas cotas de altura que servían para determinar cuánto medían los cacos. Y todo a escasos metros de El Corte Inglés en pleno centro de Zaragoza.

Un toguero y parqué desgastado

En la primera planta estaba la sala de vistas, instalada en una zona acristalada que tuvo que acondicionarse para evitar que el juez y los juzgados tiritaran de frío o se asaran de calor. Allí ya no queda nada más que el parqué desgastado en las zonas en las que rozaban las patas de las sillas.

En esta primera planta sobrevive también un cuartito repleto de armarios que no era otra cosa que un toguero, es decir, una habitación en la que los jueces guardaban sus togas. Eso sí, el juez decano tenía uno propio al que se accedía directamente por su despacho, que también sigue allí anclado en el tiempo. Bien podría servir como escenario para la grabación de series de época mientras espera a recibir nuevos inquilinos. En este espacio, una bonita vidriera y un suelo de madera no demasiado bien conservado son elementos que dan cuenta del lujo que inundaba una casa cuando era eso, una casa.

Interior del antiguo Tribunal de Menores.

Interior del antiguo Tribunal de Menores. / LAURA TRIVES

Eso sí, no resulta demasiado cómodo moverse entre las plantas. Las únicas escaleras que conectan los tres pisos son accesibles desde fuera del edificio, aunque hay un truco: en el que era el despacho del secretario judicial hay un armario en el que se esconde una puerta camuflada que permite acceder a la caja de escaleras.

En varias de las habitaciones ahora vacías quedan vestigios del antiguo uso del edificio. En las paredes de casi todos los cuartos hay cajas fuertes. La bandera de España que ondeaba en el balcón está dentro guardada y enrollada. Los radiadores de fundición dan cuenta de la edad y el lujo de la construcción. Y lo más perturbador es una mirilla que permite, a través de una habitación, observar lo que está ocurriendo en la de al lado.

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