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La plaza predilecta de Zaragoza que fue un día una iglesia

San Pedro Nolasco es uno de los rincones de moda en la capital de Aragón y esconde una historia plagada de cambios urbanísticos

Así era la plaza en los años 20 del siglo pasado.

Así era la plaza en los años 20 del siglo pasado. / Gran archivo Zaragoza Antigua

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Es sin duda uno de los enclaves favoritos por los zaragozanos para tomar algo en el Casco Histórico de Zaragoza. La plaza de San Pedro Nolasco es uno de los pocos rincones del corazón de la ciudad con sombra producida por árboles de gran porte, unos ejemplares que refrescan el ambiente solo con mirarlos junto a una fuente de lámina que convierten el lugar en un sitio agradable dentro de la selva de asfalto que es todo centro de una urbe.

La plaza, colonizada eso sí por las terrazas de los bares (demasiadas, según algunos vecinos), luce igual desde su última reforma. El entorno fue remodelado, en abril de 1990, por el arquitecto municipal que fue también autor de la transformación de la plaza del Pilar. Entonces se recuperó para el peatón la mayor parte del espacio, se movió el monumento de los hermanos Argensola a un lateral para liberar el centro y se mantuvieron los árboles existentes, además de plantar unos nuevos.

Ese aspecto estuvo cerca de cambiar hace pocos años, en el mandato anterior con Jorge Azcón al frente de la alcaldía de Zaragoza. Entonces se anunció la reforma de la plaza San Pedro Nolasco, lo que provocó un revuelo entre los vecinos y los hosteleros por miedo a que las obras perjudicaran a sus negocios y por temor al resultado de la remodelación.

Se habló de reducir el tamaño de la fuente y de incluir zonas de juegos infantiles, pero finalmente se optó por meter el proyecto en un cajón y olvidarse al comprobar que no existía ni unanimidad ni necesidad de transformar radicalmente el aspecto del entorno.

Sí que se comprometió entonces el consistorio a realizar algunos retoques y reparaciones puntuales en algunos puntos degradados. Pero estos no han llegado aún a todos los desperfectos.

Este proyecto, después olvidado y que iba a costar 800.000 euros, no hubiera sido sino un nuevo paso en la historia de una plaza que un día no lo fue. Lo que hoy es la plaza de San Pedro Nolasco estaba ocupada en tiempos por una manzana de viviendas en la que también había una iglesia, la parroquia de San Lorenzo, santo que da nombre a una de las calles que circunvalan el entorno precisamente debido a la existencia, en el pasado, de un templo con esa advocación.

La Iglesia de San Lorenzo antes de ser derribada, que ocupaba el espacio central de la plaza.

La Iglesia de San Lorenzo antes de ser derribada, que ocupaba el espacio central de la plaza. / El Periódico de Aragón

Fue en 1868 cuando la iglesia se derribó, dejando lugar para una plaza en la que primeramente se iba a levantar un mercado. Durante mucho tiempo a la plaza se le conoció como de San Lorenzo, pese a que allí estaba también la iglesia de San Pedro Nolasco, que también desapareció. Hacia los años 20 el espacio ya estaba urbanizado y contaba con árboles y una jardinera central que aportaba mucho verde.

Los templos referidos, por cierto, no fueron los únicos que desaparecieron en el entorno. Cerca estaban la iglesia de San Pedro, en lo que hoy es el cruce de Don Jaime con Méndez Núñez y la de San Juan el Viejo, que acabó conociéndose como de San Pedro y San Juan cuando se desacralizó la primera de estas dos parroquias y la segunda absorbió a sus fieles. De ahí el nombre de la calle que va desde la calle Refugio hasta Nolasco.

Esta iglesia, modesta en sus formas, tenía sin embargo una de las torres mudéjares más bonitas de Zaragoza, lo que no le sirvió para evitar su derribo. Es más, estaba considerada la quinta gran torre mudéjar de la ciudad, tras la Magdalena, San Miguel, San Pablo, y San Gil. Fue demolida integralmente en los años 60, como otros tantos edificios patrimoniales en Zaragoza, para levantar viviendas, unos pisos que hoy rodean la plaza.

A lo largo del siglo XX la desaparición de estos edificios no fue el único cambio relevante en la plaza. En 1942 se finalizó la construcción de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, el templo que hoy guarda los tesoros del Rosario de Cristal. En 1981 se abandonó el colegio del Pilar de los Maristas, al que se accedía por San Vicente de Paúl, y cuyo patio daba a la plaza. En el 86 se habilitó un instituto y fue después cuando se levantó en ese solar una de las sedes administrativas del Gobierno de Aragón, que hoy alberga la consejería de Agricultura.

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